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Democracia
de dichos o de hechos
Por: José Espina Von Roehrich
Colaboración publicada en las páginas editoriales de la Agencia
Notimex, el Miercoles 8 de Febrero de 2006.
Para la actual contienda electoral el Partido Acción Nacional es el único
partido que eligió a su candidato presidencial de una manera democrática.
En el PRI obligaron a uno de los candidatos a renunciar con una acusación
que no ha sido o no ha querido ser probada. Fue una forma, para algunos
sutil y para otros burda, de eliminar a un candidato que, al menos en las
encuestas, tenía posibilidades de ganar internamente.
Por ello fue que quien mantiene el control de dicho partido, creó una
campaña relámpago y fulminante; la estrategia fue simple: filtrar a los
medios lo que a todas luces parece una clara situación de enriquecimiento
ilícito y de tráfico de influencias.
Tal hecho, en el que el personaje central es un priísta de viejo cuño
y de larga trayectoria en cargos públicos, fue percibido por la ciudadanía
como lo que es, una muestra más de corrupción desmedida.
Porque si la acusación es cierta o el deseo de aclarar el asunto es
honesto, el PRI debería estar exigiendo que la justicia analice el caso
de Montiel para que, si es inocente lo exonere o para que lo condene si es
culpable.
El golpe fue letal. Con él, se mandó un claro mensaje al resto de los
militantes tricolores inquietos por arrebatar la candidatura a su hombre
fuerte. El resultado: todos quietos, firmes y alineados. Es esta la forma
como el PRI entiende y practica la democracia hacia adentro y hacia afuera.
Una democracia de dichos, más no de hechos.
En los hechos, democracia interna significa que todos los actores
jueguen hasta el momento de la elección y que gane el mejor y el más
votado.
Aunque la contienda puede en momentos tornarse áspera, obligar a un
candidato a renunciar a través de la intimidación, el chantaje o la
amenaza en nada contribuye a fortalecer la democracia interna de un
partido; menos aún a la democracia de un país.
Y qué decir del PRD en el que ni siquiera hubo contienda. No se dio un
proceso interno democrático. No se presentaron opciones a los miembros de
ese partido. Se impuso mediáticamente la candidatura de López Obrador y,
contra la práctica de la democracia, él mismo se autoproclamó candidato
presidencial, como en su momento Napoleón Bonaparte se autoproclamó
emperador.
En el PAN, en cambio, tres candidatos contendieron abiertamente y
afanosamente durante más de un mes en tres elecciones para que sus
adherentes y miembros activos votaran y eligieran. Durante ese lapso se
discutieron ideas y se confrontaron enfoques sobre el desarrollo del país;
hubo críticas y ataques, pero siempre prevaleció el respeto, la cordura
y la civilidad. Al final, el electorado votó y eligió a uno de tres.
Al culminar ese proceso, sin diatribas, sin insultos, sin reventar
convenciones ni aventar sillas, los candidatos, miembros y adherentes
derrotados, reconocen la victoria de quien resultó triunfador y, mejor aún,
hacen equipo en torno a él, porque saben que lo que está en juego va
mucho más allá de una candidatura personal.
Con ello, el PAN hoy está más fortalecido. Esta es la manera como un
partido, cualquiera que sea, debe practicar la democracia hacia dentro y
hacia fuera.
Democracia es escoger en nombre y en beneficio de la mayoría. Esa es
la política que nuestro país necesita, una política en la cual la
discusión de las ideas sustituya al insulto y a la manipulación política.
Una democracia en la cual gana el que tiene más votos y los demás acatan
esta decisión y apoyan al ganador.
Con esta manera de practicar la democracia, gana el partido, pero más
gana México. Es la democracia que México necesita, no sólo la de dichos
sino sobre todo de hechos.
joseespina@gppandf.org.mx
Secretario General del PAN y diputado local en la ALDF
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