El Precursor es la
estrella
Por Humberto Márquez
CARACAS, 31/08/2006 (IPS) - La imagen grabada en
las pupilas de los venezolanos del hombre que combatió por la
independencia de Estados Unidos, en la Revolución Francesa y en la
gesta americana contra España es el cuadro desde el que los mira, nostálgico,
triste, solo, sobre un camastro, en una celda, cercano al día de su
muerte.

Arturo
Michelena "Miranda en La Carraca"
Francisco de Miranda (1750-1816) revive en el año del
bicentenario de una de sus hazañas, la del 3 de agosto de 1806, cuando
desembarcó en La Vela de Coro, noroeste venezolano, para una fallida
invasión que plantó, por primera vez en América, el tricolor amarillo,
azul y rojo que ideó y todavía usan como bandera Colombia, Ecuador y
Venezuela.
"Miranda en La Carraca", nombre de una prisión gaditana donde
pasó sus últimos años, es un cuadro de 1896 del pintor realista
venezolano Arturo Michelena (1863-1898), reproducido en cientos de
libros escolares y que recoge los últimos días de quien Venezuela le
entregó los títulos de "generalísimo" y Precursor de la
independencia.
Ahora, "Francisco de Miranda" es un filme de Diego Rísquez,
autor en 2001 de "Manuela Sáenz" (la amante quiteña del
libertador Simón Bolívar), estrenada en esta segunda quincena de
agosto con envidiable éxito de taquilla, pues sus 35 copias han llenado
salas y desbancado del primer lugar en venta de boletos a la
hollywoodense "Superman returns (Superman regresa)".
"Mi propósito ha sido sacar a Miranda de esa imagen fija de La
Carraca y mostrarlo, más que como prócer marmóreo o estratega
guerrero, como hombre de carne y hueso en una vida espectacularmente
rica y fascinante", comentó Rísquez a IPS.
Pocas vidas como las de Miranda se prestan, incluso en demasía, para la
novela o el cine, y "encapsularla en 105 minutos plantea desafíos
que, en manos menos diestras, hubiesen hecho naufragar el proyecto",
apuntó el crítico Edgardo Mondolfi, al elogiar el trabajo plástico y
la intensa documentación de Rísquez y del libretista Leonardo Padrón.
Miranda, "el primer criollo universal" según el historiador
José Luis Salcedo Bastardo, nació en Caracas, hijo de un inmigrante
canario, Sebastián de Miranda, quien litigó con blancos de la
aristocracia colonial que le impedían vestirse como capitán español.
Alistado en el ejército, el joven Miranda combate para la corona española
en Marruecos y en Argel, en 1774-1775. En 1781 lucha contra los ingleses
en Pensacola (oeste de Florida) y remonta el río Mississippi con
auxilios para los patriotas estadounidenses.
Vive un año y medio en Estados Unidos y desde entonces bosqueja su
proyecto de independencia para la entonces América española. Entre
1785 y 1789 viaja por Europa, llega a Rusia y se convierte en uno de los
favoritos de la emperatriz Catalina II. La leyenda de que fueron amantes
es un lugar común en Venezuela.
Participa en la Revolución Francesa, toma partido por los girondinos, y
en 1792, ya mariscal de campo, comanda con Charles Dumouriez el ejército
del norte y contribuye a la victoria de Valmy (20 de septiembre) contra
Prusia. Perseguido y preso en medio de las luchas políticas francesas,
se radica en Londres desde 1798.
Su nombre es el único sudamericano que figura en el Arco de Triunfo, de
París.
Prepara para la futura Hispanoamérica libre el proyecto Colombeia o
Colombia (nombre que adoptó entre 1819 y 1829 el Estado formado por las
actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá). En Estados Unidos y
Haití arma la expedición que fracasa en 1806, pero deja la bandera.
A Londres van a buscarle en 1810 quienes en Caracas desconocen la
autoridad española y se suma así a los republicanos que fuerzan la
independencia en julio de 1811, recibiendo luego el mando de las tropas
que se forman para enfrentar a las de la corona.
