La comunidad judía crece de nuevo en Alemania seis
décadas después del Holocausto
Los judíos se debaten entre el pasado y la crisis de de
identidad de cara al futuro
BERLÍN, 01/04/2007 (EP/AP) La comunidad judia, apenas testimonial en
Alemania antes de la reunificación, parece volver a prosperar poco a poco.
Esta comunidad, compuesta en gran parte por judíos llegados de la antigua
Unión Soviética, ha pasado de los 23.000 miembros registrados en 1990 a
unos 250.000 en 2007, según el Consejo Central de Judíos de Alemania. De
ellos, 110.000 están registrados como miembros de las distintas
comunidades religiosas.
"En 2005, más inmigrantes judíos entraron en Alemania que en
Israel. Sin la inmigración, muchas de las comunidades habrían
desaparecido", afirmó el secretario general del Consejo Central de
Judíos de Alemania, Stephan Kramer. Unos 200.000 judíos de la Unión
Soviética han emigrado a Alemania desde la caída del Telón de Acero.
Este proceso se debe principalmente a la flexibilización de la
normativa migratoria alemana tras la unificación y parece una tendencia
firme a pesar del incremento de la violencia de extrema derecha registrado
durante el año pasado. La Policía alemana catalogó 18.000 casos de
crímenes vinculados a la extrema derecha, un 14 por ciento más que el
año anterior.
Berlín es una de las ciudades con una mayor población judía. Cada
viernes por tarde Conny Jarosch y su hija de seis años, Alisa, encienden
dos velas, alzan sus manos y cierran los ojos para dar la bienvenida al
Sabbat con una antigua oración hebrea. El marido de Conny, Siegfried,
bendice el vino y el pan mientras su padre, Gerhard, un superviviente del
Holocausto de 94 años, entona sus oraciones ante la mesa. Todos
pertenecen a una familia de judíos que han vivido tres generaciones bajo
el mismo techo.
Este es un Sabbat normal, pero celebrado en una de las comunidades más
activas del mundo, ya que la alemana es la que más está creciendo de
todo el planeta, según el Congreso Judío Mundial.
Los Jarosch están celebrando, además, la Pascua judía y se muestran
optimistas sobre su futuro en un país en cuya memoria sigue aún muy vivo
el genocidio de seis millones de judíos.
"Hace veinte años esto hubiera sido imposible en Berlín",
afirmó Siegfried Jarosch, un agente inmobiliario nacido y criado en la
capital germana. "Sin embargo, ahora disponemos de una impresionante
infraestructura, con carnicerías kosher, panaderías, escuelas judías y
varias sinagogas", explicó.
Siegfried forma parte del consejo de la sinagoga de la calle Pestalozzi,
en el barrio occidental de Charlottenburgo. Su hijo, el pequeño Joshua,
de cuatro años, va a una guardería judía y su hija a una escuela
primaria también judía. Conny, por su parte, trabaja en casa haciendo
cocina kosher.
EL PESO DE LA HISTORIA
Berlín, hogar de judíos famosos como Albert Einstein o Max Liebermann,
se ha convertido en el destino de muchos de estos inmigrantes israelíes o
americanos debido a su cosmopolitismo en lo que ya se denomina el 'Renacimiento
judío'. Hay un total de 12.000 miembros registrados en las comunidades y
un total de ocho sinagogas en Berlín. Le sigue de cerca Múnich, con
9.200 miembros y un Museo Judío que se ha convertido en el centro
neurálgico de la comunidad.
En Dresde, el pasado mes de septiembre fueron ordenados los primeros
rabinos desde la II Guerra Mundial y se celebró la ceremonia como un hito
que apuntaba al renacimiento de la vida judía en Alemania, justo 62 años
después del fin del genocidio nazi. De los seis millones de judíos
muertos, unos 200.000 eran alemanes.
Sin embargo, este crecimiento aún no permite aspirar a reconstruir la
floreciente comunidad judía anterior al Tercer Reich que sumaba 560.000
miembros y destacaba por su intensa actividad cultural e intelectual.
Antes del Holocausto había 600 escuelas judías en Alemania, y ahora
sólo hay siete. Berlín tenía 120.000 judíos en 1933, un número diez
veces mayor que el actual. A pesar de estas cifras el rabino Chaim
Rozwaski cree que "es un milagro que los judíos estén regresando
para establecerse de nuevo en Alemania".
Este rabino ortodoxo originario de Nueva York llegó a Alemania hace
nueve años gracias a la Fundación Americana Ronald Lauder, que busca la
promoción y reconstrucción de las instituciones judías en Alemania y en
Europa central y oriental.
UNA CUESTIÓN DE IDENTIDAD
Rozwaski, rabino de la sinagoga de la calle Pestalozzi, tiene que
lidiar con los problemas cotidianos de judíos supervivientes del
Holocausto o con las dudas identitarias de chicos como Alexander
Beelitz-Geiman, un adolescente de 16 de padre ucraniano y madre rusa que
llegó a Alemania con sólo un año, pero que no se siente identificado
con el país. "No me siento en absoluto alemán. Todos mis amigos son
judíos", afirma.
Alexander también habla del antisemitismo y de las confrontaciones con
inmigrantes musulmanes provocadas por el conflicto árabe-israelí. "Muchos
judíos temen decir que lo son porque tienen miedo de que les cause
problemas", explica. De hecho, todas las instituciones y comercios
judíos, incluso las librerías o supermercados, están vigilados
constantemente por la Policía y disponen de protecciones de cemento.
Algunos, como Kramer, dicen que "el antisemitismo en Alemania no
es mejor ni peor que el que hay en otros países europeos", pero
apunta a que Alemania tiene una responsabilidad especial porque "fue
en territorio alemán donde comenzó el Holocausto".
Otros, como Aviv Russ, un israelí homosexual que vino hace dos años a
Berlín con su novio desde Tel Aviv, consideran su experiencia mucho más
positiva. "Berlín es hermosa y cosmopolita, tiene una gran red gay y
muchos de mis amigos son alemanes no judíos", afirmó. Russ es nieto
de supervivientes del Holocausto, estudia alemán y presenta un programa
de radio semanal que se emite en hebreo a través de una radio pública.
Hay al menos 2.500 israelíes en Berlín, según los datos de la
Oficina de Estadística del Berlín-Brandemburgo, y muchos de ellos son
jóvenes artistas y músicos. El número real de israelíes que viven en
Berlín se desconoce, pero es posiblemente muy superior a esta cifra
porque muchos de ellos tienen nacionalidad alemana debido al origen de sus
abuelos, huidos de la Alemania nazi.
Como fue criado en Israel, Russ nunca pensó demasiado en su herencia
judía hasta que vino a Berlín, donde encuentra constantemente la huella
de una cultura judía perdida en el Holocausto. "Me encuentro a mi
mismo y a mi propia identidad en esta ciudad. Me siento más judío en
Alemania que en Israel", explica.
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