La hora de la
diplomacia
Por Peter Hirschberg
JERUSALÉN, 18/07/2006(IPS) - La intervención
internacional se perfila como una de las mejores opciones para detener
la espiral de violencia que tiene como protagonistas a Israel y al libanés
Partido de Dios (Hezbolá).
La primera iniciativa --aunque, por cierto, no la última--
fue formulada el lunes por el primer ministro británico Tony Blair y el
secretario general de la ONU, Kofi Annan, y consiste en el despliegue de
una fuerza internacional en el sur de Líbano.
Blair dijo, ante la cumbre del Grupo de los Ocho (G-8) países más
poderosos del mundo, concluida este lunes en la ciudad rusa de San
Petersburgo, que ése era el único modo de acabar con la crisis.
"La dura realidad es que esta violencia no acabará a menos que
creemos las condiciones para que cese. El único modo es desplegar
fuerzas internacionales que detengan el bombardeo hacia Israel",
sostuvo el gobernante británico.
Mientras la Unión Europea (UE) puso todo su peso político en pos de la
iniciativa, Estados Unidos, que apoya con fuerza la ofensiva israelí en
Líbano, mostró poco entusiasmo.
Mientras, el gobierno de Ehud Olmert se apresuró a rechazarla.
Funcionarios israelíes consideraron que era demasiado pronto para
pensarlo, y luego agregaron que la única fuerza que aceptarían en el
sur de Líbano, bastión de Hezbolá, era el propio ejército libanés.
Olmert confirmó esa postura el martes, cuando opinó que los "titulares"
de la iniciativa "suenan bien", pero que la experiencia israelí
ha demostrado que "la idea carece de toda base". "Quiero
ser cauteloso al respecto. Me parece demasiado temprano para discutirlo",
agregó.
Funcionarios israelíes creen que con un Hezbolá suficientemente
debilitado, el ejército libanés podrá ejercer su control en el sur
del país.
También mostraron preocupación de que el despliegue de una fuerza
internacional sea percibido como una concesión, con soldados de otros
países poniendo sus vidas en peligro para proteger a Israel.
En su primera intervención pública desde el inicio del intercambio de
artillería, Olmert mencionó las condiciones israelíes para el cese
del fuego, entre ellas el desarme de Hezbolá y el despliegue del ejército
libanés en la frontera, ya establecido en la resolución 1.559 del
Consejo de Seguridad de la ONU.
También exigió la liberación de los dos soldados israelíes
secuestrados por la milicia islámica en un ataque a una patrulla
fronteriza la semana pasada y que dejó ocho militares muertos.
"Nuestros enemigos desafiaron la soberanía del estado de Israel y
la paz de sus ciudadanos, primero en el sur y luego en la frontera
septentrional y más adentro del territorio", dijo Olmert a los
legisladores en el Knesset (parlamento).
"Nuestros enemigos se equivocaron al pensar que nuestra disposición
a contenernos era una señal de debilidad", agregó.
De todos modos, al procurar el sometimiento de Hezbolá por medio de
bombardeos, Israel podría crear en Líbano una situación que socavaría
sus metas.
La creciente cantidad de bajas civiles --más de 200 libaneses murieron
en bombardeos israelíes-- podrían llevar a la ciudadanía de ese país
de mayoría musulmana a apoyar a Hezbolá y debilitar al nuevo gobierno.
Pero el gobierno israelí insiste en que no aceptará la situación
preexistente en la frontera septentrional en las vísperas del
intercambio de fuego, cuando combatientes de Hezbolá tomaron posiciones
e Irán y Siria suministraron miles de misiles de largo alcance a la
organización con total libertad.
El diario israelí Haarez informó este martes que el gobierno de Olmert
exigirá un proceso de desarme que impida a Hezbolá recuperar su
capacidad militar una vez que acabe el conflicto.
El ministro de Defensa israelí Amir Peretz, líder del
centroizquierdista Partido Laborista, dijo el lunes que el ejército
acondicionaba una franja de terreno de un kilómetro de ancho del lado
libanés de la frontera para impedir que los combatientes islámicos se
acercaran.
Pero los propios líderes políticos israelíes, que temen que la
organización chiita aproveche un cese del fuego para rearmarse, no
creen que una franja tan estrecha sea suficiente.
Eso no impedirá a Hezbolá desplegar misiles de largo alcance y cohetes
Katyusha desde otras áreas del terreno libanés. "Israel no
aceptará vivir a la sombra de la amenaza con misiles a sus ciudadanos",
advirtió Olmert.
Doce civiles israelíes murieron y más de 100 resultaron heridos por
los ataques de Hezbolá. El peor golpe fue el domingo, en el
septentrional puerto de Haifa, la tercera ciudad israelí, con 270.000
habitantes, y en la que la organización usó por primera vez sus
misiles de largo alcance.
Ocho trabajadores en un edificio de la compañía ferroviaria murieron
cuando un cohete de manufactura siria atravesó el techo.
Hezbolá disparó un millar de cohetes desde el inicio del conflicto,
algunos de los cuales impactaron en ciudades al sur de Haifa, a unos 50
kilómetros de la frontera.
Expertos militares alertaron que los cohetes iraníes Zilzal pueden
alcanzar Tel Aviv y aun más al sur, y que varios de esos proyectiles
fueron destruidos el lunes en un bombardeo israeli sobre Beirut.
Pero esos mismos expertos creen que Hezbolá posee miles de cohetes. La
mitad de ese arsenal resultó destruido por los bombardeos, aseguran.
Con el auge de las gestiones diplomáticas, voceros del gobierno creen
que pronto concluirá el bombardeo en Líbano. Estados Unidos dio un
fuerte respaldo al gobierno de Olmert, pero el presidente George W. Bush
no podrá ignorar por mucho tiempo la presión de Europa.
Según los funcionarios del gobierno israelí, el bombardeo concluirá
para el fin de semana.
La operación goza de gran respaldo del público israelí, y logró una
poco habitual unanimidad judía en el fraccionado Knesset. La excepción
son los legisladores árabes.
Incluso Yossi Beilin, arquitecto de los acuerdos de paz de Oslo que
abrieron paso en 1992 las negociaciones directas entre Israel y la
Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dio su apoyo a la
ofensiva militar.
"Nos retiramos del último centímetro" del sur de Líbano en
2000, área ocupada por Israel durante 15 años, "y Hezbolá se armó",
sostuvo el dirigente.
Pero el propio Beilin alertó que Israel no podrá lograr sus objetivos
en Líbano sólo por la vía militar. "Debemos negociar un cese del
fuego a través de un tercero", propuso.
"Eso no significa que debamos detener la operación, pero tenemos
que alcanzar los objetivos: la liberación de los soldados y el
alejamiento de Hezbolá" de la frontera", sostuvo Beilin.
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