Evil
Americans, Poor Mullahs
Spiegel,
Claus Christian Malzahn, 29 de marzo (Traducción al castellano ©
Enkidu): De los alemanes, 48% piensan que Estados Unidos es más peligroso
que Irán, muestra una encuesta nueva, con sólo 31 por ciento que creen
lo contrario. La hipocresía fundamental de los alemanes sobre Estados
Unidos sugiere que ya es tiempo de una ataque de re-educación.
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Un hombre lleva una bandera con la foto de Bush
como Hitler durante una manifestación contra la guerra en Irak, en
2003, llevada a cabo en Leipzig. Los ataques contra Bush son algo así
como un deporte nacional en Alemania. |
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Foto: AP
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Los alemanes han creído en muchas cosas en el curso
de su historia reciente. Han creído en la colonias en Africa y en el
Keiser. Ellos incluso creyeron en el Keiser cuando les dijo que no habrían
más partidos político, sólo soldados en el frente.
No mucho tiempo después, ellos creyeron que los judías
deberían ser colocados en ghettos y en campos de concentración porque
eran enemigos del pueblo. Cuando ellos creyeron en la autopista y que el
Tercer Reich a final de cuentas saldría victorioso. Unos años más tarde,
creyeron en el marco alemán. Ellos creyeron que el Muro de Berlín estaría
ahí por siempre y que sus pensiones estaban aseguradas. Ellos creyeron en
el reciclaje lo mismo que en viajes económicos en jet. Ellos incluso
creyeron en la victoria de Alemania en la Copa Mundial de Futbol soccer.
Ahora ellos creen que Estados Unidos es una amenaza
mayor para la paz del mundo que Irán. Esto fue el resultado de-ninguna-manera-sorprendente,
de una encuesta de opinión de Forsa, llevada a cabo bajo la comisión de
la revista Stern. Los jóvenes alemanes, en particular, –57 por
ciento de quienes tienen entre 18 y 29 años de edad, para ser exactos—
dijeron que consideran a Estados Unidos más peligroso que el régimen
religioso en Irán.
El establishment político alemán, que sin duda
lamentará en voz alta el resultado de la encuesta, en gran medida es
responsable por esta ola de sentimientos anti-estadounidenses. Durante años,
los ministros del exterior del país alimentaron a los alemanes con
historias sobre lo que llaman un “diálogo crítico” entre Europa e Irán.
Era algo como esto: Si somos amables con los ayatollahs, nos acercamos un
poco a ellos y de manera ocasional les apuntamos con el dedo cuando están
siendo traviesos, ellos dejarán de condenar a sus mujeres a la muerte por
“conducta infiel” y dejarán de construir la bomba atómica.
Ese plan
falló en algún momento –un resultado, de forma incidental, que
Washington había anticipado desde hace tiempo. Irán continúa trabajando
sin estorbos en su programa nuclear, el Presidente Mahmoud Ahmadinejad
reacciona a las demandas de Estados Unidos con una muestra ostentosa de
ignorancia. Naciones Unidas se enoja y escribe una resolución.
Otro asunto
en la lista de deseos del Presidente de Irán es la aniquilación de
Israel. Pero eso tomará un poco más de tiempo. Entre tanto, sólo para
asegurar que no se quede sin práctica, el régimen ha secuestrado a 15
soldados británicos hace unos días. Pero aún es toda la culpa de
Estados Unidos –eso es demasiado obvio–.
Mal inherente
Justo hemos
sabido cómo son desde hace mucho tiempo. Karl May, autor alemán del
siglo XIX, nos enseñó sobre el Viejo Oeste de Estados Unidos, y Karl
Marx nos advirtió sobre el capitalismo desenfrenado. Además, todos hemos
estado ahí al menos una vez –de vacaciones, por supuesto–. Estar en
California o en Florida (ahí es donde obtienes las mejores ofertas sobre
renta de autos, ya sabes), podemos ver de inmediato a través de los
estadounidenses.
Para
nosotros, alemanes, los estadounidenses son ya sea demasiado gordos o
demasiado obsesionados con el ejercicio; demasiado remilgados o demasiado
pornográficos; demasiado religiosos o demasiado nihilistas. En términos
de historia y relaciones exteriores, los estadounidenses han sido ya sea
demasiado aislacionistas o demasiado imperialistas. Ellos simplemente
continúan e invaden países extranjeros (algo que nosotros, los alemanes,
por supuesto que nunca haríamos) y luego los abandonan, en la forma en
que hicieron en Vietnam y pronto lo harán en Irak.
