La nación bari lucha
por la tierra y contra el carbón
Por Humberto Márquez
CARACAS, 01/10/2006 (IPS) - La nación barí, que
vive en la zona occidental de Venezuela limítrofe con Colombia, entró
de nuevo en conflicto porque reivindica tierras que el Estado quiere
destinar a la explotación de carbón o mantener en manos de ganaderos.
La Sierra de Perijá, que marca parte de la frontera
norte entre los dos países, contiene depósitos de carbón, de los que
se explotan 40 millones de toneladas anuales en las minas colombianas de
Cerrejón y Las Lomas, y unos ocho millones de toneladas por año en la
zona venezolana del río Guasare.
Carbozulia, empresa del Estado venezolano, en asociación con la brasileña
Vale do Rio Doce y la estadounidense Peabody Energy, proyecta ampliar la
producción de la sierra en otros 10 millones de toneladas anuales y
construir dos puertos, uno en el Lago de Maracaibo y otro en el golfo de
Venezuela, para la exportación del mineral.
El conjunto de obras se enmarca en el programa Integración de
Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), impulsado por la naciente
Comunidad Sudamericana de Naciones y defendido con vigor por el
presidente venezolano Hugo Chávez.
Al proyecto carbonífero se han opuesto las naciones indígenas de la
frontera noroeste con Colombia, los wayúu, originarios de la colombiana
península de la Guajira y la etnia más numerosa de Venezuela, con unos
300.000 individuos, y las numéricamente menores yucpa y barí.
En el caso de los barí, "el gobierno prepara una entrega de títulos
de propiedad de tierras sin derogar las concesiones carboníferas ni
rescatar explotaciones ganaderas en los territorios autodemarcados por
ese pueblo indígena", advirtió a IPS el ambientalista Lusbi
Portillo, coordinador de la organización no gubernamental (ONG) Homo et
Natura.
Portillo, quien ha acompañado a los indígenas en decenas de marchas y
reuniones con las autoridades, dijo que técnicos del Ministerio del
Ambiente han incluso pretendido reconocer como tierras indígenas apenas
las viviendas más los conucos (huertos domésticos) que los rodean.
La información de fuentes de la autoridad ambiental es escasa. Un
funcionario de bajo rango del Ministerio del Ambiente y otro de una
comisión de demarcación dijeron a IPS que "la cosa no es como la
pintan", pues "algunos indígenas sí están de acuerdo"
con la demarcación. En tanto que técnicos del nivel medio de jerarquía
respondieron que eso estaba bajo estudio de las comisiones respectivas.
Según estudios de antropólogos e historiadores de Bogotá y Caracas,
el pueblo barí, de la familia lingüística chibcha, se movía en unos
1,6 millones de hectáreas en la Sierra de Perijá y en el área del río
Catatumbo, entre 1.000 y 900 años atrás. Más tarde resistieron
reciamente la colonización española, así como el avance de los
ganaderos y mineros de Colombia y Venezuela durante los siglos XIX y XX.
En la actualidad son unas 4.000 personas en Venezuela y unos pocos
centenares en Colombia. Del lado venezolano viven en la llamada
"pica barí", el extremo más occidental de la geografía
venezolana, extendiéndose sobre unas 800.000 hectáreas entre los ríos
Santa Rosa y Río de Oro, de las cuales reivindican unas 250.000.
Parte de ese territorio es parque nacional, otras zonas son
explotaciones ganaderas y también hay baldíos de propiedad de la Nación.
Los indígenas demandan que se les reconozca como su territorio aquel
que ancestralmente han usado para la caza, pesca, recolección,
agricultura y actividades rituales y de culto de su cosmovisión, indicó
Portillo.
De ser satisfecha esta solicitud, los barí podrían volver a
desplazarse libres de obstáculos. En la actualidad se ven obligados a
desviarse para evitar las haciendas ganaderas, cuyos guardias privados y
armados les impiden el paso y el ejercicio de algunas de sus actividades.
