| Saunas gay de Nueva York se vuelven clubes de sexo
NUEVA YORK, 26/09/2006 EEUU (Reuters) - Con apenas una pequeña toalla
blanca a la cintura y una amplia sonrisa, Bob ronda los oscuros salones
del East Side Club, mirando hacia el interior de pequeños cuartos, del
tamaño de un armario, y esperando que el contacto visual con otro hombre
lo lleve al sexo.
"Es mejor que ir a un bar y arriesgarse", dice Bob, vendedor
de artículos de jardín de 46 años oriundo de Nueva Jersey, quien se
negó a dar su apellido.
"Aquí uno sabe que algo siempre va a ocurrir", agregó.
Para algunos gays, las dos casas de baños que están abiertas las 24
horas -el East Side Club, en el centro de Manhattan, y el West Side Club,
de Chelsea- perduran como el lugar para el sexo sin compromisos a pesar de
una reciente moda en favor de los encuentros gestados por Internet.
Los hombres alquilan las pequeñas habitaciones para tener relaciones
sexuales a un costo de 21 dólares por cuatro horas, después de pagar una
cuota nominal de membresía al año.
Los saunas, que quedaron fuera de la escena gay a mediados de la
década de 1980 cuando la ciudad clausuró la mayoría para contener la
propagación del sida, todavía les ofrece a los clientes algo que un bar
o Internet no puede brindar: sexo casi garantizado en un ambiente seguro.
"En un sauna uno conoce a una persona de cerca en un ambiente
relativamente seguro y limpio donde todo el mundo tiene las mismas
intenciones", dice Bill Stackhouse, director del Instituto para la
Salud de los Hombres Gay, perteneciente a Crisis de Salud de los Hombres
Gay, un grupo que lucha contra el sida en Nueva York.
"Es más seguro que Internet, donde todo lo que tienes es una foto
y tal vez un poco de material en video antes de ir a la casa de alguien",
dijo Stackhouse.
La gestión de un negocio con el sexo como propósito viola la ley
estatal. Los funcionarios de la ciudad dicen que inspeccionan los saunas,
pero que la ley no les permite mirar en el interior de las habitaciones
rentadas.
"No accedemos a las áreas privadas dentro de los establecimientos,
en tanto que 'privadas' significa a puertas cerradas", dice Isaac
Weisfuse, subcomisionado del Departamento de Higiene y Salud Mental de la
Ciudad de Nueva York.
Varios funcionarios, consultados acerca de por qué la ciudad hace
efectivamente la vista gorda sobre los saunas, se negaron a formular
declaraciones. En el despacho del alcalde Michael Bloomberg también se
negaron a formular declaraciones.
UNA PICAZON QUE HAY QUE QUITARSE
Los dos clubes son propiedad del empresario Ancil Brown, quien rechazó
una petición de una entrevista, pero los gerentes de los clubes
permitieron que un reportero recorriera las instalaciones y entrevistara a
los clientes.
Cerca de la medianoche de un sábado en el East Side Club, docenas de
hombres de mediana edad rondan por los laberínticos pasillos, esperando
tener sexo anónimo.
Escaleras abajo, cinco hombres esperaban en el vestíbulo para entrar,
luciendo tan comunes como cualquier grupo de padres esperando en un
consultorio dental.
Peter, de 57 años, un contratista de la construcción de cabello gris,
concurre al East Side Club una vez cada dos semanas y lo viene haciendo
desde hace años.
"Tienes esa picazón y es bueno rascarla", dice Peter, quien
tampoco quiso dar su apellido.
"Todavía hay un lugar a donde ir para hacerlo. Deberías ver este
lugar a las 6 (de la tarde), antes de que todos los hombres regresen a sus
casas con sus esposas", agregó.
/Por Matthew Verrinder/.*.
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