Lo peor de
todo es que los estadounidenses ganaron la guerra de 1945. (Bueno, con la
ayuda alemana, por supuesto –de Einstein y sus pares–). Hay algunos
alemanes que nunca perdonarán que Estados Unidos por su Día V (7 de
mayo, N/Enkidu), cuando ellos derrotaron a Hitler. Después de todo, el
Nazismo sólo fue un accidente, mientras que los estadounidenses son
inherentemente malos. Sólo mira al Presidente Bush, el hombre que, como
algunos de los lectores de Spiegel creen firmemente, “es peor que
Hitler”. Ahora eso nos da una oportunidad de matar dos pájaros de un
tiro. Si Bush es como Hitler, entonces nosotros, alemanes, finalmente
hemos descargado al Führer en alguien más. De hecho, no tendremos que
revocar de manera póstuma su ciudadanía alemana, como los políticos de
la Baja Sajonia, recientemente pospuesta. ¡Nadie
puede dejar de percibir nuestro talento por el simbolismo!
El
sentimiento anti-estadounidense es la droga de las maravillas para la política
alemana. Si nadie cree lo que tú estás diciendo, toma la oportunidad
contra los yanquis y estarás allanando tu camino a la cima en las
encuestas de opinión en muy poco tiempo. Y en el lado práctico, puedes
ser el líder del Partido Socialdemócrata y ganar la simpatía de ti
mismo al corazón duro del partido con una carga de disparates anti-estadounidenses
y, con todo, aún ser invitado de regreso a Washington – sólo mira a
Gerhard Schröder. De hecho, podrías, como los políticos más
importantes de Alemania en el debate sobre el escudo de misiles
estadounidenses en Europa, ser acusado de tener “una falta de
conocimiento casi inverosímil” por un ex general de OTAN e incluso que
eso no importase. Todo es sobre lo que tú crees y no sobre lo que tú
sabes.
El anti-estadounidismo
es una hipocresía en su más fina expresión. Puedes pasar tu tarde
pillando el episodio más reciente de “24” y entonces quejarte sobre
Guantánamo a la mañana siguiente. Tu puedes clamar que los
estadounidenses deben culparse a sí mismos por el terrorismo, mientras
que al mismo tiempo instas a restricciones más fuertes sobre la inmigración
musulmana en Alemania. Tu puedes llamar al Presidente de Estados Unidos un
asesino de masas y reservar un vuelo a Nueva York para el día siguiente.
Tu puedes lamentar la supuesta falta de cultura del estadounidense
promedio e inteligencia y, al mismo tiempo, despachar documentos para la
lotería de la Green Card.
No pasa un día en Alemania en que alguien no esté haciendo los reclamos
más descabellados, arrojando los insultos más viles o esparciendo las
teorías de conspiración más extravagantes sobre Estados Unidos. Pero no
existen riesgos inherentes y todo sirve en principio para estimular el
sentimiento alemán de superioridad moral.
No tan seguro
Irán es una historia diferente. La vez anterior que alguien hizo un
chiste en la televisión alemana sobre un líder iraní, el resultado no
fue agradable. Exactamente hace 20 años, el presentador holandés, Rudi
Carell produjo un sketch breve para la TV retratando al Ayatollah Khomeini
vestido en ropa interior de mujer. Carell recibiò amenazas de muerte. La
pieza, que duraba apenas unos segundos, llevó a la cancelación de vuelos
y a que diplomáticos alemanes fueran expulsados de Teherán. Carell se
disculpó. Los chistes sobre los gordos estadounidenses son apenas más
seguros.
Daniel Jonah Goldhagen, el historiador estadounidense, en cuyo libro de
1996 “Hitler’s Willing Executioners” [“Los Ejecutores Voluntarios
de Hitler”], priva a los alemanes de la creencia de que ellos no sabían
lo que estaba ocurriendo en ese entonces, estudia actualmente la historia
de los genocidios del siglo XX. Una de las cosas que él ha notado es que
los líderes políticos o militares que planearon genocidios y que los
llevaban a cabo rara vez ocultaban sus intenciones con antelación. Ya
fuesen sus víctimas Hereros, Armenos, Kulaks, Judíos o, después,
Bosnios, los perpetradores, en general, creyeron que ellos estaban
justificados y que no tenían razón para esconder sus intenciones
asesinas.
El día de hoy, cuando Mahmoud Ahmadinejad, el Presidente de Irán, habla
sobre un mundo sin Israel mientras que sueña con tener una bomba atómica,
parece obvio que nosotros –como alemanes entre todos los pueblos–
deberíamos estar sumando dos mas dos. ¿Por qué Ahmadinejad no debería
querer decir lo que asegura? Pero nosotros, alemanes, sólo sabemos lo que
creemos.
¿Los estadounidenses son más peligrosos que los ayatollahs? Tal vez los
estadounidenses deberían tomar a los alemanes en su palabra por una ocasión.
Es la hora de que ocurra una nueva ronda de reeducación. La última,
obviamente, no logró sus objetivos.
Claus Christian Malzahn es el jefe de la oficina de SPIEGEL en Berlín.
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