Por ejemplo, el segundo cacique José Marcano de la comunidad Senkae,
vecina de las haciendas de río Negro, dijo a periodistas que "nadie
nos deja pasar por allá. Ya no podemos cazar ni dantas (tapires) ni báquiros
(saínos o pecaríes). Nos acusan de robar ganado. Pero los mismos que
vigilan (guardianes) se roban nuestros animales".
Sobre algunas de esas haciendas, Marcano dijo que "los viejos nos
han contado que hay cadáveres en el potrero (campo de pastoreo) donde
vivíamos antes, que allí hay historia de nuestros muertos, de
persecuciones, de asesinatos. Tenemos cicatrices".
Según Portillo, las comisiones de demarcación del Ministerio del
Ambiente carecen de recursos para comprar las mejoras hechas por los
ganaderos en las haciendas, en el caso de una eventual devolución de
esas tierras a los indígenas.
El coordinador de la ONG Homo et Natura agregó que "es
contradictorio que en un país que se dice en tiempos de revolución, de
lucha contra el latifundio y construcción del socialismo, los barí,
para poder ejercer una de las actividades que les asegura la existencia
y los define como grupo étnico, necesitan el permiso de los guardianes
privados para llegar a sus sitios de caza, religión o cosmovisión".
"Si esto de verdad es un socialismo, tienen que cumplir con
nuestras demandas sobre la demarcación territorial, no pueden
imponerlas, sino permitir que las propias comunidades decidan sobre cuáles
tierras tienen derechos", dijo a periodistas Ignacio Acambío,
cacique de la colectividad Kumanda.
Chávez ha propuesto que a partir de 2007 se hagan reformas legales y
políticas en Venezuela para "avanzar hacia el socialismo del siglo
XXI", una oferta difusa a la que el propio mandatario rehúsa
vincular con modelos teóricos, argumentando que se trata de un proceso
de construcción práctica.
La Ley de Demarcación y Garantía del Hábitat y Tierras de los Pueblos
Indígenas del año 2001 obliga al Estado a consultar con las
comunidades indígenas y a considerar los linderos que éstas señalen
como delimitadores de su territorio.
Los barí de las comunidades Kumanda y Karañakaek hicieron saber a
funcionarios que no asistirán al acto en que Chávez entregará los
primeros títulos de propiedad comunitaria de tierras indígenas,
previsto para el 12 de octubre, fecha tradicionalmente celebrada en
conmemoración de la llegada de los españoles a América, y rebautizada
bajo el gobierno de Chávez como "Día de la Resistencia".
Los indígenas insisten en su exigencia de que se reconozca como su
territorio el autodemarcado, se rescindan las concesiones carboníferas
--que alcanzarían 90.000 hectáreas de la totalidad de las que
reivindican -- y que se compren las mejoras de los ganaderos sobre las
haciendas que los barí usan para prácticas de caza y actividades
propias.
Estas peticiones son apoyadas por las ONG Asociación de Medios
Comunitarios, Libres y Alternativos, y la Sociedad de Amigos de la Gran
Sabana.
Sin embargo, algunos representantes de los indígenas agrupados en la
Asociación Barí de Venezuela habrían firmado un acuerdo con una
comisión gubernamental para la demarcación provisional de sus tierras,
con miras al acto del 12 de octubre, según Homo et Natura. Pero se
ignora el grado de representatividad de los firmantes, e IPS no consiguió
ver el texto de ese acuerdo.
En abril de 2005 y durante el VI Foro Social Mundial, en enero de 2006,
centenares de indígenas wayúu, yucpa y barí se manifestaron en
Caracas contra las concesiones carboníferas, y recordaron palabras de
Chávez en contra de las explotaciones de ese mineral que menoscaban el
ambiente y la cultura de los pueblos indígenas.
Chávez visitó Saimadoyi, territorio barí, el 12 de octubre de 1999, a
pocos meses de asumir su primera Presidencia, y en esa oportunidad afirmó
que "se revisarán las concesiones carboníferas concedidas por los
gobiernos anteriores, y aquellas que amenacen el equilibrio ecológico
serán rescindidas porque no podemos permitir que se destruya la Sierra
de Perijá".
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