Ignorados hasta en
las estadísticas
Por Milagros Salazar
LIMA, 9/10/2006 (IPS) - El presidente de Perú,
Alan García, prometió desarrollar la agricultura y las microempresas
indígenas. Pero un informe de la sociedad civil revela un reto mayor:
nueve millones de aborígenes son cada vez más afectados por industrias
extractivas y carecen de servicios básicos que respeten su identidad.
"Los más pobres, los indocumentados, los más
ignorados en Perú son indígenas", dijo a IPS el jefe del Grupo de
Trabajo sobre Pueblos Indígenas de la Coordinadora Nacional de Derechos
Humanos, Wilfredo Ardito, que elaboró el documento.
Se trata de un informe alternativo sobre el grado de cumplimiento del
Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales en países
independientes, adoptado en 1989 por la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) y en vigor desde 1991, que establece un sistema de
protección especial para las etnias autóctonas y mecanismos de
consulta sobre leyes, proyectos productivos y políticas que las afecten
en su desarrollo y su hábitat.
Este estudio constituye la antesala de un sistema de monitoreo que las
organizaciones no gubernamentales buscan crear con sus pares de América
Latina. De los 17 países que ratificaron el Convenio, 13 son de la región.
Aunque Perú ratificó el Convenio en 1994, nunca ha hecho públicos los
informes periódicos que entrega a la OIT sobre avances o retrocesos en
el cumplimiento del mismo.
Por esta falta de transparencia, más de 16 organizaciones de derechos
humanos y pueblos indígenas llevaron a cabo el documento alternativo,
entregado a la OIT el 29 de septiembre, y que será presentado
oficialmente este martes.
El balance es desalentador. El informe, al que tuvo acceso IPS, señala
que ni siquiera en el último censo nacional, realizado en 2005, el
Instituto Nacional de Estadísticas incorporó variables del componente
étnico y multicultural que permitan actualizar las cifras sobre la
población indígena y sus problemas, a pesar de que lo exigen las
normas vigentes.
"Esta omisión debe subsanarse (…). La falta de precisión de
cifras dificulta la adopción de políticas públicas a favor de los
pueblos indígenas", señala el documento, que busca contrastar la
versión del gobierno con la de la sociedad civil ante la OIT, antes de
que ésta emita recomendaciones.
La última información estadística sobre la población peruana
aborigen data de un censo realizado en 1993, según el cual había
8.793.295 indígenas, de los cuales 97,8 por ciento eras andinos
quechuas, 6,9 por ciento aymaras y 2,1 por ciento amazónicos. Según
esas cifras, los indígenas representan la tercera parte de los
habitantes del país y, pese a ello, aún no se reconoce a la mayoría
sus derechos fundamentales.
El informe señala que el gobierno central ha privilegiado la explotación
de recursos naturales a cargo de empresas privadas antes que la
conservación de un ambiente saludable para estas comunidades y el
respeto a sus territorios ancestrales.
Un caso testigo es el del pueblo achuar sobre el río Corrientes de la
selva norteña del país, en la región de Loreto. Por más de 30 años,
la actividad petrolera allí causó daños en las aguas, la flora y la
fauna.
Inicialmente, hubo allí operaciones de la empresa estadounidense
Occidental Petroleum (Oxy), a partir de los años 70, y en la actualidad
la compañía Pluspetrol Norte, filial del Grupo Pluspetrol de capitales
argentinos, opera en las cuencas altas de los ríos Pastaza, Corrientes
y Tigre.
Según el documento, más de 50 por ciento de los 8.000 habitantes indígenas
de esa zona se ven afectados por la explotación del recurso petrolero.
El estudio cita un informe del Ministerio de Salud, publicado en mayo de
2006, en el que se confirma la existencia de cadmio y plomo en la sangre
de los pobladores, por encima de los límites permitidos, principalmente
en el caso de los niños.
"El petróleo libre o emulsionado que viene con el agua vertida a
los ríos puede producir la destrucción de algas y microorganismos que
sirven de alimento a los peces. La población que se baña en las aguas
contaminadas sufre de erupciones y otras alteraciones de la piel",
asevera el informe alternativo de la Coordinadora Nacional de Derechos
Humanos.
También señala casos en los que los indígenas se ven obligados a
"consumir aguas infectadas por vertidos químicos procedentes de
las actividades de extracción" del hidrocarburo.
Esta situación no es exclusiva de los achuar. De acuerdo con el
Ministerio de Energía y Minas, en el país existen 850 "pasivos
ambientales" mineros ubicados la mayoría en territorios de población
indígena.
Las autoridades de este sector aseveran que los "pasivos" son
los daños ambientales heredados de la vieja minería que operó en Perú
hasta 1993 por la ausencia de normas adecuadas en materia ambiental.
Pero, según el documento, la actual legislación tampoco garantiza que
las empresas respeten el ambiente, pues las exigencias están por debajo
de los estándares internacionales, y no se observa la obligación a la
consulta previa, libre e informada a los pueblos indígenas sobre la
concesión estatal de sus territorios para explotación de recursos
naturales.
"El Estado tiene la obligación de respetar a los pueblos
originarios, su identidad cultural, su cosmovisión y su derecho al
territorio. El gobierno no puede tomar una decisión unilateral",
dijo a IPS el presidente de la comisión de Amazonía y Asuntos Indígenas
del Congreso legislativo, Carlos Cánepa.
