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Huerta urbana ataca
la pobreza
Por Marcela Valente
BUENOS AIRES, 08/02/2006 (IPS) - Una iniciativa de huertas comunitarias
puesta en marcha en Argentina para paliar las consecuencias del colapso de
2001 se transformó ahora en un plan estatal de agricultura urbana
planificada, donde desempleados obtienen mucho más que alimentos para la
subsistencia familiar.
Unas 7.000 personas que estaban desocupadas al ingresar al programa se
volcaron a limpiar la tierra, cultivar, atender los puestos de venta en
ferias callejeras. Muchas de ellas participan ahora también de proyectos
de desarrollo agroindustrial para proveer al mercado de productos
alimenticios obtenidos sin usar agroquímicos.
Se trata del Programa de Agricultura Urbana de la Secretaría de Promoción
Social del gobierno municipal de Rosario, una ciudad ubicada en la costa
del río Paraná en la oriental provincia de Santa Fe. Allí se cuentan más
de 600 huertas comunitarias erigidas en terrenos baldíos, tanto de
propiedad estatal como privada.
Además, se consolida una red de comercio y se desarrollan industrias
relacionadas.
Con 1,3 millones de habitantes, Rosario es la tercera ciudad más poblada
de Argentina y, por su condición portuaria, históricamente fue una zona
de gran desarrollo industrial. Pero desde fines de los años 80, con el
auge de políticas neoliberales, muchas fábricas cerraron sus puertas
catapultando la pobreza, que llegó en 2001 a 61 por ciento de la población.
Esta ciudad presenta en los últimos tiempos otra característica que la
diferencia del resto de las urbes del país. Se trata del primero y hasta
ahora único municipio gobernado desde 1989 por el Partido Socialista de
Argentina.
"Cuando se vino la crisis yo tenía siete hijas y mi marido estaba
desocupado. No me podía quedar de brazos cruzados", contó a IPS
Mirta Palese, recordando la grave situación socio-económica de Argentina
que llevó a la caída en diciembre de 2001 del gobierno de Fernando de la
Rúa a mitad de su mandato de cuatro años.
Entonces Palese puso sus ojos sobre un terreno abandonado ubicado frente a
su casa, en la zona oeste de Rosario, que se estaba transformando
lentamente en un basural.
El dueño entendió que era mejor usarlo como huerta y se lo cedió
temporalmente. Una vez conseguido el lote, la mujer acudió a la
Municipalidad de Rosario por las semillas y las herramientas. Ahora, junto
a una vecina, cultivan tomate, lechuga, rúcula, acelga, chauchas (judías),
espinaca, rabanitos y pimientos en 10 metros por 30.
Las mujeres también venden su producción en las ferias comunitarias que
se realizan seis veces a la semana en cinco puntos distintos de la ciudad
desde mediados de 2002. La comuna financia el traslado, las tiendas, las
tablas y los caballetes para exponer en las ferias, los canastos para la
mercadería y los uniformes y guantes que utilizan para atender a los
clientes con la mejor higiene.
Pero aún tienen tiempo para más. Con otras dos vecinas, las "huerteras"
trabajan por la mañana elaborando bandejas con las verduras y legumbres
ya limpias y cortadas. "Sólo hay que condimentarlas", se jacta
Palese. Esas porciones de ensaladas, cubiertas con un filme protector,
"las vendemos en las oficinas para el almuerzo", cuenta.
En esta fase del programa, la comuna aporta los locales para embalar los
vegetales, los materiales para ello, las refrigeradoras y secadoras. También
les provee de capacitación a través del Instituto de Alimentos del
municipio, a fin de garantizar productos seguros y de calidad.
Con las huertas, se estima que unas 40.000 personas en situación de
pobreza se aseguran los alimentos para el autoconsumo y obtienen un
ingreso mensual que en muchos casos triplica el subsidio a los desocupados
que otorga el Estado nacional y promete un desarrollo aún mejor de cara
al futuro.
La huerta de estas dos mujeres es una de las que integran el Programa de
Agricultura Urbana coordinado por Raúl Terrile, un ingeniero agrónomo
asesor técnico de la secretaría comunal y miembro del no gubernamental
Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas (Cepar).
En diálogo con IPS, Terrile recordó que en el pico de la crisis hubo más
de 800 huertas. Pero, a medida en que la economía comenzó a recuperarse,
"el proyecto pasó de ser una salida emergencia para convertirse en
una estrategia de desarrollo" en el que participan mayoritariamente
las mujeres, aproximadamente en un 65 por ciento.
"El plan no está concebido para la subsistencia sino que apunta a
desarrollar una fuente de ingresos para la familia", remarcó el
especialista. Para eso, el apoyo a través de insumos y capacitación debe
ser "permanente", indicó. En los últimos meses, la comuna
provee también de cercos y sistemas de riego.
Un respaldo clave resultó la norma para regularizar la tenencia de los
terrenos. Para la cesión de espacios privados, el gobierno municipal
eximió a los propietarios de pagar tributos por dos años, que es el
tiempo de cesión del predio. Si el particular tiene deudas de muchos años,
le convendrá renovar contrato por un período mas largo.
En el caso de lotes estatales, los más grandes, el acuerdo es por 10 años.
En esos sitios, que alcanzan las cinco hectáreas cada uno, trabajan hasta
70 personas. "La mayoría de las huertas grandes destina lo producido
exclusivamente a la venta", remarcó Terrile.
La capacitación teórica es mensual y hay además asistencia técnica
semanal en el terreno. "La continuidad del programa y la permanencia
de los beneficiarios demuestra que el proyecto sirve", señaló el técnico.
Y su viabilidad como proyecto de desarrollo sustentable fue reconocida por
la Organización de las Naciones Unidas.
En 2004, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos
reconoció a este plan como una de las mejores prácticas para mejorar las
condiciones de vida de los más pobres y al mismo tiempo propiciar el
desarrollo sustentable.
Con esta motivación, el gobierno de Rosario amplió el apoyo al programa
y se comenzó a trabajar conjuntamente con la Secretaria de Planeamiento
comunal a fin de identificar espacios disponibles en la ciudad y diseñar
nuevos que se pudieran adoptar a esta modalidad de agricultura urbana.
Así surgió una nueva tipología para el espacio público que es el de
los "parques-huerta". "Son huertas con diseño paisajístico
que se instalan en los laterales de avenidas y otros espacios visibles de
la ciudad. Estas huertas, además de ser productivas, resultan agradables
a la vista", explicó Terrile.
El programa forma parte de una red de ciudades que trabajan en agricultura
urbana. Con apoyo del Instituto de Promoción para el Desarrollo
Sostenible de Perú y el Centro de Investigación en Agricultura Urbana y
Forestal de Holanda, se busca destacar esta experiencia de desarrollo para
su aplicación en otras urbes. (FIN/2006)
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