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Bush y Bin Laden se
sacan un problema de encima
Por Jim Lobe
WASHINGTON, 08/06/2006 (IPS) - El presidente de Estados Unidos, George
W. Bush, tuvo buenas noticias desde Iraq después de mucho tiempo: la
muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda en ese país y la
designación de los ministros de seguridad del nuevo gobierno.
Pero, a pesar de la violenta muerte de Abu Musab Al-Zarqawi el jueves, la
insurgencia seguirá, pues la mayor parte del movimiento contra la ocupación
de Iraq rechazaba su liderazgo.
Tampoco terminará el terrorismo. La mayoría de los expertos en la
materia consideran que Zarqawi rivalizaba con el líder de Al Qaeda, Osama
Bin Laden. Pero Washington lo pintaba como el líder de la insurgencia y
como dirigente consolidado de la red terrorista.
La muerte de Zarqawi y la designación de los ministros iraquíes de
Interior, Defensa y Seguridad podrían reforzar --temporalmente, al menos--
el bajo índice de aprobación que marcan las encuestas para el gobierno
de Bush.
Sin embargo, a Washington y sus aliados aún les queda una aguda cuesta
por remontar para ganar la confianza del público y acabar con la
violencia entre comunidades religiosas del país del Golfo, que amenaza
con desatar una guerra civil.
"La muerte de Zarqawi puede ayudar a reducir la tensión religiosa,
pues era el principal promotor de la ideología anti-chiita y lanzaba
ataques" contra esa comunidad musulmana, la mayoritaria en Iraq, dijo
Joost Hiltermann, experto en asuntos iraquíes de International Crisis
Group (ICG), que reside en Ammán.
Pero la animadversión entre chiitas y sunitas no acabó aún, "y su
legado es muy fuerte en Iraq", agregó Hiltermann en una entrevista
telefónica. "Será muy difícil poner de nuevo el líquido dentro de
la botella." En una rápida aparición en el rosedal de la Casa
Blanca este jueves, Bush se abstuvo de triunfalismos. La muerte de Zarqawi,
dijo, "es un severo golpe a Al Qaeda" y "una victoria en la
guerra global contra el terrorismo", si bien no necesariamente afecta
la dinámica establecida.
"Debemos suponer que los terroristas e insurgentes seguirán adelante
sin él", dijo. "Debemos suponer que la violencia continuará."
"Nos esperan días difíciles en Iraq, que necesitan de la paciencia
permanente del pueblo estadounidense", indicó.
Pero los acontecimientos del jueves en Bagdad, incluido el aval
parlamentario a los ministros de Interior, Defensa y Seguridad Nacional
del gabinete del primer ministro Nouri Maliki, rompió la ola de malas
noticias que socavaba la paciencia de los estadounidenses en torno de la
presencia de sus tropas en Iraq.
En las noticias sobre Iraq de las últimas semanas, predominaron los
informes sobre brutales asesinatos por odio religioso que contribuyeron a
aumentar enormemente la cantidad de cadáveres --muchos de ellos
decapitados-- en la morgue de Bagdad respecto del año pasado.
A ese panorama se agregó investigación de una aparente masacre de dos
docenas de civiles en el pueblo sunita de Haditha en noviembre pasado a
manos de infantes de marina (marines) de Estados Unidos, así como su
intento de encubrimiento.
Por otra parte, el primer ministro Maliki no logró consenso dentro de su
"gobierno de unidad nacional", seis meses después de las
elecciones parlamentarias, para nombrar a los tres ministros clave para la
seguridad.
Esto también se sumó a la creciente convicción en el Congreso
legislativo estadounidense, tanto entre sus miembros del gobernante
Partido Republicanos como entre los del opositor Demócrata, en el que el
gobierno gasta casi dos mil millones de dólares semanales en una causa
perdida.
Con este telón de fondo, las noticias del jueves fueron realmente muy
buenas para el gobierno de Estados Unidos y quienes lo apoyan.
El anuncio de la muerte de Zarqawi, indicó Victor Davis Hanson,
historiador neoconservador del centro académico Hoover Institution y
venerado por el vicepresidente Dick Cheney "agrega al sentido a la
coyuntura" marcada por el nombramiento de los tres ministros".
"Además, aplaca, aunque sea por unos días, la obsesión de los
medios de comunicación con Haditha", agregó Davis Hanson.