El parlamentario viajó el viernes con una comitiva de legisladores a la
zona del río Corrientes donde opera Pluspetrol Norte, para constatar
los daños denunciados.
Cánepa también se comprometió a retomar el postergado debate del
proyecto de Ley General sobre los Pueblos Indígenas, con el propósito
de unificar criterios sobre los derechos de estas comunidades,
reconocidos de manera dispersa y contradictoria en diferentes leyes, así
como incluir los alcances del Convenio 169 de la OIT.
Otro caso que expone la debilidad del concepto integral del territorio
de los pueblos indígenas es la lucha legal de más de 27 años en Puno,
sur andino del país, de los uros, que reclaman la propiedad y soberanía
permanente sobre sus tierras y recursos naturales ubicados en la Reserva
Nacional del Lago Titicaca.
Una ley aprobada en agosto de 2005 sin previa consulta a las comunidades
les quitó por completo dichos derechos sobre sus tierras.
En Perú, las comunidades campesinas y nativas ocupan 55 por ciento de
la superficie agropecuaria, lo cual explica en parte los permanentes
conflictos territoriales a medida que se expanden los proyectos de
explotación de recursos naturales.
Por otra parte, el informe no gubernamental indica que la garantía y
promoción estatal del derecho a la salud de los indígenas debe
llevarse a cabo respetando su identidad y sus tradiciones.
En abril, varias mujeres de la comunidad nativa de Pueblo Nuevo, en la
región amazónica y oriental de Ucayali, denunciaron haber sido
esterilizadas en un centro de salud de la zona sin habérseles informado
previamente sobre la naturaleza y riesgos de la operación.
Como resultado, se produjeron cuatro casos de infecciones vaginales,
pues las mujeres intervenidas regresaron a sus actividades cotidianas
sin conocer los cuidados posoperatorios que debían adoptar. Los
testimonios fueron recogidos por la no gubernamental Asociación Paz y
Esperanza, que tuvo a su cargo la redacción preliminar del informe de
la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.
"El problema de los pueblos indígenas atraviesa todos los sectores
y tiene que ser enfrentado de manera integral debido a su complejidad.
Debe existir una fiscalización permanente al respecto para reportar
casos de vulneración de estos derechos", señaló a IPS uno de los
autores, el abogado Wuillie Ruiz, de la Asociación Paz y Esperanza.
En materia de educación, según el censo de 1993, sólo 2,5 por ciento
de la población indígena mayor de 15 años tuvo oportunidad de acceder
a estudios superiores, y de ella 67,5 por ciento no llegó a concluirlos.
Además de los problemas de cobertura de servicios educativos, el
informe señala muy poco avance en la implantación de una educación
bilingüe e intercultural, así como en la garantía de su calidad.
Un agravante que pesa sobre los indígenas peruanos es el conflicto
armado que se extendió en este país entre 1980 y 2000. Muchas
comunidades perdieron el acceso a la educación al ser expulsadas de sus
territorios o capturadas por la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso.
Entre 1989 y 1993, 15.000 asháninkas y nomatsiguengas fueron obligados
a huir de sus tierras ubicadas en la región de Junín, centro-sur del
país. Unos 5.000 fueron apresados por los senderistas y sobrevivieron
en condiciones de esclavitud, servidumbre y trabajo forzado. Muchos niños
de esas comunidades debieron aprender a manejar armas de fuego para
luchar en las filas de la insurgencia.
El problema parece seguir latente, aunque Sendero Luminoso fue liquidado
casi por completo antes de empezar el nuevo siglo.
Un estudio sobre desplazamiento interno realizado en junio de 2004 por
el Consejo Noruego de Refugiados aseguró que células de Sendero
Luminoso continuaban asesinando y reclutando indígenas en los valles
amazónicos del Alto Huallaga, en el central Huánuco, en Ene (Junín) y
en Apurímac, en el sur. El año pasado, líderes de los pueblos
nomatisiguenga y asháninka reportaron la persistencia de la amenaza
senderista en sus territorios.
"Queremos ayudar a estos pueblos con proyectos nacionales de
agricultura como Sierra Exportadora y de créditos para microempresas.
Nosotros somos conscientes de que tenemos una deuda con la zona sur y la
selva del país", admitió a IPS el presidente ejecutivo del
Instituto Nacional de Desarrollo de Pueblos Andinos, Amazónicos y
Afroperuanos (Indexa), Juan Manuel Figueroa.
Sierra Exportadora es un "proyecto social productivo para atacar la
pobreza en sus raíces", según un artículo firmado por el
presidente García cuando era candidato. Se propone desarrollar cultivos
tradicionales e introducir otros nuevos, que experimentan un auge
exportador, en las zonas serranas entre 2.500 y 4.500 metros de altura
en las que viven unos ocho millones de campesinos, de los cuales seis
millones son muy pobres.
El funcionario sostuvo que plantearía en la próxima reunión del
directorio de Indepa hacer públicos los informes del Estado peruano a
la OIT sobre el Convenio 169.
Fuentes de la oficina de la OIT en Perú informaron a IPS que en los próximos
días harán llegar el informe alternativo a Ginebra, sede central de la
organización multilateral, para que una comisión de expertos analice
la situación de los indígenas peruanos.
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