Critica el matrimonio homosexual y dice que
Europa solo tendrá un "rumbo seguro" si valora sus raíces
cristianas
CIUDAD DEL VATICANO, 30/03/2006 (EUROPA PRESS)
El Papa Benedicto XVI defendió hoy el derecho de las comunidades
religiosas a intervernir en el debate público sin que ello represente una
"intolerancia", porque sólo pretende "iluminar las
conciencias" y defender principios "que no son negociables"
como la protección de la vida y la familia.
Según informó el Vaticano, durante
una audiencia concedida a un grupo de eurodiputados del Partido Popular
Europeo (PPE), el Pontífice dijo además que Europa "será capaz de
dar un rumbo seguro a las opciones de sus ciudadanos y de sus pueblos si
valora sus raíces cristianas".
El Papa valoró que "cuando las Iglesias o comunidades eclesiásticas
intervienen en el debate público, expresando reservas o recordando una
serie principios, esto no constituye una forma de intolerancia o una
interferencia, ya que tales intervenciones apuntan únicamente a iluminar
las conciencias".
En este sentido, precisó que las intervenciones de la Iglesia católica
se centran en "la protección y la promoción de la dignidad de la
persona", y que ello exigía una "atención particular hacia los
principios que no son negociables". Entre ellos, citó la protección
de la vida en todas sus etapas y el reconocimiento y la promoción de la
estructura natural de la familia, como una unión entre un hombre y una
mujer basada en el matrimonio".
En este sentido, criticó los matrimonios homosexuales al decir que las
"tentativas" de hacer el matrimonio "jurídicamente
equivalente con formas radicalmente diferente de unión" contribuyen
a la "desestabilización" de esta institución, "oscureciendo
su carácter particular y su irremplazable papel social, y la protección
del derecho de los padres a educar a sus hijos".
El Papa ofreció un discurso a los parlamentarios coincidiendo con unas
Jornadas de Estudio sobre Europa organizadas por el PPE. Al comienzo,
Benedicto XVI recordó la atención que los pontífices han dedicado
siempre a Europa y valoró que la audiencia de hoy se inscribía "en
la larga serie de reuniones entre mis precursores y los movimientos políticos
de inspiración cristiana".
El Santo Padre citó después las complejas cuestiones que debe
afrontar Europa en la actualidad, como "la ampliación y el
desarrollo del proceso de integración europea, la definición cada vez más
exacta de la política de vecindad dentro de la Unión y el debate sobre
su modelo social", indicando que para lograr estos objetivos, resulta
importante "inspirarse con fidelidad creativa en la herencia
cristiana que ha dado una aportación fundamental a la identidad europea".
"Europa será capaz de dar un rumbo seguro a las opciones de sus
ciudadanos y de sus pueblos si valora sus raíces cristianas. Así
reforzará su conciencia de pertenecer a una civilización común y
alimentará el compromiso de afrontar los retos del presente para lograr
un futuro mejor", consideró.
RELEGAR LA RELIGION A LO PRIVADO
El apoyo al patrimonio cristiano, observó Benedicto XVI, puede
contribuir además a la "derrota de una cultura claramente difusa en
Europa, que relega a la esfera privada y subjetiva la manifestación de
las propias convicciones religiosas".
"Las políticas basadas en este supuesto no sólo implican el
rechazo del papel público del cristianismo, generalmente excluyen además
el reconocimiento de la tradición religiosa de Europa, que es tan clara,
a pesar de sus variaciones confesionales, lo que entraña una amenaza para
la misma democracia, cuya fuerza depende de los valores que promueve",
afirmó.
En su opinión, "oponerse a estos valores e ignorarlos, en vez de
dialogar con ellos, sería un signo de inmadurez, cuando no de debilidad.
En este contexto, hay que reconocer la existencia de una cierta
intransigencia secular que es enemiga de la tolerancia y de una sana
concepción secular del Estado y de la sociedad".
A continuación, Benedicto XVI se felicitó por el hecho de que el
tratado constitucional de la Unión Europea prevea "una relación
estructurada y continua con las comunidades religiosas, reconociendo su
identidad y su contribución específica", y mostró su confianza en
que "la puesta en práctica eficaz y correcta de esta relación
comience ahora, con la cooperación de todos los movimientos políticos,
independientemente de las alineaciones de partido".