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Mayoría cingalesa
pierde la paciencia con Noruega
Por Amantha Perera
COLOMBO, 24/03/2006 (IPS) - "Noruegos que conspiran para dividir
Sri Lanka, ¡váyanse!", reza un gran cartel que portan 150 monjes
budistas, de cabeza afeitada y túnicas azafrán, frente a la misión de
Oslo que media en la guerra civil entre el gobierno y los insurgentes
tigres tamiles.
Para despejar cualquier duda, los monjes, integrantes del Frente Nacional
Bhikku (FNB), presentaron a los diplomáticos un memorándum en que reseñan
sus supuestos errores y aseguran que, desde el cese del fuego alcanzado en
febrero de 2002, el proceso de paz ha tenido un sesgo pro-tamil.
La tregua alcanzada por la mediación noruega entre el gobierno srilankés
y los Tigres para la Liberación de la Patria Tamil, detuvo las
hostilidades que se cobraron más de 65.000 vidas en dos décadas de
guerra civil.
Los Tigres tomaron las armas en su afán por lograr un estado autónomo en
el norte y este para la minoría tamil de este país, que constituye la
amplia mayoría de la población en esa zona. Hoy, se inclinan por una
autonomía en el marco de una república federal.
Más de 70 por ciento de los 18 millones de habitantes de Sri Lanka son de
la etnia cingalesa --la mayoría budistas-- y 18 por ciento son tamiles,
cuyos ancestros proceden del sur de India y practican el hinduismo.
Las conversaciones de paz durante el cese del fuego se estancaron en abril
de 2003, y se reanudaron en enero último en Ginebra. La próxima ronda de
diálogo está prevista para el mes próximo, pero los grupos de la mayoría
étnica cingalesa ya manifiestan su insatisfacción.
"No deberíamos ser tan cobardes de mantener a Noruega como
facilitador del proceso de paz mientras continúa cometiendo actos de
traición contra Sri Lanka", dijo el presidente del FNB, venerable
Dhambara Amila Thero.
Esta organización de monjes budistas anunció que mantendría sus
protestas hasta que se atiendan sus demandas.
Pero las manifestaciones de esta semana no alcanzaron la magnitud que en
el pasado, cuando miles de personas se reunieron frente a la embajada de
Noruega y quemaron imágenes del enviado de paz Erik Solheim.
Una de las mayores protestas se registró cuando el gobierno de la ex
presidente Chandrika Kumaratunga acordó participar con los Tigres en un
mecanismo conjunto de distribución de asistencia humanitaria y para la
reconstrucción tras el tsunami del 26 de diciembre de 2004.
Esta semana, cuando ningún funcionario de la misión noruega accedió a
recibir la petición, los manifestantes amenazaron con permanecer en el
lugar por tiempo indeterminado, pero se dispersaron luego de que el
venerable Amila lo ordenó.
La protesta sucedió en un momento difícil para el actual presidente
srilankés, Mahinda Rajapakse. Esta fue la primera protesta antinoruega
desde que asumió el cargo en noviembre, y el FNB tiene vínculos con
partidos políticos que fueron cruciales para su victoria electoral.
Incluso antes que el FNB, el gobernante Movimiento Patriótico Nacional (MPN)
exigió la retirada de la misión noruega.
Wimal Weeravansha, legislador del oficialista Frente de Liberación
Popular (FLP) y portavoz del MPN, reiteró esa posición en un discurso
ante el parlamento poco antes de las negociaciones de Ginebra.
Weeravansha acusó a los noruegos de brindar una bienvenida de alfombra
roja a la delegación tamil que visitó Oslo luego de las deliberaciones
en la ciudad suiza.
El FLP fue clave en el triunfo electoral de Rajapakse y la derrota del
entonces primer ministro Ranil Wickremasinghe, firmante de la tregua de
2002.
Las posiciones de Rajapakse y Wickremasinghe en torno de las negociaciones
con los tamiles eran divergentes. El actual presidente se pronunció por
mantener el sistema unitario, mientras el ex primer ministro apoyaba una
estructura federal.
Rajapakse también prometió renegociar la tregua, la más larga desde que
se inició el conflicto, para revertir las supuestas ventajas que, según
él, habrían sacado los Tigres.
La misión noruega no ha logrado resolver, según sus críticos, el
conflicto entre su rol de facilitador y de controlador de la tregua. Pero
hasta ahora pocos habían pedido el cese total de su mediación.
"El gobierno de Sri Lanka debe desarrollar un proceso de paz
garantizado por varios estados", dijo a IPS el experto en terrorismo
Rohan Runaratna. Pesos pesados de Asia meridional, como India, deberían
jugar un papel más activo en las negociaciones de paz.
Por su parte, los Tigres se han negado a renegociar la tregua o a
considerar cualquier alteración del papel de Oslo.
"Si Noruega es removida como facilitador de la paz, ni los Tigres ni
nadie más lo aceptará. Echar a Noruega es como echar a toda la comunidad
internacional", dijo el líder político de la organización
insurgente, S. P. Tamilselvan.
A pesar de la mucha confianza que tienen en Noruega tanto los Tigres como
la comunidad internacional, los mediadores han sido blanco frecuente de críticas.
Un sueco se hará cargo de dirigir la Misión de Control de Sri Lanka
desde abril y Solheim designó a su segundo. Su postergación fue
celebrada por dirigentes de los partidos representativos de la mayoría
cingalesa.
Solheim admitió en privado que cualquier otra nación u organización
hallaría dificultades para mantener a las dos partes negociando. El
diplomático noruego logró, de hecho, salvar el proceso del colapso en
enero.
El mes anterior, más de 120 personas, entre ellos 80 militares y policías,
fueron asesinados en actos de violencia política en el norte y el este,
bastión de los Tigres.
El primer ministro Rathnasiri Wikremanayake dijo ante el parlamento que,
desde las reuniones en Ginebra, solo ocurrieron 10 muertes en el marco del
enfrentamiento. "Es una buena tendencia y queremos que continúe",
afirmói.
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