Mujeres e indígenas
reclaman reconocimiento
Por Dalia Acosta
LA HABANA, 30/04/2007 (IPS) - Activistas de
organizaciones de mujeres e indígenas reunidos en La Habana reclamaron su
lugar en los movimientos sociales de América Latina, en contra de
conceptos discriminatorios que subsisten.
El machismo predominante, incluso en el seno de grupos
considerados progresistas y de izquierda, coloca a la población femenina
en una posición similar a la de los pueblos originarios, cuya
singularidad se menosprecia, afirmaron los activistas. Ambos aparecen al
margen de propuestas calificadas de alternativas, pero que perpetúan
viejos cánones de dominación, apuntaron.
Para la argentina Diana Maffía, las feministas se comprometen "con
otras emancipaciones sociales, aun cuando no sean aquellas que van a
impactar de manera directa en nuestros cuerpos y en nuestras vidas, porque
lo harán en el tipo de sociedad en la que queremos incluirnos, sin
subordinados y subordinantes".
Maffía es activista de Feministas Inconvenientes, que en su "manifiesta"
fundacional adopta el feminismo "como crítica radical a un sistema
capitalista y patriarcal" sostén de un mundo en el que "la
mayoría de las mujeres y otros colectivos minorizados, oprimidos por su
opción sexual o identidad de género, por su cultura o creencias
diferentes de la hegemónica", sufren avasallamiento de su autonomía
y sus derechos.
"Queremos que las utopías del feminismo también sean apropiadas
como utopías de lucha personal por otros movimientos sociales", dijo
Maffía a IPS. A su juicio, quienes luchan por el ambiente, contra el
trabajo esclavo, la exclusión de las diversidades sexuales y de los
inmigrantes deben incorporar "cuál es la situación de la opresión
de género en el mundo".
"Creemos que si no se incorpora este tipo de opresión a las luchas
por la liberación, nuestras vidas habrán quedado iguales y habremos
pasado de largo de otra revolución", aseveró.
Doctora en filosofía de la Universidad de Buenos Aires, la argentina
estima que en sus palabras confluyen las voces de otros sectores sociales
oprimidos. "Si yo no puedo portar todas esas voces, es muy difícil
que mi discurso, aun siendo emancipador, logre insertarse en un cambio
colectivo", señala.
En una conferencia durante el VII Taller Internacional sobre Paradigmas
Emancipatorios, que concluye este lunes en la capital cubana, Maffía
sostuvo que el mayor desafío ético para los movimientos sociales es
"recuperar la polifonía de las voces", sobre la base de
"la escucha sensible de la diversidad".
La activista resaltó la exclusión de las mujeres, quienes poseen apenas
tres por ciento de los medios de producción, a pesar de que trabajan como
promedio seis horas más que los hombres y no reciben remuneración por
las labores domésticas.
Al taller asistieron más de 500 personas, la mayoría de Cuba, y unas 200
de organizaciones sociales, instituciones académicas, ecuménicas y
religiosas, intelectuales y especialistas en teología de otros 26 países,
convocados por el grupo América Latina: Filosofía Social y Axiología
del Instituto de Filosofía cubano y por el no gubernamental Centro
Memorial Dr. Martin Luther King Jr.
El encuentro incluyó testimonios y debates en plenario y varios espacios
para la reflexión colectiva sobre patriarcado y capitalismo, los
movimientos sociales y la integración latinoamericana, la civilización
productivista y depredadora del capital y las alternativas frente a la
cultura y la comunicación hegemónicas.
Aunque el ascenso de la izquierda latinoamericana al poder político en
varios países ha renovado las esperanzas de los pueblos indígenas de
salir del olvido al que están sometidos desde tiempos de la colonia española,
el respeto a su identidad como naciones constituye un reclamo todavía
incomprendido, dijeron participantes.
"Defiendo la revolución, pero en conjunto, desde la
plurinacionalidad, desde la diversidad", dijo a IPS Blanca Chancoso,
líder de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie).
"El problema es que hasta ahora toda la vivencia y quizás los
planteamientos de los pueblos indígenas han sido tomados como una cuestión
cultural, folklórica, pero no como un ente político que igualmente hace
contribuciones desde lo que sabe", manifestó.
Chancoso recordó que los pueblos indígenas en la práctica han vivido ya
el socialismo, el comunitarismo y las economías solidarias, un legado
"que desde la invasión (colonial europea) han tratado de pisotear y
de ir olvidando".
"No estoy para que sólo vean las diferencias por cómo visto, sino
porque también estamos aportando a la construcción de alternativas",
apuntó la activista de origen quechua, quien consideró necesario el
reconocimiento de la existencia de "pueblos con historia, que de
alguna manera tienen su propia gobernabilidad y sus normas".
"No queremos que nos vean como los pobrecitos, aislados, ni tampoco
nos confundan por el número de gente, sino porque realmente somos
pueblos", remarcó Chancoso. "Tiene que cuajarse esa alternativa,
pues sin nosotros no habrá una verdadera revolución", afirmó.
Más de un siglo después de haberse consumado la independencia de la
mayoría de las antiguas colonias europeas en América Latina, algunos
consideran que determinadas concepciones del sistema colonial siguen
pesando, incluso en las ideas de los movimientos que proclaman la
emancipación continental.
"Nuestro pensamiento está colonizado en muchos niveles, no sólo en
el de la vida cotidiana, donde reproducimos relaciones de opresión y de
exclusión que damos por naturales, y las lógicas de quien coloniza al
otro, sino también en el ámbito del pensamiento social, de la filosofía",
consideró Gerardo Cerdas, coordinador en América Central del no
gubernamental Grito de los/las Excluidos/as.
Esa entidad promueve desde 1995 una propuesta de acción para los
movimientos sociales que ponga énfasis en el protagonismo de los sectores
excluidos en la transformación social, la necesidad de articulación de
las organizaciones populares y el reconocimiento de que todas las luchas
responden a una misma realidad de marginación.
A juicio de Cerdas, "las situaciones de opresión son vividas por las
personas como naturales", por lo que no siempre comprenden el vínculo
entre esquemas de dominación históricamente construidos y el no tener qué
comer, dónde vivir, o hacerlo de manera precaria.
A pesar de esa persistencia de esos patrones en todas las esferas de la
vida en la región, "también estamos llenos de una búsqueda de
nuevos horizontes, y creo que por eso sí es posible revertir la situación
de miseria y exclusión que vive el continente", aseguró Cerdas.
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