El riesgo de tener
los pies sobre la tierra
Por Peter Hirschberg
JERUSALÉN, 22/07/2006 (IPS) - Después de
bombardear Líbano por aire durante nueve días, Israel lanzó, sin
anunciarlo oficialmente, la fase de infantería de la operación militar,
con el ingreso de miles de soldados al sur de su vecino septentrional.
El objetivo del ejército es cazar a combatientes del
libanés y chiita Partido de Dios (Hezbolá) y acabar con sus arsenales,
en especial los cohetes con que atacan territorio israelí.
Las fuerzas armadas israelíes anunciaron este viernes que convocaría a
miles de reservistas, que serían apostados en la frontera con Líbano
así como en la franja de Gaza, donde está en curso otra ofensiva a raíz
de la captura de un soldado por combatientes palestinos a fines de junio.
Los miles de residentes del sur de Líbano que huían este viernes hacia
el norte parecían prever también una invasión israelí por tierra.
El ministro de Defensa y líder del Partido Laborista, Amir Peretz, dio
la primera pista el jueves: el gobierno, dijo, no tiene "la intención
de ocupar Líbano", pero tampoco "de retirarnos de nuestras
medidas militares".
"Si debemos realizar operaciones que requieran operaciones por
todas partes, lo haremos sin vacilar", advirtió.
Pero algunos observadores militares en Israel alertan que esto es lo que
Hezbolá ha estado esperando.
El partido islamista continúa disparando sus cohetes a pesar del duro
bombardeo aéreo, pues pretende que el ejército israelí ingrese en el
montañoso y rocoso territorio libanés, donde, firmemente apostados,
tienen ventaja para combatir una batalla convencional.
Para peor, la dirigencia política israelí está al tanto de que si la
infantería sufre una cantidad importante de bajas en Líbano el apoyo público
a la ofensiva se deshilachará.
La muerte de seis soldados en un combate casi cuerpo a cuerpo en solo 24
horas --entre el miércoles y el jueves-- aumentó el temor israelí por
un eventual enfrentamiento sangriento en tierra con Hezbolá.
Por ahora, la actividad militar se limita a incursiones a través de la
frontera, hasta dos kilómetros dentro de territorio libanés, en las
cuales tropas de elite tratan de descubrir túneles y búnkeres
construidos por Hezbolá para almacenar sus cohetes y misiles.
Los combatientes islámicos salen en ocasiones de sus refugios subterráneos
para disparar sus proyectiles sobre territorio israelí antes de
refugiarse de nuevo, según el ejército.
Con la convocatoria a los reservistas, las fuerzas armadas dejan en
evidencia que planean ampliar sus operaciones por tierra en los próximos
días, aunque altos oficiales insisten en que no tienen como objetivo
ocupar posiciones permanentes dentro de Líbano.
Los soldados convocados, afirman, participarán en las incursiones en
busca de combatientes islámicos y sus arsenales.
"Ésta no es una operación por tierra: es una operación quirúrgica",
dijo el ministro Rafi Eitan, consultado este viernes al respecto. "Cuando
avanzas por tierra, tienes que pagar el costo."
El ex presidente del Consejo de Seguridad Nacional de Israel Giora
Eiland mostró sus dudas. "El precio de un avance por tierra será
alto, su efectividad será muy baja y, por cierto, no podemos decidirla
en estos momentos", dijo Eiland el jueves.
Este es el dilema que afronta hoy el primer ministro Ehud Olmert: si es
incapaz de debilitar significativamente a Hezbolá --una de las metas
declaradas de la operación israelí--, la crisis lo debilitará como
gobernante, y también se debilitará la capacidad disuasiva de este país.
Si los cohetes siguen cayendo sobre Israel a pesar de los ataques aéreos
contra Líbano, Olmert podría sentirse obligado a enviar más y más
tropas de infantería.
Algunos observadores militares creen que si Israel quiere darle un golpe
duro a Hezbolá no puede hacerlo sólo por aire, y que, en última
instancia, deberá enviar a la infantería para neutralizar la amenaza
de los misiles.
Pero otros insisten en que una opeación por tierra es exactamente lo
que quiere Hezbolá.
El veterano experto Ron Ben-Yishai indicó el jueves, en el sitio de
internet Ynet, dijo que emprender la cacería terrestre le sigue el
juego al partido islamista.
"La organización prevé que el ejército envíe sus fuerzas
especiales a cazar misiles katyusha en tierra después de no haber
logrado detener el fuego de cohetes con el ataque aéreo. Es seguro que
los detectores de Hezbolá revelará los movimientos nocturnos de los
comandos israelíes", según Ben-Yishai.
El analista consideró que los combatientes libaneses "instalarán
emboscadas en las áreas donde es seguro que, tarde o temprano, una
partida israelí irá a hacerles una visita", sostuvo.
Ben-Yishai propuso una reducción de la intensidad del bombardeo sobre
Beirut y el mantenimiento de una presencia aérea permanente, de 24
horas diarias, en el sur de Líbano, con el objetivo de golpear las
lanzaderas de cohetes desde el aire.
El "trauma libanés" sigue fresco para los israelíes. Hasta
hace seis años, Israel ocupó un área en el sur de Líbano para
impedir el ingreso de combatientes de Hezbolá. Pero debió retroceder
en mayo de 2000, acosado por los ataques que le ocasionaron centenares
de bajas.
Las encuestas indican que Olmert goza de gran popularidad: 80 por ciento
de los entrevistados por encuestadoras están satisfechos con su labor
de gobierno, y ese porcentaje es mayor aun cuando se trata de la
ofensiva en Líbano.
El objetivo de Israel es debilitar a Hezbolá para que el nuevo gobierno
libanés despliegue sus fuerzas armadas en el sur, como los establece la
resolución 1.599 del Consejo de Seguridad de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU).
Se trata de una meta ambiciosa. Si los combates logran alejar a Hezbolá
de la frontera y lo incapacita para reinstalar sus cohetes en el área,
Olmert habrá alcanzado el éxito.
Pero si los combates cuerpo a cuerpo se intensifican, los cohetes
libaneses siguen cayendo sobre Israel y Olmert atempera sus demandas
iniciales, la ciudadanía israelí comenzará a preguntarse si atacar
fue, en realidad, una buena idea.
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