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En busca de la tierra
sin males
Por Mario Osava
RÍO DE JANEIRO, 07/02/2006 (IPS) - La unión del pueblo guaraní,
disperso por cinco países de América del Sur, quedó sellada en el
encuentro que culminó este martes con una marcha de casi 8.000
participantes en la meridional ciudad brasileña de Sao Gabriel, donde
murió el héroe indígena Sepé Tiarajú.
La denominada Asamblea Continental del Pueblo Indígena se destinó a
"rescatar la memoria de lo que ocurrió a nuestro pueblo para
reflexionar, aprender y seguir luchando por nuestros derechos,
principalmente por el sagrado derecho a la tierra", señala el
documento final de los "más de mil participantes"..
Cerca de 1.500 guaraníes de varios países, más 100 representantes de
otros pueblos indígenas brasileños, compartieron desde el viernes pasado
una serie de reuniones en homenaje a Sepé, explicó Mario Karaí, líder
de esta etnia en el meridional estado de Río Grande del Sur y uno de los
organizadores.
El tributo al héroe muerto el 7 de febrero de 1756, símbolo de la lucha
guaraní, incluyó en rigor a más de 4.000 personas, al sumar reuniones
paralelas de campesinos sin tierra, un campamento de 700 jóvenes y una
asamblea de unos 200 "quilombolas" (descendientes de esclavos
africanos que siguen viviendo en comunidades propias), además de
organizaciones locales y eclesiásticas.
Estos movimientos son aliados de los indígenas en la lucha por un "reclamo
básico, la tierra", y en el combate común contra la exclusión
social, explicaron los organizadores. Entre los jóvenes se hicieron
presente representantes de los "sin techo" urbanos, los
recolectores de residuos para reciclaje y otros colectivos.
A la marcha también se sumaron pobladores locales. Es que Sepé, además
de líder místico de los indígenas, marcó profundamente la cultura de Río
Grande del Sur. Tres libros sobre su historia y su papel fueron lanzados
durante el encuentro múltiple de cinco días e, incluso, se formó un
movimiento católico por su canonización.
Pero su mayor importancia se vincula naturalmente a las luchas indígenas.
Esta fue la primera vez que se reunieron los guaraníes de Argentina,
Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, dando "inicio a un movimiento
nunca visto en la historia de este pueblo", como indicó Karaí a IPS.
Se creó un comité permanente que se reunirá mensualmente para discutir
los problemas y los nuevos pasos del movimiento, que "por ahora es
guaraní", pero podrá extenderse a otras etnias, que estuvieron
representadas en Sao Gabriel.
La elección de Evo Morales, un indígena aymara, como presidente de
Bolivia, lo convirtió en "un gran aliado".
Con su apoyo, Karaí estima "que dentro de dos o tres años se podrá
hacer un gran encuentro indígena en Bolivia", dijo Karaí.
Es indispensable la unidad de los guaraníes en la lucha por cambios,
porque ese pueblo enfrenta "una de las peores situaciones de exclusión"
en los cinco países y empieza ahora a reunirse, después de siglos de
dispersión provocada por las masacres sufridas a mano de los
colonizadores españoles y portugueses.
La muerte de Sepé hace exactamente 250 años ocurrió en el contexto de
la peor masacre. Las tropas españolas y portuguesas asesinaron a casi
1.500 guaraníes tres días después de matar a su líder, determinando así
el fin de los denominados Siete Pueblos de las Misiones, cuyas ruinas el
centro-oeste de Río Grande del Sur son hoy una atracción turística.
Los Siete Pueblos brasileños formaban parte de una especie de república
constituida por misioneros jesuitas que comprendía otros 23 asentamientos
en el cercano nordeste argentino y en el sur de Paraguay, con 5.000 a
10.000 habitantes cada uno.
Era una sociedad comunitaria, de bienes en común, en que huérfanos como
Sepé y viudas eran sostenidas por la comunidad sin excluidos.
España y Portugal firmaron en 1750 el Tratado de Madrid, en el que se
repartieron las tierras en la región y se determinó el traslado de los
habitantes de los Siete Pueblos al lado oeste del río Uruguay, bajo
dominio español. Sepé lideró la resistencia a ese traslado.
Los españoles y portugueses se unieron, pese a sus disputas territoriales,
para destruir los Siete Pueblos misioneros, "al darse cuenta que
formaba allí una gran nación guaraní" que contrariaba los
intereses coloniales de ambas potencias, recordó a IPS Roberto Liebgott,
coordinador del Consejo Misionero Indigenista (CIMI) en el sur de Brasil.
Exterminados en varios lugares y obligados a huir, los guaraníes se
dispersaron. En la Asamblea estuvieron representados grupos incluso del
estado de Pará, en el norte amazónico de Brasil. Pero ellos se
concentran en el oeste central y meridional de Brasil y en Paraguay, donde
el guaraní es hoy una lengua hablada por gran parte de la población.
Es decir, los cerca de 150.000 guaraníes estimados por Liebgott se
concentran principalmente a lo largo de las fronteras del Cono Sur de América.
Para ellos no es problema, es un pueblo que se mueve mucho y no reconoce
fronteras en busca de su mítica "Tierra sin males", sostuvo el
dirigente del CIMI, una organización católica.
La asamblea, en ese contexto, fue "extraordinaria", consolidó
el movimiento continental en torno a la figura del mártir Sepé, un símbolo
de la lucha por la tierra pero que para los indígenas "es más
profundo, pues tiene una dimensión sagrada, está presente en las
oraciones y los ritos guaraníes", observó.
El documento final de la Asamblea Continental del Pueblo Guaraní recuerda
que las Constituciones de Argentina y de Brasil reconocen los derechos indígenas
a su territorio.
Sin embargo, las constituciones de las provincias argentinas no los
reconocen y en Brasil no se cumplió con la determinación de demarcar
todas las tierras indígenas hasta 1993.
"Sólo cerca de 40 por ciento de los territorios indígenas fueron
demarcados y homologados" en Brasil y, además, sufren frecuentes
invasiones, generando conflictos y asesinatos de indígenas, señala el
documento.
En Paraguay, la movilización indígena evitó que se aprobara una ley que
hubiera violado muchos derechos.
Pero la "situación de los territorios indígenas es escandalosa",
con tierras insuficientes o no reconocidas, forzando la emigración.
Muchos invasores que se adueñan de tierras ancestrales son empresarios
brasileños, los "brasiguayos" que ocuparon extensas áreas
paraguayas para la agricultura.
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