TODO EL AÑO ES CARNAVAL
Ayer al
final no fui a ver "Capote", puede que vaya a verla hoy. Me
molesta un poco que se centre sólo en los días en que escribió "A
sangre fría" el libro favorito, cuando no el único que leen, de la
crítica o el lector varonil que ningunea, muchas veces, el resto de su
obra. Yo prefiero sus cuentos cortos aunque también reconozco la
importancia de su pionera forma de unir la narrativa con la investigación
periodística.
En
lugar de ir al cine tuve ocasión de pasearme un rato por las calles frías
y húmedas de Burgos y en algunos bares pude ver gente disfrazada. Yo no
me suelo disfrazar, reconozco el valor de la gente que lo hace en el
Febrero nevado de Burgos. Había disfraces de todo tipo, bien o mal
ideados, ingeniosos, típicos, mínimos o provocadores. Pero se repetía,
como todos los años, la presencia creciente, y para mí un tanto ridícula,
de un espécimen particular de disfraz-ado. El macho hetero y viril
disfrazado de "chica" o "mujer". Y digo ridículo no
por ofender ni porque se disfracen cada vez más hombres heterosexuales de
mujer, que ya era hora, sino porque una gran parte de ellos lo hace de un
modo bastante curioso.
El
trabajo sobre el disfraz es mínimo y la apariencia cutre, se disfrazan de
chicas o mujeres sin atractivo según su limitado imaginario de lo
femenino y sobre todo para que veamos claramente, más claramente que el
resto del año, que tras el desenfado y la libertad licenciosa del disfraz,
hay, sigue habiendo, un "hombre como Dios manda". Así se pintan
mal, los ojos y la boca, con un maquillaje excesivo y mal distribuido. Se
ponen unos pechos tan deliberadamente mal diseñados y puestos que se les
caen toda la noche. Y se enfundan unas botas altas con un poco de tacón,
el suficiente para poder andar.
Andar
con tacones no es una empresa tan fácil. Además se añaden un bolsito
ridículo que yo no recuerdo haber visto a casi ninguna mujer. Pero lo
duro del disfraz es la performance que lo acompaña. Aguantan estoicamente
simplones insultos o piropos de sus colegas no disfrazados, o disfrazados
de otra cosa y responden como según no se que manual de arqueología
femenina suponen que respondería una mujer ante esa situación o hacen
algún gesto macho o machista como beberse la cerveza de golpe o lanzar
una viril carcajada. No pretendo que se hayan leído a Butler ni a las
postfeministas pero les recordaría que la masculinidad también tiene un
componente teatral, también puede ser representada y eso es lo que ellos
hacen bien o mal el resto del año, reafirmando y reasegurando.
Para
disfrazarse así de mal y acompañar al disfraz de tan poca gracia en la
gesticulación, pues consideran que al contrario del que se disfraza de
Spiderman o de cura, deben hacer obligatoriamente de vez en cuando una
gesticulación en uno u otro sentido, un gesto exagerado o torpe que les
distancie del disfraz, yo les sugería que se disfrazaran de otra cosa.
Por ejemplo de vaquero, ultima frontera queer de lo macho-salvaje según
el lujososo imaginario hollywodiense. Y jugaran un poco, un poco más que
el resto del año con su masculinidad, exagerándola, negándola o
reconstruyéndola. Porque aunque se ve cada vez más el placer que les
proporcionan estos días para el disfraz del "otro sexo", para
poder pedirles prestada a sus hermanas, novias o amigas la ropa que
estaban a punto de tirar, su femenidad no es desenvuelta sino angustiada y
patética. Y es que para todo disfraz hay que ensayar un poco o dejarse
aconsejar.
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