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Vicisitudes
de una Eva, un Adán, una serpiente y un ángel en Amor-didas, de
Antonio González Caballero
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Ciudad
de México, 14 de noviembre de 2006 (© Rubén Fischer/Enkidu):
Lobby del Foro Luces de Bohemia. Mujeres y hombres que fuman
a la espera de que se abra la puerta y pasen a ocupar sus butacas.
Llegan periodistas y reciben sus pases, también actores que buscan
compartir la magia y el nervio de sus amigos. |
Por
ahí aparece Julio Alemán, aquél que fuera galán en cine, teatro
y televisión hace muchos años; no deja de ser conmovedor verlo con su
pelo blanco y su regio porte de señor. Más tarde arriba Odiseo Bichir,
para estar con su hijo José Ángel en su primera presentación en
teatro; se le ve tranquilo, guapo, sencillo, sin toda esa carga que le
anteponen sus trabajos actorales. Los organizadores van y vienen,
nerviosos; anotan cosas, cruzan miradas, abrazos y besos con los
convidados.
Es
tarde de estreno y también siento una urgencia en el estómago, un
nerviosismo antiguo, como si por el simple hecho de estar aquí formara
parte del juego teatral, y así es, porque sin público no habría comunión.
La hora de entrada se retrasa y, como de costumbre en nuestro país,
iniciamos una fila, sin importar quién llegó primero y quién después.
Lo único bueno de esto es que quedo el primero.
¡Por
fin entramos! El espacio es pequeño, pero lo han acondicionado para que
todos podamos sentarnos sin dificultad. Cada quién elige su lugar. Se
anuncian las llamadas a pequeños intervalos de tiempo. Una voz en off
anuncia desde la cabina: “Tercera llamada. Favor de apagar los
celulares y otros objetos electrónicos que puedan interrumpir la
concentración de los actores”. “Eso es lógico”, me digo, pero
es un hecho que las buenas costumbres han cambiado tanto que ahora lo
inusual es encontrar a alguien verdaderamente respetuoso en el cine, el
teatro o la ópera.
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Se
enciende la luz que inicia un ritual donde protagonista y
antagonista danzarán en un juego de poder en que sólo uno verá la
luz. |
Ella
(Beatriz Moreno) yace dormida, y en seguida Él (Martín Soto)
entra a escena. Aquí empieza todo, los dos desencadenarán una sucesión
de acciones que, entre risa y risa, precipitarán a los asistentes a una
cierta angustia disfrazada de complacencia.
La
obra, salida del tintero de González Caballero, toma elementos de
la farsa y los lleva de la mano hasta el teatro del absurdo, el característico
de Eugène Ionesco, donde la incomunicación prevalece y pone en
desventaja a cada uno de los personajes que, enfrentados a su propia
miseria humana, condenados para siempre, no tienen más salida que
regodearse en sí mismos.
Aquí
no es necesario recomponer la trama, pues la intención es provocar a los
lectores asistan a ver la propuesta escénica de Renato de la Riva,
en la que cada uno de los actores contribuye, con su creatividad, a lograr
el tránsito de la narración escrita a la viva del juego escénico, a
través del cuerpo, de la voz, de las miradas, las emociones y los ecos
del recuerdo que cada uno pone de sí en la sucesión de escenas.
A mi
parecer, Beatriz Moreno y Martín Soto hacen una buena
mancuerna, se comunican bien y, en general, tienen buena técnica actoral,
mantienen el ritmo y los in crecendo
necesarios, aunque es cierto que muestran rasgos de la escuela formal de
actuación y quizá les convendría explorar más la parte vivencial,
emocional, para lograr más conexión con el público.
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José
Ángel Bichir,
en su presentación en teatro, ayuda a refrescar la puesta en escena
y revitaliza mucho el trabajo de los actores principales. Es dinámico,
hace buen uso de su expresión corporal, gestual y vocal, que
mantiene a lo largo de la obra, logrando una buena tríada en las
escenas que comparte con Moreno-Soto. |
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En
tanto, Carlos Pérez, quien como actor ha tenido más
incursiones en televisión, teatro y como locutor, logra crear
personajes divertidos y dinámicos, además de atractivos visual y
vocalmente. |
Estimad@s
lector@s, no se pierdan la oportunidad de ver un buen trabajo a nivel de
dramaturgia, dirección, actuación y, sobre todo, algo que les redituará
en risas y reflexión.
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