|
Sin lugar para los
socialistas en Malasia
Por Baradan Kuppusamy
KUALA LUMPUR, 23/08/2006 (IPS) - En una habitación
diminuta y oscura del miserable suburbio de Brickfields, al sur de Kuala
Lumpur, un pequeño grupo de ciudadanos malasios se reunieron para
llorar otra derrota de la democracia: la justicia se negó a registrar
un partido socialista.
Entre los congregados allí había estudiantes,
obreros, ocupantes ilegales de viviendas y sindicalistas. Esa pequeña
habitación es la sede nacional del Partido Socialista de Malasia.
"No abandonaremos el socialismo", dijo un estudiante. "Este
es un fallo estúpido. Hasta los máximos jueces se han vuelto muy
ingenuos políticamente."
El joven se refería a la sentencia de un tribunal superior que confirmó
la negativa del gobierno a registrar el partido, que se convirtió así
en una organización ilegal.
El gobierno alegó razones de "seguridad nacional" su decisión.
El tribunal no aceptó ese argumento, pero esgrimió tecnicismos para
darle, en definitiva, la razón al Poder Ejecutivo.
"Luchamos por el reconocimiento durante una década. Tenemos miles
de afiliados, nos hemos presentado a tres elecciones generales y somos
internacionalmente reconocidos", dijo a IPS el secretario general
del partido, S. Arulchelvam.
"Pero en Malasia nos ilegalizan. Somos tratados como parias, cuando
la Constitución claramente garantiza la libertad de asociación",
se lamentó.
"Se nos ha negado nuestro derecho a representar al pueblo en un
sistema democrático", señaló Arulchelvam, académico y
acupunturista. "Las razones para no registrar al partido son
claramente políticas. ¿Por qué nos temen tanto?".
Ahora el partido apelará la decisión ante el Tribunal Federal, el de
mayor jerarquía del país.
"Nuestros afiliados están profundamente desilusionados",
declaró a IPS el presidente del partido, Nasir Othman. "Continuaremos
luchando, en los tribunales o en las calles, hasta que ganemos."
La decisión judicial del día 16 se conoció en un momento crucial para
los socialistas, que contaban con el registro oficial para comenzar a
prepararse rumbo a las próximas elecciones generales, previstas para
fines de 2008.
"Al rechazar el registro, el gobierno nos impide presentarnos en
las próximas elecciones generales", afirmó Othman. "Es un
ataque contra la democracia y contra la libertad".
El partido ya se había presentado a sí mismo como una plataforma
alternativa de las divisiones raciales, étnicas y religiosas de la
gobernante coalición Frente Nacional.
"Nuestro programa se basa sobre la igualdad y en la justicia
social. Es capaz de unir a las diferentes razas del país", destacó
Othman.
Mientras los movimientos afines al gobierno logran el reconocimiento
oficial casi de la noche a la mañana, el único partido socialista del
país lucha desde 1998 para poder registrarse.
Pero los funcionarios del gobierno rechazaron el registro formalmente un
año después sin dar ninguna razón.
El partido comenzó un tortuoso proceso de infructuosas apelaciones. En
octubre de 1999, llevó el caso al Poder Judicial.
Ante los tribunales, los abogados del gobierno atribuyeron la su
negativa a las amenazas a la seguridad nacional que representaba el
partido, sin especificarlas ni ofrecer evidencias más que la convicción
de la policía.
En 2003, el tribunal superior aceptó el argumento, y coincidió en que
la seguridad nacional es una facultad privativa del gobierno.
En la última apelación, el fallo del tribunal superior se basó, en
cambio, en una norma "secreta" según la cual el comité
directivo del partido debía contar con integrantes de al menos siete de
los 13 estados de Malasia.
Expertos en derecho y activistas advirtieron que el tribunal ignoró la
garantía constitucional a la libertad de asociación. "Quedó
empantanado en tecnicismos", dijo un abogado experto en derechos
humanos.
Las normas aludidas por el tribunal son comunicadas a postulantes
considerados políticamente indeseables por el gobierno, como los
socialistas. "Este gobierno no quiere competencia. Quiere,
sencillamente, aferrarse al poder", explicó el abogado.
Malasia es considerada una de las democracias más estables del área
Asia-Pacífico, y todos los gobiernos desde su independencia, en 1957,
estuvieron formados por el Frente Nacional y sus aliados.
La oposición advierte que el Frente se ha perpetuado en el poder
mediante el control de los medios impresos y electrónicos,
restricciones legales sobre organizaciones políticas y otros métodos
inconstitucionales.
"La decisión es un ataque serio a la libertad de asociación en
Malasia, un derecho fundamental garantizado en el artículo 20 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos y de la Sección II de la
Constitución malasia", dijo Josef Roy Benedict, director ejecutivo
de la filial de Amnistía Internacional en este país.
"También estamos preocupados por el uso de la seguridad nacional
como excusa para negar la formación del partido. Estas cuestiones
solamente deberían ser invocadas por razones específicas, y deben ser
demostradas de forma abierta y transparente", señaló Benedict en
un comunicado.
"Este rechazo también ilustra un modelo sistemático por parte del
gobierno malasio de usar la Ley de Sociedades para bloquear o impedir la
formación de sociedades, organizaciones y partidos políticos a los que
considera indeseables", manifestó.
"El efecto intimidante de la ley, junto con sus numerosos
requisitos burocráticos del Registro de Sociedades, ha tenido un
impacto negativo sobre la libertad de asociación", agregó.
Históricamente, la policía, funcionarios del gobierno y
fundamentalistas musulmanes han visto a los socialistas como lobos
disfrazados de ovejas. "Tuvimos una sangrienta insurrección
comunista antes, y con una es suficiente", opinó un destacado líder
musulmán.
El levantamiento del ahora extinto Partido Comunista de Malasia
(1948-1960) fue tan violento que muchos malasios continúan indignados y
sin ánimo de perdonar.
Los prejuicios contra los socialistas son exacerbados por la oposición
a Chin Peng, el líder comunista de la insurrección, que actualmente
libra una batalla judicial para volver de su exilio en Tailandia.
A comienzos de este año, el gobierno prohibió una película de
carreteras titulada "El último comunista", porque el público
la asociaba con la vida y época de Chin Peng.
|