Chiitas en Iraq por
la autonomía del sur
Por Mohammed A. Salih
ARBIL, Iraq, 07/08/2006 (IPS) - La comunidad chiita,
mayoritaria en Iraq, ejerce presión para consagrar la autonomía de la
región meridional del país, tras el fracaso del gobierno en alcanzar
un acuerdo de reconciliación nacional con insurgentes de esa rama del
Islam.
Se trata de un asunto muy delicado, dadas las posturas políticas cada
vez más radicales de Irán, una república islámica chiita, y del
partido libanés prosirio y proiraní Hezbolá, hoy en el centro de un
violento conflicto con Israel.
"El proyecto de reconciliación del primer ministro Nouri al-Maliki
fracasó, pues ninguno de los principales grupos insurgentes ha mostrado
hasta ahora disposición a aceptarlo", dijo a IPS el diputado kurdo
Abdullah Aliawayi.
El propio jefe de gobierno admitió su derrota en una reunión con
representantes de los grandes partidos políticos iraquíes, aseguró
Aliawayi.
El plan de 24 puntos presentado por Maliki en junio incluía una amnistía
a los insurgentes que no hubieran cometido atentados contra la población
civil y un proceso de desarme para las milicias de las diversas
comunidades religiosas y étnicas.
Ninguna de esas ofertas prosperó, y la insurgencia todavía se hace
notar con el estruendo de tiros y bombas que ensordece a la población
de Bagdad y de otras ciudades.
Según fuentes oficiales, en el primer semestre de 2006 murieron 14.000
personas a causa del recrudecimiento de la violencia política y
religiosa.
El embajador británico William Patey, quien acaba de dejar la
representación en Iraq, alertó sobre la creciente posibilidad de una
guerra civil abierta en este país del Golfo, así como de la secesión
de su territorio según las mayorías étnicas y religiosas
predominantes en cada región.
También el general John Abizaid, principal jefe militar estadounidense
para Medio Oriente, advirtió que el estallido de una guerra civil es
inevitable si no se frena la violencia religiosa.
Pero la evaluación de Patey y Abizaid es, más bien, conservadora.
Muchos dirigentes políticos y expertos iraquíes llegan a afirmar que
este país ya está inmerso en una guerra civil.
"Está en curso una guerra civil no declarada", sostuvo
Aliawayi, quien participó en El Cairo en una reunión de representantes
diversas comunidades iraquíes convocada por el gobierno egipcio para
alentar un acuerdo de paz.
"Las visiones de los chiitas y los sunitas sobre el futuro de Iraq
están demasiado alejadas entre sí para que ambos grupos puedan acordar
un programa conjunto", se lamentó.
Sesenta y dos por ciento los 26 millones de iraquíes son chiitas, la
población hegemónica en el sur, mientras en el centro predominan los
sunitas (35 por ciento), el grupo islámico mayoritario en el mundo árabe
y también en el régimen de Saddam Hussein, depuesto por la invasión
que Estados Unidos dirigió en 2003.
En cuanto a la composición étnica de la población iraquí, los árabes
constituyen las tres cuartas partes, mientras los kurdos, la mayoría de
los cuales profesan el Islam sunita, suman 20 por ciento.
La comunidad kurda es mayoritaria en el norte, pese a la campaña de
limpieza étnica implementada en el área por el gobierno de Saddam
Hussein, y goza de una amplia autonomía desde que obtuvo la protección
de la fuerza aérea británica tras la guerra del Golfo (1991).
A medida que surgen nuevas evidencias del fracaso del plan de
reconciliación gubernamental, las organizaciones y dirigentes políticos
chiitas comienzan a presionar para que se le reconozca al sur de Iraq
una autonomía similar a la que ostentan los kurdos en el norte.
El vicepresidente iraquí Adil Abdul-Mahdi dijo en una ceremonia en la
ciudad santa chiita de Najaf a comienzos de agosto que los legisladores
de su comunidad se dedicarán de lleno a plantear el asunto en el
parlamento.
"Queremos continuar con la creación de regiones" autónomas
prevista en la Constitución, dijo Abdul Mahdi. "Someteremos el
proyecto al parlamento en los próximos dos meses."
El gobierno, por otra parte, no ha logrado garantizar la continuidad de
los servicios básicos para la población del sur de Iraq, agregó.
Dirigentes chiitas recuerdan que la Constitución, rechazada por los
sunitas, habilita la creación de regiones federadas. Los políticos
sunitas perciben en la instauración de tales estructuras el preludio de
la secesión.
Mientras, se consolida entre los observadores la percepción de que el
deterioro de la seguridad está vinculado con el reclamo chiita de
autonomía para el sur.
"Las complicaciones políticas, de seguridad y económicas han sido
factores clave para agudizar las demandas de autonomía en el sur",
dijo a IPS el experto en seguridad nacional Najdat Akreyi, del Colegio
de Ciencias Políticas de Arbil.
Si los iraquíes pretenden abortar una guerra civil, el país "no
puede continuar así", advirtió Akreyi.
Para librar al país de la violencia, se requiere un sistema que
reconozca una autonomía más amplia para los diversos grupos étnicos y
religiosos, según el experto.
"El mapa político de Iraq debe ser revisado y rediseñado mediante
la creación de un sistema de confederaciones que confiera gran poder a
entidades chiitas, sunitas y kurdas separadas, que se gobernarían a sí
mismas", sostuvo Akreyi.
Los sunitas, que controlarían desde el centro del país la naciente de
los ríos que irrigan el sur, podrían alcanzar con los chiitas un
acuerdo que prevea el canje de agua por petróleo, agregó.
"Si deseamos impedir un baño de sangre, no debemos tener miedo de
admitir que Iraq no es una entidad sagrada, y que puede ser objeto de
revisiones con el fin de darle estabilidad. Eso se logra a través de
una confederación", dijo.
La desintegración de la antigua Yugoslavia y de la Unión Soviética es
un buen ejemplo que Iraq debería considerar con atención, concluyó.
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