Ofensiva israelí en
Líbano pone en dilema a Bush
Análisis de Jim Lobe
WASHINGTON, 13 jul (IPS) - La sorpresiva apertura en Líbano de un
nuevo frente en la última campaña de Israel contra grupos armados islámicos,
a la par de la ofensiva militar en Gaza, presenta para el presidente de
Estados Unidos, George W. Bush, una disyuntiva que hasta ahora había
preferido ignorar.
La duda que surge de inmediato es si Bush preferirá
mantener su fuerte respaldo a las acciones militares lanzadas por el
primer ministro israelí Ehud Olmert o iniciar gestiones diplomáticas
para impedir el agravamiento de la situación y poner fin a la violencia.
Olmert ordenó una ofensiva militar terrestre y aérea contra el sur de
Líbano en respuesta a un ataque el miércoles por parte de combatientes
del movimiento islámico prosirio de origen chiita Hezbolá (Partido de
Dios), en el que secuestraron a dos soldados israelíes.
El operativo incluye un bloqueo marítimo y aéreo, además de una serie
de incursiones que hasta ahora han dejado por lo menos 40 muertos.
Lo que está en juego es mucho, y eso quedó claro no sólo por la
decisión de Olmert de enviar al ejército israelí a Líbano por
primera vez desde el repliegue de ese país en 2000, sino también por
la declaración de la Casa Blanca emitida el miércoles, en la que
prometió hacer a Siria e Irán, por su apoyo al Hezbolá, "responsables
del ataque y de la subsiguiente violencia".
"Esto es potencialmente muy peligroso", dijo en entrevista
telefónica con IPS el politólogo Bassel Saloukh, de la Universidad
Libanesa Estadounidense en Beirut.
"Si los estadounidenses usan esto para legitimar un ataque contra
Irán o Siria, entonces creo que la situación tendrá devastadoras
consecuencias", alertó.
En las últimas dos semanas, Washington apoyó las operaciones militares
israelíes en Gaza, incluyendo la destrucción de una central energética
que había sido financiada por Estados Unidos y otros objetivos de
infraestructura, en lo que hasta ahora ha sido un intento fallido para
presionar al Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) para que libere
al cabo israelí Gilad Shalit, secuestrado el 25 de junio.
Estas operaciones, en las que han muerto más de 50 palestinos y un
soldado israelí, empeoró la ya delicada situación humanitaria en
Gaza.
Varios países árabes y organizaciones defensoras de los derechos
humanos calificaron esta ofensiva de desproporcionado acto de "castigo
colectivo" contra la población civil.
Mientras el gobierno de Bush exhortaba a todas las partes a actuar con
moderación, reiteró su apoyo a la demanda de Israel por la liberación
de su soldado y su rechazo a los llamados del Hamas a un cese del fuego
y a una negociación por intercambio de prisioneros. Esto le ha dado a
Olmert una virtual carta blanca para proseguir con su ofensiva.
"La combinación de nuestra desvinculación diplomática, nuestra
decisión de culpar a Siria y a Irán, y de darle luz verde a Irán
enardeció a toda la región", sostuvo el analista Clay Swisher, un
experto en Medio Oriente que trabajó para el Departamento de Estado (cancillería)
estadounidense, y quien acaba de regresar de Líbano.
El líder del Hezbolá, jeque Hassan Nasrallah, anunció en conferencia
de prensa que el grupo estaba dispuesto a entregar a los dos cautivos,
así como gestionar la liberación del cabo secuestrado por Hamas, a
cambio de que Israel dejara en libertad a cientos de prisioneros
palestinos y libaneses en sus cárceles.
"Si el enemigo israelí quiere una escalada de violencia, ya
estamos dispuestos para la confrontación", alertó.
Por su parte, Olmert declaró que sus ataques eran "un acto de
guerra", mientras que el jefe de Estado Mayor de las fuerzas israelíes,
Dan Halutz, amenazó con "retroceder el reloj de Líbano 20 años"
si el Hezbolá no liberaba a los uniformados.
El analista Michael Hudson, experto en Líbano de la Universidad de
Georgetown, señaló que el Hezbolá realizó el ataque en estos
momentos para aprovechar el malestar en la región por la campaña
militar israelí en Gaza y el apoyo de Bush, además de la deteriorada
situación en Iraq.
"El Hezbolá apareció una vez más en un momento muy oportuno en
la lucha entre palestinos e israelíes. El ataque derivó en una dramática
y significativa escalada de tensión en toda la región, y sin duda
eleva la imagen del Hezbolá en el mundo árabe e islámico",
sostuvo.
Washington, claramente sorprendido por el ataque del Hezbolá del miércoles,
respondió en forma ambigua.
La secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice divulgó un
comunicado desde París en el que acusó al movimiento islámico de
"socavar la estabilidad regional", y llamó a todas las partes
a "actuar con moderación para resolver este incidente en forma pacífica
y proteger las vidas inocentes y las infraestructuras civiles".
Además, señaló que "Siria tiene el deber especial de usar su
influencia (en el Hezbolá) para promover una salida positiva" a la
crisis.
Horas más tarde, un portavoz de la Casa Blanca divulgó otro comunicado
calificando a Damasco y a Teherán de "responsables" del
ataque y de sus consecuencias.
Las dos declaraciones reflejan el dilema en que se encuentra la
administración Bush: si tratar la crisis como algo que puede resolverse
en forma diplomática y mediando entre las partes con la ayuda de
Damasco, o como parte de una confrontación regional que tiene a Estados
Unidos y a Israel por un lado, y a Siria, Irán y los grupos armados islámicos
por el otro.
En este último escenario, un más amplio conflicto regional sería la
consecuencia más probable.
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