A un año de Katrina, se mostró el lado oscuro de
Estados Unidos

"Nouvelle Orléans",
Postal ca 1850
©
Lincoln
Alayo Bernal/Enkidu
Las contradicciones de la gran potencia sorprendieron a la opinión
internacional Las imágenes de abandono y desesperación en Nueva Orleáns
han mostrado al mundo la cara amarga de Estados Unidos. Con una crueldad
darwiniana, el huracán Katrina ha planteado
dilemas morales sobre el modelo socioeconómico
impulsado por Bush y abierto interrogantes sobre la salud de la nación más
poderosa del mundo País admirable, anhelado por emigrantes, de gente
generosa y amable, Estados Unidos también tiene un perfil negro.
El jazz dejo de sonar en agosto del 2005, el tranvía llamado Deseo no
funciona, los desheredados de Nueva Orleáns piden a gritos ayuda y el
resto del mundo contempla estupefacto el lado oscuro de Estados Unidos de
América, el país mas rico del planeta y objeto de pasiones desatadas, el
que inspira al mismo tiempo más amor y más odio, más admiración y más
desprecio.
Pocos conocen tan bien las contradicciones de la sociedad norteamericana
como los británicos, y en ningún lugar se analizo con tanta objetividad
y agudeza la política de Washington. Pero incluso a orillas del Támesis
ponen los pelos de punta esas imágenes de refugiados hambrientos, bebés
moribundos y cadáveres flotando que hasta ahora se asociaban con el África
sub. sahariana pero no con la
hiperpotencia.
En Nueva Orleáns las víctimas del Katrina fueron los sirvientes,
jardineros y cocineros. Los rifles y pistolas que esos días de agosto
pasado han convertido el pantanal de Nueva Orleans en una ciudad sin ley,
más cerca de Bagdad que de San Francisco.
"Las escenas de anarquía y desesperación que vio el mundo en agosto
del 2005, no corresponden a un país con una renta per. capita de cuarenta
mil dólares, con capacidad para exportar democracia a Oriente Medio y teóricamente
librar dos guerras simultáneas si es necesario".
Lo que ocurrió es que se demostró que hay dos Estados Unidos, el rico y
el pobre, el de esa gran clase media con casa en los suburbios y un par de
coches en el garaje, y el de los negros y latinos olvidados de la mano de
Dios entre las plantaciones de algodón de Alabama y los bayous de
Luisiana. Y olvidados también de los políticos, policías y militares
que abandonaron Nueva Orleáns con los primeros vientos del Katrina y que
luego han tardado días en poder regresar.
Katrina ha mostrado lo peor y lo más injusto de EE. UU., y tal vez sea
cierto que es una superpotencia en declive. Pero el pueblo norteamericano
con sus hispanos, sus negros, sus mestizos, sus chicanos dan lo mejor de sí
mismos en momentos de crisis y una cosa es segura.....
Nueva Orleáns resurgirá
de sus
cenizas, Tennessee Williams y
William Faulkner recobrarán la voz,
en el Café du Monde se venderán de
nuevo buñuelos, los sauces a orillas del
Mississippi dejarán de llorar,
olerá otra vez a jazmín y la trompeta de Louis
Armstrong tocará las notas alegres de What a Wonderful World.
Y pronto se recobrara la
dulzura de Nueva Orleáns