| El tiempo del cese al fuego
The time to cease fire
Editorial del diario Boston Globe, 21 de julio (Traducción al
castellano © Enkidu): La guerra es el padre [sire] final de
consecuencias involuntarias. Y no hay razón para creer que lo que ha
sido verdadero sobre las guerras pasadas no será verdadero en la actual
guerra en Medio Oriente -un conflicto en donde misiles de Irán y de
Siria son disparados por la milicia libanesa chiita [Shi'ite] Hezbolláh
y que está parando en pueblos de Israel mientras que la fuerza aérea
de Israel tira bombas no solamente sobre posiciones y armas de
Hezbolláh, sino contra la infraestructura de Líbano y sobre la
población civil.
Mientras más pronto sean detenidas las bombas y los cohetes, será
mejor para todos los involucrados. Ahora hay 500,000 personas
desplazadas en Líbano. Hay pueblos en el sur, cristianos y chiitas
musulmánes, donde la población se está encogiendo debido al terror,
sin saber cómo conseguirán leche para sus bebés y medicamentos para
los viejos y los enfermos. Si los dirigentes políticos de Israel creen
que tienen algo para ganar al continuar la campaña del ejército en
Líbano para restablecer la disuasión degradada con que cuenta Israel,
ellos han perdido la pista sobre la necesidad de combinar el uso de la
fuerza militar con el logro de los objetivos políticos.
La represalia de Israel contra Hezbolláh por haber cruzado la
frontera el 12 de julio puede permitir que Israel disuada otras
violaciones a una frontera reconocida internacionalmente durante algún
tiempo por venir. La guerra aérea israelí también podría llevar a un
acuerdo eventual para mantener los puestos y lanzacohetes de Hezbolláh
algunas millas lejos de la frontera. Pero si es así, la devastación
que ya ha visitado Líbano debería ser más que suficiente para lograr
las cosas que son posibles en la restauración de la disuasión perdida.
Israel no puede esperar borrar a Hezbolláh por medio de los
bombardeos persistentes a las ciudades y pueblos de Líbano, a sus
plantas de energía, caminos, puentes, y aeropuertos. Aunque muchos
libaneses resienten de Hezbolláh por usurpar los poderes de hacer la
guerra y la paz, que solamente el gobierno que ha sido electo debería
ejercer, y aunque las comunidades suní [Sunni], drusa [Druze] y
cristiana de Líbano pueden aborrecer el papel de Hezbolláh como una
garra de los regímenes en Teherán y Damasco, las raíces de Hezbolláh
como un movimiento político y religioso están inculcadas muy profundo
en Líbano como para que sea destrozado por las bombas de Israel.
Hay dos razones principales por las cuales Hezbolláh ha ganado la
aceptación, si no el respeto, fuera de la Comunidad Chiíta de Líbano
(aproximadamente 40 % de la población). Lo primero es su reputación de
proveer servicios sociales libres de la corrupción que corrompe otras
facciones libanésas. El segundo es su postura como luchador de
resistencia contra Israel durante la ocupación israelí en Líbano de
1982 a 2000.
Esta realidad política y psicológica no puede ser ignorada y no
desaparecerá sólo con desearlo.
Es un cliché en Israel que el Primer Ministro Ehud Olmert y el
Ministro de Defensa Amir Peretz carecen de la formación militar y de la
autoridad que permitió a Ariel Sharon resistir los argumentos del
reluciente ejército de Israel sobre la necesidad de preservar la
disuasión evitando las concesiones unilaterales. Sin embargo, Olmert y
Peretz ahora necesitan reconocer que una continuación de la campaña de
bombardeo israelí sobre Líbano, en lugar de quitar fuerza a Hezbolláh,
podría tener el efecto último de fortalecerlo.
Los libanéses que no tienen ninguna estima para con los objetivos
políticos y sociales de Hezbolláh están, de manera comprensible,
enfureciendo por el sufrimiento y la destrucción infligidos sobre ellos
por Israel. No importa cuán cuidadosa puede intentar ser la la fuerza
aérea de Israel al escoger e impactar sus objetivos, la reacción
perfectamente normal de los libaneses no combatientes, quienes temen por
sus niños es preguntar por qué, si los israelíes
quieren disuadir a Hezbolláh, sus bombas están creando una
pesadilla para gran parte de la población libanésa.
En lugar de poner a esa población en contra de Hezbolláh, la
prolongación de la guerra aérea amenaza con unir a las distintas
comunidades de todo Líbano en una indignación compartida contra el
país que está matando tantos civiles y que hace añicos tanta de la
infraestructura que ha sido construida desde el fin de la guerra civil
de Líbano. Aunque la mayoría de esas comunidades podrían querer que
Hezbolláh se desarme acorde con la Resolución del Consejo de Seguridad
de la ONU 1559, el gobierno débil de Líbano -que incluye a dos
Ministros de Gabinete provenientes de Hezbolláh- es incapaz de forzar a
las milicias chiítas a desarmarse. Ese gobierno, electo el año pasado
después de un alzamiento pacífico contra la dominación de Siria sobre
Líbano, no puede arriesgarse a provocar otra guerra civil libanésa
ordenando a sus soldados o a su policía a enfrentarse contra los
combatientes de Hezbolláh.
Israel no es indudablemente la única parte sujeta a la ley de las
consecuencias no intencionadas [law of unintended consequences]. El
líder de Hezbolláh, Hassan Nasrallah, así como sus partidarios de
Irán y de Siria, calcularon gravemente mal al iniciar el 12 de julio la
incursión a Israel. Hezbolláh podría sobrevivir, pero vendrá ahora
enfrentará una presión tremenda para retirar sus fuerzas algunas
millas de la frontera reconocida internacionalmente con Israel. También
ha habido un revés para Bashar Assad, el gobernante sirio, quién poco
antes de que la incursión tuvo a Nasrallah informando al Primer
Ministro de Líbano que Hezbolláh guardaría la paz a lo largo de la
frontera con Israel solamente si Assad y su grupo interior garantizaba
que no los procesarían en un tribunal de la ONU por el homicidio del ex
Primer Ministro Libanés Rafik Hariri.
Ahora, Assad podría enfrentar la ira de otros regímenes árabes,
quienes lo ven no simplemente como un chapucero serial, sino como un
aliado cada vez más peligroso de Irán. Su régimen minoritario Alawite
se encuentra en riesgo de ser subvertido por los opositores domésticos
de la mayoría suní de Siria, apoyada por los otros estados árabes. E
Irán puede ser el perdedor más grande de todo, al haber jugado su
tarjeta de Hezbolláh en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
La amenaza de Irán de desencadenar a Hezbolláh tenía la intensión de
disuadir a Estados Unidos y sus aliados de aplicar de demasiada presión
sobre Teherán sobre su programa nuclear. Esa tarjeta también suponía
ser uno de los factores disuasivos contra un ataque de Estados Unidos
contra sitios nucleares en Irán.
Si Hezbolláh ahora es guardado a una distancia segura de la frontera
israelí por una fuerza de estabilización internacional, esto será una
flecha rota en el carcaj de Teherán. Pero para que eso ocurra, los
líderes de Israel deben tener la sabiduría de cesar el fuego ahora,
por su propio acuerdo, antes de que su bombardeo de civiles dentro de
Líbano conduzca a los socios potenciales y neutrales en los brazos de
los enemigos implacables de Israel.
© Copyright 2006 Globe Newspaper Company/Traducción
al castellano © Enkidu
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