Olmert quiere más
que un rescate
Análisis de Peter Hirschberg
JERUSALÉN, 15/07/2006 (IPS) - El primer ministro de Israel, Ehud
Olmert, apoyado por Estados Unidos, pretende más con su actual ofensiva
militar en Líbano que el rescate de los dos soldados secuestrados por
el movimiento islámico prosirio de origen chiita Hezbolá (Partido de
Dios).
El objetivo real de los bombardeos sobre Beirut parece
ser la consolidación de una nueva zona disuasiva en el sur de Líbano,
controlado actualmente por ese grupo islámico y en la que el gobierno
libanés se resiste a desplegar sus fuerzas de seguridad.
De hecho, el viernes, Olmert le aclaró al secretario general de la
Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que Israel no detendría
su operación en Líbano a menos que se implementara plenamente la
resolución 1559 del Consejo de Seguridad, que llama al Hezbolá a
desarmarse y al ejército libanés a tomar el control en el sur del país..
Un día antes, el ministro de Defensa israelí Amir Peretz ya había
explicado el propósito del bombardeo en el sur de Líbano: impedir que
el Hezbolá regrese a las posiciones que tenía a lo largo de la
frontera antes del ataque del miércoles, en el que secuestró a los dos
soldados y mató a otros ocho.
"Si el gobierno de Líbano no despliega sus fuerzas, como se espera
de un gobierno soberano, no permitiremos que el Hezbolá permanezca en
la frontera con el Estado de Israel", subrayó Peretz, y añadió
que su gobierno estaba "cambiando las reglas de todo el juego".
Más de 80 civiles libaneses han muerto desde el miércoles, cuando
Israel lanzó su ofensiva.
Si Olmert en verdad pretende limitarse a las demandas que planteó a
Annan, entonces su éxito dependerá en gran medida de la capacidad del
público israelí para resistir a los ataques en represalia con misiles
del Hezbolá y de su habilidad para contener la presión internacional
para que detenga los bombardeos, que han obligado la huida de miles de
libaneses a Siria.
Por el momento, el primer ministro cuenta con un gran apoyo público.
Luego de que Israel retiró sus tropas en 2000 de una zona de contención
que había ocupado durante 18 años en el sur libanés, muchos israelíes
vieron al ataque del Hezbolá como una violación a su soberanía que
debía ser severamente castigada.
Pero Olmert no podrá mantener a los habitantes del norte israelí en
sus refugios antibombas por mucho tiempo. El Hezbolá lanza
constantemente misiles contra las ciudades septentrionales, donde han
muerto hasta ahora cuatro personas.
Hasta la tarde del viernes, el Hezbolá había disparado unos 200
cohetes contra 30 localidades e hiriendo a decenas de personas. El
conflicto detuvo todo turismo en el norte israelí y, de continuar, es
seguro que los residentes comenzarán a trasladarse a otras zonas.
La estrategia de Olmert parece haberse fortalecido luego de que un misil
del Hezbolá golpeó Haifa, la tercera ciudad más importante de Israel.
En respuesta, aviones israelíes lanzaron panfletos sobre Beirut
aconsejando a los residentes abandonar las áreas donde vivían y
operaban miembros del Hezbolá. Varias horas después, fue bombardeado
el baluarte del movimiento islámico en el sur de la capital.
El viernes por la noche, Israel también atacó la residencia del jefe
del grupo armado, Hassan Nasrallah, quien sin embargo salió ileso y
declaró una "guerra abierta" a Israel.
Nasrallah amenazó con atacar "más allá de Haifa" y señaló
que su grupo había disparado contra un barco israelí en la costa
libanesa, y que se hundiría con "cientos de soldados sionistas".
La cadena de televisión panárabe Al Jazeera informó que cuatro
marinos israelíes estaban desaparecidos, en tanto el ejército de
Israel confirmó que uno de sus barcos había sido atacado.
Mientras, crecen las críticas internacionales a la ofensiva de Olmert.
El presidente de Francia, Jacques Chirac, afirmó el viernes que se
trataba de una respuesta "completamente desproporcionada" al
ataque del Hezbolá, y se preguntó si no había "un deseo de
destruir Líbano".
La Unión Europea condenó "la pérdida de vidas civiles y la
destrucción de infraestructura civil" en Líbano.
Pero Olmert cuenta con el fuerte respaldo del presidente de Estados
Unidos, George W. Bush, quien sostuvo que el ataque del Hezbolá fue un
intento "patético" de descarrilar el proceso de paz en Medio
Oriente.
El portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, dijo el viernes que Bush no
presionaría a Olmert para que detuviera su ofensiva en Líbano.
"El presidente no va a tomar decisiones militares por Israel",
subrayó.
No obstante, la administración Bush teme que la operación israelí en
Líbano acabe con la posibilidad de establecer un nuevo gobierno
prooccidental en Beirut, sobre todo tras el fin de la presencia militar
siria del territorio libanés después de casi 30 años.
Es probable que Israel pida la creación de una zona de contención en
el sur de Líbano a cambio de detener su ataque, pero no de iguales
características a la ocupación que mantuvo de esa zona hasta 2000.
Funcionarios de Israel son reticentes a repetir experiencia, en la que
el Hezbolá causó bajas constantes en sus fuerzas militares. Hasta
ahora, los ataques israelíes en Líbano han sido realizados casi por
completo desde el aire, y algunos desde mar.
Es poco probable que el gobierno libanés se comprometa a desarmar al
Hezbolá y a enviar sus fuerzas al sur del país. La historia no está
de lado de Olmert. Beirut hasta ahora ha sido débil e incapaz de
imponer su voluntad al movimiento islámico.
Además, los ataques israelíes sólo han incrementado la popularidad
del grupo armado entre la población libanesa.
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