Cazadores de virus
Por Katherine Stapp
NUEVA YORK, 30/11/2006 (IPS) - El sarampión, la
poliomielitis y otras enfermedades contagiosas y mortales detuvieron su
avance con simples vacunas. Tras dos decenios de investigación sobre el
voluble virus del sida, ¿queda espacio para la esperanza?
Mitchell Warren, director ejecutivo de la Coalición Pro
Vacuna contra el Sida, y Anjali Nayyar, vicepresidenta a cargo de
programas nacionales y regionales de la Iniciativa Internacional para la
Vacuna contra el Sida (IAVI), hablaron con IPS sobre este acuciante desafío
científico.
-- El director de IAVI, Seth Berkley, dijo que una vacuna parcialmente
eficaz suministrada a apenas 30 por ciento de la población reduciría a
la mitad las infecciones de VIH en el mundo en desarrollo. ¿Eso es un
retroceso respecto de las expectativas anteriores o, simplemente, la
constatación científica de que ninguna vacuna tendrá eficacia
universal?
MITCHELL WARREN: La investigación hacia las vacunas contra el sida, al
igual que con las de cualquier enfermedad, se fundamenta en la mística
según la cual la inoculación frena las epidemias. Y, de hecho, lo hacen:
lo único que puede acabar con una epidemia viral es una vacuna.
No es que hayamos reducido nuestras expectativas, ni que la realidad científica
haya cambiado. Se trata de la propia naturaleza del avance científico. La
primera vacuna, el primer microbicida, el primer condón femenino no serán
el último avance. Y creo que eso es bueno.
ANJALI NAYYAR: La primera generación de vacunas podría aportar una
protección parcial. De todos modos, tendrá el potencial de impactar
significativamente en la pandemia del sida. Aun una vacuna modestamente
eficaz reduciría un tercio la cantidad de infecciones en una década. Eso
significa salvar millones de vidas. Una vacuna con una eficacia de 70 por
ciento tendría un efecto aun más dramático. E incluso si se la
administrara apenas a 40 por ciento de la población, impediría 28
millones de infecciones entre 2015 y 2030.
-- ¿Qué compromisos recibieron de gobiernos, donantes y de la industria
farmacéutica para garantizar el acceso inmediato de una vacuna a quienes
la necesiten, una vez que esté desarrollada?
WARREN: La calle hacia la vacuna contra el sida está empedrada de buenas
intenciones, de promesas de asequibilidad. Pero ¿qué significa esto? ¿Esas
promesas sobrevivirán la prueba del tiempo? La respuesta más honesta es:
no lo sabemos. No es por cinismo. Debemos dejar bien claro que aún no
sabemos el costo de fabricación de la vacuna.
Al mismo tiempo, vemos que cada vez se autorizan más vacunas para todo
tipo de enfermedades. En el último año fueron más que en de varias décadas
sumadas. Tenemos vacunas contra el cáncer de útero, contra los
rotavirus. El desafío es asegurar con rapidez el acceso de esas vacunas a
las comunidades que más las necesitan.
NAYYAR: El acceso de los pobres a las vacunas es una de las piedras de
toque de nuestro programa. Las compañías con las que trabajamos
acordaron suministrar las futuras vacunas al sector público de los países
en desarrollo en cantidades razonables, con plazos y costos adecuados.
En caso contrario, tenemos derecho a utilizar esa tecnología, la
posibilidad de sellar acuerdos sobre el lucro admisible en la venta de
medicinas a países en desarrollo, la realización de licitaciones para su
compra y la propiedad intelectual total o parcial o el licenciamiento en
manos de IAVI.
-- La búsqueda de vacunas contra el sida insume cerca de uno por ciento
del gasto total en investigación y desarrollo en materia de salud. ¿Les
parece una proporción adecuada? ¿Existe conflicto entre el
financiamiento del tratamiento y el de la prevención?
WARREN: Debe usarse más para todo. Necesitamos más para la educación,
necesitamos más para ampliar el acceso al tratamiento, necesitamos más
para las vacunas. Pero no sólo necesitamos más de todo eso: necesitamos
gastar mejor. Hoy, el flujo financiero para avanzar en la vacuna contra el
sida se acerca a los 800 millones de dólares anuales, más del doble que
hace cinco años. Dentro de poco tendremos que gastar 1.000 millones de dólares
al año. No tenemos lo que necesitamos, pero estamos cerca.
NAYYAR: Creemos, de hecho, que el financiamiento de la investigación
hacia la vacuna contra el sida mejoró sustancialmente, y los países están
contribuyendo equitativamente de acuerdo con su producto interno bruto.
Las compañías farmacéuticas y biotecnológicas hacen su parte, pero
apenas contribuyen con 10 por ciento del gasto total.
Como la experiencia de la industria es crítica para el éxito de la
vacuna, IAVI ha trabajado con el sector público y también con el privado,
para alentar un involucramiento más fuerte.
Los avances médicos para todas las respuestas esperanzadoras --medicamentos,
vacunas y diagnósticos-- son esenciales si queremos derrotar la pandemia.
-- ¿Cómo avanzaron las pruebas clínicas y la investigación desde los
primeros días del sida, en la década del 80?
WARREN: La buena noticia es que, mirando el mapa actual en términos de
investigación hacia la vacuna, se constata que es un esfuerzo
verdaderamente mundial, comparado con lo que sucedía hace cinco o 10 años.
Hay pruebas de laboratorio y clínicas, y no solo en Estados Unidos y
Europa occidental sino también en India, China, Sudáfrica, Uganda, Kenia...
y la lista sigue.
Que los países donde se realizan investigaciones hayan pasado de seis a
20 es, para mí, una señal de que el mundo ha mejorado.
NAYYAR: Sabemos mucho más que en los años 80 sobre el VIH y sobre el
modo en que opera en el cuerpo. Sabemos, por ejemplo, que el sistema
inmunológico de virtualmente todos los seres humanos puede mantener el
virus a raya durante 20 años o más. Existen algunos casos aislados de
personas con una rara capacidad natural para rechazar el VIH a pesar de
sufrir reiterada exposición al virus.
Hasta ahora, vacunas experimentales protegieron exitosamente a los monos
del virus de inmunodeficiencia simia (SIV), muy similar al VIH.
Actualmente hay 30 candidatas a vacuna contra el sida en sus primeras fase
de evaluación en seres humanos, en dos docenas de países. Buena parte de
esta investigación se desarrolla en África y en Asia, donde hoy se
registra la mayor parte de las infecciones. Otras se encuentran en la
segunda fase, y habrá novedades en los próximos años.
-- Una dificultad es el lapso de tiempo requerido para organizar las
pruebas clínicas, especialmente en el camino hacia la tercera fase. ¿Puede
--o debe-- acelerarse el proceso sin violar principios de la ética médica?
WARREN: Hay algunos requerimientos que no pueden obviarse. Debemos
reclutar mucha gente, entre otros elementos que insumen tiempo. Pero también
hay cosas que nos detienen innecesariamente.
Necesitamos diseñar pruebas que nos permitan lograr respuestas con mayor
rapidez. Por ejemplo, las comparaciones de las vacunas con placebos podrían
comenzar más temprano, en la primera y en la segunda fase, para descartar
lo que no sirva.
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