La joven república cae en 1812, por reveses como la pérdida del fortín
con armas y pólvora confiado al entonces joven coronel Bolívar.
Miranda capitula ante el comandante español Domingo de Monteverde y se
apresta a embarcar para intentar una nueva incursión sobre Venezuela
cuando las condiciones sean más propicias.
El 31 de julio de 1812, patriotas descontentos con la capitulación,
entre ellos Bolívar, arrestan a Miranda, lo encadenan en un fortín del
puerto de La Guaira y desde allí, los españoles que le persiguieron
por décadas lo envían a Puerto Rico y luego a La Carraca, donde muere.
Sus restos fueron a una fosa común.
Miranda fue miembro de la masonería, inspirador de libertadores como el
chileno Bernardo O'Higgins y el propio Bolívar. Hombre de una gran
cultura, escritor de mensajes independentistas --editó en Londres el
periódico "El Colombiano" y en su expedición de 1806 trajo
la primera imprenta a Venezuela-- además de guerrero, amante prolífico
y aventurero.
No sólo estuvo en primera fila de los grandes procesos de su tiempo,
sino que alternó y fue amigo de los personajes de la época, como
George Washington, Bolívar, Napoleón Bonaparte (quien le llamó "Quijote
sin locura"), Danton, Thomas Jefferson, Wellington, Pitt, O'Higgins,
Bello, Catalina…
"Pude haber tomado un solo tramo de su vida, el de la Revolución
Francesa o el de la independencia venezolana, pero quise hacer un filme
que mostrase la envergadura del personaje, sin hacer un documental como
para History Channel (Canal de Historia), sino una versión libre de
este monstruo", dijo Rísquez.
Encarna a Miranda, con una actuación elogiada por la crítica, el actor
venezolano Luis Fernández, acompañado de un reparto de 90 actores y
900 extras, que trabajan entre las licencias poéticas y teatrales que
se toma Rísquez, como colocar a su Miranda de 1,80 metros de estatura
junto a una Catalina II que mide cuatro metros. Algunas escenas impactan
sobremanera a los venezolanos. En una sala del sudeste de clase media de
Caracas, los espectadores más jóvenes y cultos deslizan comentarios
risueños ante el imperfecto inglés que hablan algunos personajes, pero
el silencio avanza, espeso, cuando Miranda es aprehendido por Bolívar
para entregarlo a los españoles.
Es que es una de las dagas clavadas en la memoria histórica de los
venezolanos, que aprenden en la escuela primaria cómo uno de sus íconos
patriotas entrega al otro.
Una escena original y risueña es la de la firma del acta de la
independencia, el 5 de julio de 1811, intensamente promovida por Miranda
y pintada en otros cuadros famosos por Juan Lovera (1776-1841) y Martín
Tovar y Tovar (1827-1901).
Para recrear la escena, el director buscó a figuras de la política y
la cultura en la Venezuela actual, incluso de posiciones políticas
enfrentadas, como el gobernador del oriental estado de Anzoátegui,
Tarek Saab, seguidor del presidente Hugo Chávez, y el caricaturista
opositor Pedro León Zapata.
También intervienen el sociólogo Tulio Hernández, el ex ministro de
Ciencia Carlos Genatios, el antropólogo Alfredo Chacón y el joven
presentador de radio y televisión Luis Chataing. Todos visten como próceres
civiles y militares mientras Rísquez hace de pintor, "como una
especie de testigo o narrador", según explicó.
"La firma del acta fue un episodio en el que se reunieron
diferentes posturas acerca del futuro del naciente país, y la jornada
que agrupó a distintas expresiones políticas y culturales buscó
mostrar el país de todos, en estos tiempos de confrontación, y además
homenajear la unanimidad con la que el parlamento aprobó en 2005 la
nueva Ley de Cine", remató Rísquez.
Estrenado en el "año mirandino", este filme de un millón de
dólares de presupuesto acudirá a festivales internacionales, en tanto
Rísquez estudia hacer una nueva película, esta vez sobre el artista plástico
venezolano Armando Reverón (1889-1954), "el pintor de la luz"
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