|
Calor
de hogar - Vidas unicas
© Por Ruth Merino / rmerino@elnuevodia.com
(Puerto Rico)
"El avance más significativo es
que ya no somos invisibles” (Ramón ‘Tonito’ Zayas)
Arnaldo y Max luchan contracorriente para que el
núcleo familiar que forman con sus dos hijas sea aceptado con respeto y
naturalidad.
„¡Y aquí está mi familia!“, exclama
Maximiliano „Max“ Chárriez mirando hacia Arnaldo Alicea, Yahaira,
de 14 años, y Frances, de 10, (nombres ficticios) quienes están
sentados en la primera fila de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana
Cristo Sanador, en Río Piedras, en este domingo de julio.
Las dos jovencitas sonríen con algo de timidez y
Arnaldo se levanta para estrechar la mano de la visitante. Hay un
asiento vacío al lado de Max reservado para la invitada. La música,
acompañada de un alegre batir de palmas, es contagiosa.
Después del sermón, la reverenda Margarita Sánchez
invita a Arnaldo, Max y a las nenas a pasar al frente. Hace apenas unos
días que Arnaldo y Max celebraron su tercer aniversario y ella bendice
a los cuatro y les desea que su hogar siga siendo „un oasis de paz, un
oasis de amor“.
En esta iglesia, fundada hace 38 años en Estados
Unidos por un pastor expulsado de la suya por ser homosexual, la familia
Alicea Chárriez (denominada así por estricto orden alfabético ya que
ninguna tradición o ley determina actualmente qué apellido debe
escribirse primero) sólo recibe cariño y aceptación de parte de los
feligreses, en su mayoría homosexuales.
Fuera de esas paredes, sin embargo, Max dice que
teme el rechazo de parte de algunos sectores por ser homosexuales que
viven fuera del clóset y reclaman el derecho a formar una familia poco
convencional. Arnaldo, viudo desde hace 7 años, es el padre de Yahaira
y Frances, quienes se graduaron con excelentes notas del noveno y del
sexto grado, respectivamente.
„Toda mi juventud me mantuve en el clóset...
La presión social que yo sentía era muy fuerte y decidí lo
tradicional... El típico gay que quiere tener hijos, casarse y tratar
de mantener una vida que dice la sociedad que es normal“, cuenta.
Fue un buen amigo de su esposa por más de una década
antes de casarse con ella. „Nos queríamos mucho y yo le fui
totalmente fiel. Cuando falleció, me vi solo con las nenas y me fui a
vivir con mami, que hacía poco era viuda... Y, pues, no se puede
escapar de la realidad de lo que uno es, y entonces fui poco a poco
saliendo, aunque técnicamente en el mismo clóset hasta que este hombre
maravilloso llega a mi vida y me confronta“.
El „hombre maravilloso“ es Max, de 37 años,
quien está sentado a su lado en el cómodo apartamento ríopedrense de
la familia. Cuatro años después de enviudar, Arnaldo empezó a salir
con él. Pronto se dieron cuenta de sus sentimientos, pero Max, quien es
activista en pro de los derechos de los homosexuales, le dijo: „Es
imposible para mí tener una relación con alguien que esté en el clóset“.
Max tenía 17 años cuando le reveló a su
familia que era gay. „Lloramos, peleamos, pero se pasó por el proceso
y todos sobrevivimos... A Arnaldo lo tratan como a un hijo. Ellos no
tienen nietos y las nenas les dicen ‚abuelos’... Y la mamá de
Arnaldo ha sido una experiencia maravillosa, maravillosa“, dice.
Arnaldo, hoy de 46 años, le dijo a su mamá la
verdad hace apenas tres. „Le preocupaban mucho las nenas. Me decía:
‚Yo sé que tú estás bien, pero ¿y las nenas?’“, cuenta.
Ambos afirman que la actitud de Yahaira y Frances
ha hecho posible su unión. Ellas han aceptado a Max como a un padre más.
Para distinguirlos los llaman Pi-Uno (Arnaldo) y Pi-Dos (Max) y Papi
Naldo y Papi Max. A veces dicen simplemente „Papi“ y si contesta el
que no están buscando, aclaran: „¡El otro!“. Ven en Max un aliado.
„El es más alcahuete con ellas que yo“, dice Arnaldo.