Una de sus tareas principales del nuevo gobierno iraquí deberá ser
acercarse a la población sunita --33 por ciento de los 24 millones de
habitantes-- de modo de incluirla en el proceso político, y reformar la
constitución para que atienda los intereses de esa comunidad.
Maliki tiene planes de liberar una gran cantidad de prisioneros sunitas y
para reprimir a las milicias chiitas en la meridional ciudad de Basora y
en todo el país.
El general sunita Abdul Qadir Obeidi encabezará el Ministerio de Defensa,
y los chiitas Jawas Bulani y Shirwan Waili los del Interior y Seguridad
Nacional.
Los sunitas han manifestado gran preocupación por la dirección del
Ministerio del Interior, al que consideran infiltrado por milicias chiitas
y escuadrones de la muerte.
A pesar de la difícil concordia política alcanzada por los líderes de
las dos comunidades, la información sobre Iraq en los medios
internacional ha estado dominada en las últimas semanas por los violentos
choques entre chiitas y sunitas y por la masacre de Haditha.
Mientras, la muerte de Zarqawi dominó el panorama informativo este jueves.
El líder de Al Qaeda en Iraq fue alcanzado por un ataque aéreo de
Estados Unidos en una casa cerca de la localidad de Baquba el miércoles
de noche.
El combatiente islámico nacido en Jordania era objeto de horrorizada
fascinación de los medios de comunicación desde que participó en el vídeo
que mostraba la decapitación del rehén estadounidense Nicholas Berg.
Pero tenía dificultades para mantener el liderazgo. Según diversas
versiones, la relación de Zarqawi con el líder mundial de Al Qaeda,
Osama bin Laden, y los insurgentes sunitas iraquíes era más bien áspera.
El gobierno de Bush aseguraba que Zarqawi había sido enviado a Bagdad por
Al Qaeda en las vísperas de la invasión estadounidense de marzo de 2003.
Pero la mayoría de los expertos en terrorismo consideran que era un
operador independiente de Bin Laden, que ya entonces rivalizaba con él
por el liderazgo del movimiento transnacional islámista, aun cuando a
fines de 2004 rebautizó su organización como Al Qaeda en Mesopotamia.
"Ésa era una especie de marca que combinaba con todo. Estados Unidos
sobreestimó la importancia" de Zarqawi en el ambiente islamista,
observó Juan Cole, director de la Asociación de Estudios sobre Medio
Oriente de Estados Unidos (MESA) en su muy consultado blog.
Zarqawi era, por lejos, el más brutal de los "combatientes
extranjeros" que se dirigieron a Iraq a combatir la invasión, y un
gran promotor de atentados suicidas.
En parte, sus diferencias con Bin Laden se originan en su inclinación por
los atentados contra objetivos chiitas para desatar una guerra civil --el
líder mundial de Al Qaeda cultiva una ideología panislámica y la
concordia entre corrientes religiosas musulmanas--, así como la crueldad
de sus métodos.
Pero su crueldad lo convirtió en un símbolo de la resistencia a la
ocupación estadounidense, que exageró su rol con la intención de
desacreditar así a toda la insurgencia iraquí.
De todos modos, como observó el experto en asuntos de Medio Oriente del
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales Anthony Cordesman,
"la insurgencia es por lejos mucho más compleja y robusta" de
lo que la pinta Washington.
En un informe que circuló reservadamente este jueves, Cordesman consideró
que la muerte de Zarqawi era "una gran victoria política y de
propaganda", pero acotó que su impacto será "limitado" en
buena parte de los insurgentes, que eran abiertamente hostiles al líder
islamista.
Hiltermann coincidió en que Zarqawi nunca fue el elemento central de la
insurgencia sunita. "Siempre fue un poco 'outsider'", dijo a IPS.
"Tenía los bolsillos llenos y algunos ataques de película, pero no
representaba lo que la insurgencia iraquí quiere."
Al mismo tiempo, Cordesman observó que su muerte debilita a Al Qaeda en
Mesopotamia, pero podría, de hecho, fortalecer al la insurgencia por la
eliminación de una fuente de divisiones.
"Existe cierto riesgo, al menos, de que su muerte permita ampliar su
base a lo que queda de la insurgencia", consideró.
Por su parte, Nir Rosen, experto en movimientos árabes islamistas de la
New America Foundation, dijo que la muerte de Zarqawi "no importa
dentro de Iraq, pues la guerra civil continuará como si tal cosa".
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