Género determina la
vida y la muerte en Haiti
Por Amy Bracken
PUERTO PRÍNCIPE, 1 dic (IPS) - Los avances
alcanzados por Haití en la lucha contra el sida se ven obstaculizadas por
la inequidad de género. Las mujeres son víctimas silenciosas de la
pandemia y de la violencia sexual.
En Gheskio, el centro privado de investigaciones sobre
sida más antiguo del mundo, todavía hay espacio para una rara dosis de
optimismo. El médico Jean William Pape, director de esta institución de
la que fue cofundador en 1982, tiene buenas noticias para dar.
Los estudios muestran que la prevalencia del VIH (virus de
inmunodeficiencia humana, causante del sida) en Haití equivale hoy a
menos de la mitad que en 1993. Y se calcula que unos 10.000 portadores se
someten a la terapia antirretroviral, gracias a fondos que duplican los de
entonces.
En un país pobre y profundamente dividido, el sector público, el privado
y las agencias y organizaciones internacionales se unieron para combatir
la pandemia. Y lograron progresos.
Pero, a pesar de décadas de duro trabajo, investigadores y activistas
vuelven a chocar contra la inequidad de género, profundamente arraigada.
Los estudios muestran que, a pesar de la disminución del VIH en general,
las cifras son desalentadoras para mujeres y niñas.
En un informe recién presentado, el Programa Conjunto de las Naciones
Unidas sobre el VIH Sida (Onusida) ubica la prevalencia seropositiva de la
población adulta haitiana en 2,2 por ciento, frente al 3,1 por ciento de
2003, pero sin que conste una reducción entre mujeres rurales.
El propio Pape informó sobre lo que considera un hallazgo "perturbador":
un tercio de los casos de VIH se constatan en el occidente del país, que
incluye a Puerto Príncipe, la capital. La mayoría de esos portadores son
mujeres.
El Ministerio de Salud Pública reportó este año que la proporción del
VIH es el doble entre las mujeres que entre los hombres.
"Esto no es difícil de comprender", dijo Pape a IPS. "Las
mujeres son fieles a su pareja, pero los hombres no. Así, el mismo hombre
puede tener contacto sexual con 10 mujeres diferentes o más e infectar a
su compañera."
En relación a la brecha entre géneros, señaló que se produce "esencialmente
porque a las mujeres jóvenes los adultos les ofrecen dinero o lo que sea,
así que claramente ellas son mucho más vulnerables" al virus.
A causa de esta desigualdad de poder, no puede esperarse que las mujeres
tomen con libertad las decisiones necesarias para protegerse del VIH, dijo
Steve Laguerre, gerente de programa para Haití de la organización no
gubernamental Catholic Relief Services.
"Todavía necesitamos tomar como objetivo a los hombres para abordar
la desproporción de la epidemia en perjuicio de las mujeres. Es difícil
para ellas cambiar repentinamente los hábitos de sus compañeros.
Necesitamos trabajar con los hombres", explicó.
Más de 60 por ciento de los pacientes de Gheskio son mujeres, y quienes
allí trabajan ven la inequidad de género todos los días.
La psicóloga Nathalie Coicou trabaja con mujeres embarazadas cuyos análisis
de VIH resultaron positivos. La mayoría de sus pacientes fueron
infectadas por un compañero infiel, aseguró.
"Las mujeres no tienen el poder de negociar la protección, incluso
si saben que los hombres están con otras mujeres", dijo a IPS.
"Se trata de dependencia económica, y la dependencia resta poder
para tomar decisiones."
Coicou señaló que urge a las mujeres infectadas a usar condón con los
hombres que las contagiaron, porque la reinfección puede perjudicar aún
más su salud. Pero ellas alegan que los hombres se niegan.
Y la situación empeora. En los últimos tiempos, Coicou debió suspender
su trabajo con mujeres embarazadas porque recrudecieron los casos de
violación y se vio obligada a atender a cada vez más víctimas.
Cuando Gheskio abrió su unidad de servicios a víctimas de violencia
sexual, recibió a 10 mujeres violadas en todo un año. Eso fue en 2000.
Desde entonces, la cantidad aumentó sin pausa, hasta alcanzar un promedio
de 10 diarias el mes pasado, la mayoría residentes en tugurios
controlados por pandillas.
Varias organizaciones brindan a las víctimas de violación "botiquines
de violencia sexual", aportados por el Fondo de Población de las
Naciones Unidas (UNFPA), que incluyen antirretrovirales profilácticos,
pero muchas no lo saben.
Coicou dijo que algunas víctimas tampoco saben que el violador no tenía
derecho a agredirlas. Otras son reticentes a acusarlos ante la justicia
porque temen represalias o porque no creen en el sistema judicial.
"Y sus temores son fundados", aseguró. "Buena parte de los
procedimientos legales no conducen a nada."
La médica Marie Deschamps, secretaria general de Gheskio, está cansada
de ver a víctimas de violaciones sentadas en los pasillos del centro,
temerosas de volver a casa porque sus agresores las asedian.
"Sentimos que estamos en un bote que no va a ninguna parte",
dijo.
Pero Deschamps unió fuerzas con otros técnicos en salud y consultores
legales para formar un grupo de trabajo que ayude al gobierno a abordar la
violencia de género.
En una reunión de organizaciones dedicadas a la investigación y la
asistencia en materia de VIH celebrada esta semana en Gheskio, los
activistas acordaron concentrarse en la atención a las mujeres violadas,
para lo que aportarán más personal, actividades de formación y campañas
de concientización pública.
Coicou atribuye la elevada prevalencia del VIH entre mujeres y niñas a la
mayor predisposición biológica y a prejuicios sobre género asimilados a
una edad muy temprana. La educación es la manera de abordar el segundo de
esos factores, sostuvo.
Pape se inclina por abordar esa inequidad también con un enfoque científico.
"Debemos darles poder a las mujeres", opinó. El médico trabaja
en el desarrollo de un gel vaginal que impediría el paso del VIH al
organismo. "Esto les daría el poder de protegerse a sí mismas",
dijo.
Pero Pape también destaca la importancia de la esperanza. En el caso de
las niñas que viven en la calle, que constituyen el grupo social más
vulnerable al sida, la posibilidad de contraer el virus se reduce cuando
se les da refugio, pero el problema no está resuelto, indicó.
"Hasta que estas niñas realmente puedan tener un futuro y ver con
claridad hacia dónde van, va a ser muy difícil."
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