Para los abuelos maternos no ha sido fácil, pero
Arnaldo y Max afirman que siempre han demostrado respeto y que su relación
con las nietas es normal. „Aquí no hay un misterio, no hay nada extraño,
es abierto. Y eso le baja un poco las defensas a la gente“, comenta
Arnaldo.
Pero ha notado preocupación en personas que
piensan que la situación puede hacerles daño a sus hijas. „Muchos
creen que como somos homosexuales todas las conversaciones, todos los
temas y todas las películas son inapropiadas, pero no es así“, dice.
Para Max el cambio representó un desafío y el
cumplimiento de un sueño. „Siempre me han gustado los niños; por eso
terminé siendo maestro. Muchas veces fantasee con la posibilidad de
adoptar... Los sobrinos, los hijos de los compañeros de trabajo y los
estudiantes llenaron ese vacío...“, dice.
Nunca dudó de su capacidad para ser padre, pero
estaba consciente de los tabúes sociales que se lo impedirían. En
Puerto Rico, aclara, no podría adoptar.
„Ha sido un gran privilegio vivir esta
experiencia. Ya ellos eran una familia que tenía sus hábitos y
costumbres, por supuesto yo tenía los míos. Ponernos a vivir juntos
fue un reto. Además, Arnaldo tenía su estilo de paternidad y yo, un
concepto más conservador, tal vez idealizado, de la paternidad. Tuve
que aprender mucho y reconceptualizar muchas cosas“, expresa.
Señala a continuación que „la alegría más
grande es participar de los logros de las niñas y que ellas los
compartan conmigo. También el ser reconocido por parientes y amigos
como padre, con las responsabilidades y satisfacciones que eso conlleva“.
Una anécdota reciente ilustra esta realidad. En
la graduación de Yahaira el orador principal escuchó un comentario,
que le pareció interesante, hecho por la jovencita. Preguntó entonces
quiénes eran los „orgullosos padres de esta niña“.
„¡Y nosotros instintivamente levantamos los
dos la mano!“, exclama Max. El orador dijo entonces: „Un momento, o
sea, hay dos padres reclamando...“ Yahaira al parecer aclaró la
situación porque él añadió: „Ah, okey, ¡estos tiempos modernos de
ahora...!“, cuenta Arnaldo, quien muestra su pulgar hacia arriba
imitando el gesto de´aprobación del orador.
„Pero yo no lo pensé, tal vez si lo hubiera
pensado, no levanto la mano“, dice Max ahora.
Su comentario refleja la situación difícil en
que vive una familia que no está respaldada por leyes ni tradiciones.
Ambos completaron estudios graduados y son bilingües. Explican que podrían
haberse trasladado a vivir a Masachussetts cuando ese estado aprobó el
matrimonio entre personas del mismo sexo.
Pero Puerto Rico es su hogar. Opinan que será
difícil que aquí se apruebe el matrimonio para personas del mismo sexo,
pero cifran sus esperanzas en que se permitan las uniones civiles.
El Departamento de la Familia reconoció que los
cuatro forman una familia cuando les dio una sola tarjeta durante la
crisis financiera del ejecutivo, que provocó que ambos quedaran
desempleados durante dos semanas. „Siempre ando con la tarjeta porque
siento orgullo de tenerla“, dice Arnaldo.
Pero su situación legal, naturalmente, no ha
cambiado. Si uno muere, el otro podría enfrentar serios problemas al
tratar de hacer valer sus derechos sobre la propiedad en común, por
ejemplo. Si uno se enferma gravemente, el otro no puede hacer decisiones
en torno a su salud. La única solución actualmente es crear la
documentación legal necesaria para establecer esos derechos.
Ambos sienten, sin embargo, que ha habido
progreso.
„El avance más significativo es que ya no
somos invisibles“, dice Max.
A su lado, sentada sobre el brazo del sofá,
Frances le echa el brazo por los hombros. Arnaldo sonríe. Yahaira está
en su cuarto. Los´cuatro perros, las muy consentidas mascotas de esta
casa, corren, ladran y juegan a perseguirse.
Una escena convencional en un hogar que rompe
tradiciones, pero que claramente es para sus miembros „un oasis de paz,
un oasis de amor...“.
http://www.endi.com/XStatic/endi/template/nota.aspx?n=36627
|