El discurso y los
silencios de Alan García
Análisis de Ángel Páez
LIMA, 28/07/2006 (IPS) - El socialdemócrata Alan
García inauguró su segunda presidencia en Perú con un vigoroso
discurso, sustentado en un drástico programa de austeridad del sector público
y en la creación de un millonario fondo para sacar de la pobreza a 13
millones de ciudadanos.
Pero en su discurso de este viernes, García dejó de
lado cuestiones fundamentales como el impacto del tratado de libre
comercio firmado con Estados Unidos, y que los legisladores de su
partido avalaron en el Congreso sin dudas ni murmuraciones.
Tampoco mencionó el proceso de extradición del ex presidente Alberto
Fujimori, hoy detenido en Chile, y los juicios pendientes contra los
funcionarios corruptos de su régimen.
Menos aun figuró en la oratoria la aplicación de las recomendaciones
de la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre reparación a las víctimas
de las violaciones de derechos humanos entre 1980 y 2000, periodo que
comprende su primera presidencia (1985-1990).
El mandatario criticó con severidad lo que consideró un frívolo
aumento del gasto público durante el gobierno de su antecesor,
Alejandro Toledo, a quien atribuyó el crecimiento de la cantidad de
funcionarios públicos con salarios desproporcionados.
Además, acusó a Toledo de realizar gastos superfluos en viajes al
extranjero y crear embajadas onerosas.
García concibió un discurso para atraer la atención y el aplauso de
los trabajadores de a pie y las amas de casa, de las familias que
carecen de agua y energía eléctrica y de los pobladores de las zonas
andinas del sur del país, donde la pobreza alcanza a 83 por ciento de
la población.
Con 57 años de edad, el líder del socialdemócrata Partido Aprista
Peruano, que recoge el legado de la Alianza Popular para la Revolución
Americana (APRA), ganó las elecciones presidenciales en segunda vuelta
al nacionalista Ollanta Humala por una ventaja de 5,2 puntos
porcentuales.
Además de los 120 congresistas, estaban presentes en el Parlamento los
presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, Álvaro Uribe, de
Colombia, Evo Morales, de Bolivia, y Michelle Bachelet, de Chile,
Michelle Bachelet.
También asistieron el príncipe de Asturias y heredero de la corona
española, Felipe de Borbón, y el secretario (ministro) de Comercio de
Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, entre otras personalidades
extranjeras.
García llegó por primera vez a la jefatura del Estado peruano hace 16
años. En esa ocasión inició su gobierno con la aplicación de medidas
de corte izquierdista, como la reducción unilateral del pago de la
deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la nacionalización de
la banca y la anulación de un contrato de compra de 14 aviones de
guerra Mirage 2000.
Cinco años después, su presidencia concluyó con una inflación
explosiva, sin reservas internacionales y un desempleo masivo, en medio
de la violencia generalizada de las organizaciones guerrilleras Sendero
Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru.
García pretendió controlar a ambos grupos insurgentes dotando a las
fuerzas de seguridad de facultades especiales, lo que allanó el terreno
a numerosas violaciones de derechos humanos.
Perseguido por la dictadura de Fujimori, que le acusó de actos de
corrupción, García estuvo exiliado entre 1992 y 2000. Al retornar la
democracia presentó su candidatura a la presidencia y quedó en segundo
lugar detrás de Toledo.
No obstante, obtuvo una votación que el mal recuerdo que había dejado
su gobierno, según las encuestas, no permitía prever.
García se convirtió en el líder de la oposición a Toledo y se dedicó
a preparar por su segunda postulación a un nuevo mandato. Pero le
resultó muy difícil debido a la desconfianza de los peruanos por los
resultados de su primer periodo.
Aunque ganó la segunda vuelta, quedó claro que los peruanos le ofrecían
una segunda oportunidad condicionada a que demostrara que había
madurado y que ya no era el joven radical de los años 80.
