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El
turismo salvaje devora Machu Pichu
(Mateo
Balín -AIS – RCS- Argenpress 27/10/2006-NII)
Cuentan
con ironía en el pueblo de Aguascalientes, a los pies de Machu Pichu, que
el turismo está logrando lo que los 'invasores españoles' no
consiguieron cinco siglos atrás. Si entonces este símbolo incaico escapó
del fuego conquistador sin aún saber cómo, hasta que en 1911 un ávido
arqueólogo estadounidense dio con su paradero, no ha faltado tiempo para
que esta maravilla visual, patrimonio cultural de la humanidad, ceda sus
privilegios al turismo 'dolarizado' bajo la impávida actitud de
instituciones internacionales (UNESCO) y nacionales (gobierno peruano), amén
de compañías privadas cuyo carácter depredador roza el esperpento.
Ya
puede la UNESCO, agencia de la ONU que preserva el patrimonio considerado
de todos, anunciar, como hizo hace dos años en un mediático informe, el
inexorable daño que sufre; ya puede el Gobierno de Lima, tanto en el
mandato privatizador de Fujimori, como en el del continuista y
decepcionante Toledo, reconocer fallos de gestión cuando ya no hay marcha
atrás; ya pueden clamar al cielo voces independientes y la revista 'New
Scientist' contrastar los peligros; o el Instituto de Prevención de
Desastres de Kioto (Japón) anunciar: 'el Machu Pichu se mueve un centímetro
al día porque yace sobre terrenos volcánicos'.
Se
puede seguir hablando del halo misterioso que encierra, de los secretos
exquisitos que guarda, de la importancia de sus restos arqueológicos o
del ¡corramos a visitarlo! de las agencias turísticas.
Eso
sí, ni palabra de por qué las partes interesadas acordaron limitar la
entrada a menos de mil personas diarias, mientras se duplican o triplican
los visitantes, según fechas y épocas estacionales; o cómo decenas de
microbuses circulan a todo trapo, seis o siete veces al día, ida y vuelta,
por un camino de tierra que zigzaguea el valle hasta quedarse a unos pocos
metros de las ruinas; del polvo y ruido que desprenden y las consecuencias
que ello deriva en el ecosistema - un manantial selvático de 200 clases
de orquídeas y 300 especies de aves -; de por qué el informe de la
UNESCO sobre Machupichu (julio de 2004) carga las tintas en
recomendaciones secundarias - como un mayor control a los mochileros que
recorren por el Camino Inca 64 kilómetros desde Cuzco a Machu Pichu -
olvidando de pleno el verdadero nudo gordiano: el modelo turístico
capitalista devora Machu Pichu.
Beneficios
económicos.
Porque
sobre las virtudes económicas de esta maravilla del mundo mejor ni hablar.
Desde las reiteradas invitaciones a la inversión privada por parte del
presidente Toledo, con foto incluida junto a Kofi Annan, secretario
general de la ONU, a los pies del poblado, hasta el caramelo que supone
para las autoridades limeñas: una exquisitez valorada en 15 millones de
euros anuales. Y sólo con los beneficios de las entradas individuales,
unos 25 euros. A eso hay que añadir otros 80 del tren que recorre
Cuzco-Machu Pichu-Cuzco y cinco euros (sólo ida) del microbús escoba que
sube hasta las ruinas. Más la pernocta si es necesaria.
Los
empresarios limeños dominan una parte de la actividad hostelera de
Aguascalientes, donde se asientan unos 40 establecimientos en un pueblo de
5.000 habitantes, diez veces más que hace una década. La otra porción
la explota el consorcio estadounidense Orient Express y sus modernos
edificios con habitaciones a precio occidental.
Pero
la privatización del 'espacio Machu Pichu' no acaba ahí. Una
subcontratada de la compañía aérea chilena LAN explota la única vía
de acceso al pueblo - la ferroviaria - y el camino de los microbuses. En
una clara muestra de la funesta política que comenzó Fujimory en los
noventa y que no ha hecho sino agudizar la marginación de una población
que vivía del turismo a pequeña escala (venta de productos artesanales,
porteadores, pensiones) y de golpe porrazo ha pasado a mendigar mal que
bien haciendo frente a las subidas del billete ferroviario y comprando
bienes de consumo revalorados. Y lo que es más grave: asistir impotentes
a la agonía de su identidad cultural y gastronómica por el 'fast food' y
el espagueti. 'Me imagino que quieren más visitantes. Es una trampa turística',
reflexiona el periodista chileno Benjamin Labatut tras visitar el 'monumento
más importante de América' por su trascendental significado.
Artesanos
en guerra. El mejor ejemplo de la escabechina que supone este modelo
turístico es la simbólica protesta de los artesanos de Aguascalientes
desde hace semanas. Cada día, unos cien, en su mayoría mujeres, esperan
en las vías del tren la llegada de los cinco convoyes que llegan desde
Cuzco atestados de turistas. Muestran su ira al espectador con gritos y
pancartas contra la empresa que explota el servicio: Perú-Rail, que está
en manos de un conglomerado anglo-chileno. Exigen que cumplan lo pactado y
no demoren ni un segundo más la reconstrucción del puente que una mortífera
riada se comió en abril de 2004.
La
pretensión de los artesanos es avivar las obras para que el tren arribe
en su destino natural, la estación del pueblo, en lugar de la parada
ocasional situada junto al complejo hotelero. Pero este reclamo encierra
otra motivación: poder recuperar las ventas del mercado de artesanía
popular ubicado junto a la parada. En otras palabras, impedir que la porción
de tarta que les proporciona el turismo no se les acaben comiendo los
empresarios hoteleros.
'Se
trata de una metáfora del canibalismo turístico que se aplica en Machu
Pichu, donde sólo se benefician unos pocos', afirma Francisca González,
una joven vendedora ambulante, mientras despacha botellines de agua de una
marca europea a los turistas para refrescar el cuarto de hora que se
tardan en subir en microbús desde Aguascalientes hasta las ruinas de
Machu Pichu.
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