Lo primero que sorprendió del segundo debut de García es la composición
de su gabinete ministerial. Incluyó a figuras del gobierno de Toledo,
que profesan el neoliberalismo y que le fueron recomendadas por la ex
candidata presidencial derechista Lourdes Flores Nano.
Entre ellos figuran el ex viceministro de Hacienda y ahora ministro de
Economía Luis Carranza Ugarte y la ex secretaria general de la
Presidencia del Consejo de Ministros, y hoy ministra de Transportes y
Comunicaciones, Verónica Zavala, hermana del último ministro de Economía
de Toledo, Fernando Zavala.
Para tener una idea más exacta del perfil del segundo gobierno de García
es preciso mencionar la designación como ministro de Producción a uno
de sus opositores más encarnizados, el congresista Rafael Rey Rey,
aliado de Flores Nano, líder del movimiento derechista Renovación,
profujimorista y miembro de la prelatura personal católica conservadora
Opus Dei,
De los 16 ministros, sólo cinco son militantes del Partido Aprista
Peruano. García asignó el cargo de primer ministro al secretario
general de su organización, Jorge del Castillo, quien en el último
periodo legislativo tuvo un acercamiento a los sectores empresariales.
Alan García asumió su nuevo mandato con un severo programa de ajuste
que incluye la reducción del sueldo presidencial de 13.000 dólares
mensuales a 5.000, la eliminación de embajadas y agregadurías
militares, la unificación de las compras estatales, la disminución de
los salarios del Estado de alto nivel y la propuesta de un ajuste en el
de los legisladores.
García prevé que con estos recortes el Estado ahorrará 213,3 millones
de dólares anuales, suma que destinará íntegramente al Fondo para la
Igualdad, plan de reducción de la pobreza y indigencia que sufre más
de la mitad de la población.
La idea del jefe de Estado es que ese fondo disponga su dinero en la
construcción de carreteras, hospitales y otras obras en las zonas más
empobrecidas del país.
García determinó ese tono para su discurso porque en las elecciones
presidenciales su contrincante Humala le venció en regiones como Cusco,
Ayacucho, Apurimac, Huancavelica, Puno y Huanuco, entre otras, donde
entre 60 y 80 por ciento de población es pobre.
"Alan García ha dicho la verdad al afirmar que en el Perú hay
crecimiento económico pero sin desarrollo social, con profundas
desigualdades y con un sistema político desprestigiado", señaló
a IPS el ex congresista socialista Javier Diez Canseco.
"Pero cuando formula las soluciones plantea un discurso que encaja
en una campaña electoral. Hizo promesas y ofrecimientos y no ha señalado
cómo los va a cumplir. Creo que ha repetido el personalismo, el
caudillismo y eso puede ser muy peligroso", sostuvo.
García también se refirió a la necesidad de negociar con las empresas
mineras alguna forma de compensación por los ingresos extraordinarios
que les deparó el aumento del precio de los minerales, lo cual consideró
una opción mejor a la creación de nuevos impuestos.
Resaltó, asimismo, la necesidad de un pacto porque de lo contrario la
explosión social podía arruinarlo todo.
Para Diez Canseco, el planteamiento de García fue equivocado. "No
me parece digno negociar con las empresas mineras que donen dinero para
que los pobres no creen tensiones ni pongan en riesgo las inversiones.
No se puede mendigar un óbolo", dijo.
En materia de la justicia, García anunció que nombrará a un "zar
anticorrupción", sin precisar sus funciones. Ya existe una
procuraduría especial dedicada a los casos de Fujimori y su asesor
Vladimiro Montesinos.
Sin embargo, el nuevo presidente no dijo nada sobre el proceso de
extradición de Fujimori, ya que el equipo a cargo del juicio necesita
la ratificación y el respaldo del nuevo presidente.
"Es lamentable que no haya ni mencionado el tema", dijo a IPS
el ex procurador del caso Fujimori-Montesinos, Ronald Gamarra. "El
éxito de un gobierno depende de que exista una política adecuada de
enfrentamiento a la corrupción, y eso conlleva una serie de medidas
como establecer una oficina nacional anticorrupción que centralice y
dirija las políticas en esta materia."
"En el marco de los procesos contra Fujimori y Montesinos, es
importante el establecimiento de medidas que establezcan la
imprescriptibilidad de los delitos de corrupción", agregó Gamarra.
"Creo que esas son medidas urgentes, pero no dijo nada."
Fiel a su estilo enfático, grandilocuente y casi teatral, García
resaltó que gobernaría para todos los peruanos, pero en especial para
los 13 millones de pobres. Invocó constantemente al fundador del APRA,
Víctor Raúl Haya de la Torre, y mencionó "al viejo Karl
Marx".
Pero si bien su discurso estuvo dedicado a los que sufren con las multas
de tránsito --que prometió reducir--, a los padecen la mala atención
en los hospitales --aseguró que ampliará los horarios de atención-- y
a los jubilados --cuyos ingresos, dijo, aumentarán--, algunos
observadores advirtieron que le faltó consistencia.
"Es un discurso que deja muchas dudas sobre la orientación del
gobierno. Creo que hay una apuesta por relegitimar el sistema político
a través de una lucha contra la corrupción y de la austeridad",
explicó a IPS el profesor universitario de ciencias políticas Aldo
Panfichi.
"En términos generales, postuló la continuidad de la política
económica neoliberal, y eso se evidencia en anuncios como el respeto
los contratos de estabilidad tributaria y la búsqueda de inversión
privada nacional y extranjera", agregó Panfichi.
"García anunció exoneraciones tributarias y detalló una serie de
obras y usos del dinero ahorrado. Entonces, la política económica será
continuada, pero también hay reflejos protagónicos del viejo Alan, que
trata de centralizar las decisiones", sostuvo. "Esperaba un
discurso más pragmático, menos detallista, donde aparecieran los
ministros con el camino más claro de hacia dónde ir. Pero ha aparecido
su estilo político protagonista."
Manuel Cortez, dirigente de la Confederación de Trabajadores del Perú
(CGTP), el principal sindicato del país, destacó la mención en el
discurso de García del respeto irrestricto de la jornada de ocho horas
y de la eliminación de formas de contratación informales, pero advirtió
que el mandatario dejó cuestiones clave sin abordar.
"La principal omisión del discurso fue no haber señalado la
importancia y la necesidad de la aprobación de una nueva ley general
del trabajo, así como una reforma tributaria integral, para que paguen
más aquellos que tienen más", dijo Cortez a IPS.
"Tampoco mencionó la reposición de los despedidos durante la época
de Fujimori. Hay miles que todavía están en la calle por culpa de la
dictadura", agregó el sindicalista.
El profesor de Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica,
Rolando Ames, reconoció la aspiración de García de plantear cambios
profundos, pero consideró que el mandatario se extendió demasiado en
los anuncios.
"Quizá hizo demasiados anuncios, incluso algunos que tienen que
ver con leyes y programas ya en marcha. Pero me parece interesante que
haya querido mostrar la búsqueda de otra manera de relacionar el Estado
con la gente. Ha querido demostrar que los políticos no serán
privilegiados, y que el Estado será legitimado con determinadas medidas.
Eso era necesario", señaló Ames a IPS.
Luego de su discurso, Alan García se dirigió a Palacio de Gobierno.
Caminó las cinco calles de distancia entre la sede del Congreso y su
nueva residencia. Ingresó al lugar entre los vítores de los militantes
de su partido.
Acababa entonces de comenzar para García el desafío de llevar a la práctica
lo que ha anunciado. Si no cumple con sus promesas de este viernes, no
tendrá una tercera oportunidad. Se puede resucitar una vez, no dos.
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