El pueblo no se puede
comunicar con el pueblo
Por Constanza Vieira
BOGOTÁ, 30/04/2007 (IPS) - Cuando en una comunidad
colombiana se comete un asesinato en el marco de la guerra, los lugareños
saben quién fue: si paramilitares de ultraderecha, guerrillas de
izquierda o la fuerza pública. Si hubo combates, o si los cadáveres
presentados por televisión como trofeo por algún oficial son en verdad
de civiles ejecutados.
Pero esa verdad poco trasciende a los medios de
comunicación, dice en esta entrevista con IPS el sacerdote jesuita, sociólogo
y jurista autodidacta Javier Giraldo, fundador de la Comisión
Intereclesial de Justicia y Paz, que acompaña a comunidades en las
regiones más violentas, las asesora legalmente y difunde sus denuncias.
En Colombia, "el pueblo no se puede comunicar con el pueblo" y
así el derecho a la información y a la comunicación no existe más que
para una minoría, señala.
Giraldo dirige el Banco de Datos sobre Derechos Humanos y Violencia Política
del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), que lleva las
cuentas de los muertos hace 19 años. Sin ese registro, se hubiera perdido
la memoria de decenas de miles de asesinatos, torturas y desapariciones en
décadas de guerra. También es motor del Proyecto Nunca Más, un
gigantesco listado cronológico de crímenes de lesa humanidad cometidos
desde 1965, región por región del país andino.
El sacerdote representa a víctimas ante la justicia colombiana e
interamericana y enseña a campesinos e indígenas la importancia de
anotar y denunciar las violaciones a los derechos humanos, cómo acudir a
las autoridades de control o a los tribunales internacionales, y para qué
servirá la Corte Penal Internacional, cuyo mandato entrará en vigencia
en Colombia en 2009.
IPS: --Usted tiene una visión nacional de lo que ocurre en Colombia, y de
lo que finalmente se publica. Háblenos de esa fractura.
Javier Giraldo: --Conocí pueblos en el Caquetá (departamento del sur) en
los que podríamos decir que en los años 80 ningún joven que superara
por ahí los 15 años escapó de la tortura. Hubo una tortura generalizada.
¿Qué se informó de eso? Ninguno de esos crímenes, que fueron
registrados por organismos locales, trascendió al nivel de información
nacional. Y fueron centenares. ¿Cuál es la lectura de la realidad
nacional que está consumiendo la mayoría de la población? Se está
elaborando una imagen para consumo masivo que está lejísimos de la
realidad real, sobre todo en este campo de los derechos humanos. Hay que
distinguir la libertad de prensa del derecho a la información. Se podría
decir que en Colombia existe libertad de prensa, en la medida en que el
que tenga muchísimo, muchísimo dinero, puede crear un medio e informar y
opinar como quiera. Con algunos bemoles, ciertamente. Porque si la
información que da se sale de unos parámetros, el medio comienza también
a correr riesgos. Y por eso, incluso periodistas muy connotados hablan de
autocensura hace muchos años. El periodista aquí tiene que saber que sus
opiniones no pueden ir muy en contra de la opinión oficial, porque los
riesgos son grandes. El problema en Colombia es que no existe el derecho a
la información. Este implicaría que uno pueda tener una información
veraz y que la mayoría de la gente, o por lo menos de los sectores
organizados de la sociedad, puedan comunicar a la opinión pública lo que
está pasando y su lectura propia de los hechos. Eso no es posible en
Colombia.
--¿Internet no está cambiando eso?
--Es para franjas muy pequeñas de la población, intelectuales que tienen
acceso a eso. Pero para la inmensa mayoría de la población colombiana no
es accesible.
--¿Cuál es la razón?
--Económica.
--¿Cuánto cuesta una hora de Internet en alguna región donde usted haya
estado últimamente?
--No es sólo lo que cueste una hora o un minuto. El problema es todo lo
que supone en capacitación técnica, en niveles de educación, que tiene
solamente una franja muy pequeña de la población. La inmensa mayoría se
alimenta de los noticieros de televisión y de radio, porque ni siquiera
la prensa escrita es accesible para muchísima gente. La gente no puede
comprar diariamente un periódico. Cuesta mucho, pero tampoco hay cultura
de la lectura en franjas muy grandes de la población colombiana. El
planteamiento de fondo es que la información se concibe como una mercancía,
y yo diría que hay que considerarla como un servicio público y como un
derecho fundamental de la población. Porque el pueblo no se puede
comunicar con el pueblo. Se comunican unas capas privilegiadas que
distorsionan la realidad según sus intereses. Ellos sí tienen derecho a
comunicarse.
--Las víctimas de la violencia, ¿cómo nos ven a los periodistas?
--Veo que la verdad de las víctimas es una verdad amordazada. Y lo está,
en primer lugar, por el miedo. Por el terror que se ha sembrado y que cohíbe
completamente a la gente, a las víctimas, a los familiares… de hablar y
denunciar. Mientras eso siga así, yo creo que aquí no hay ninguna
posibilidad de verdad, justicia y reparación. Pero también está la
presión de los grandes medios. La gente sabe muy bien que cuando llegan
los medios a los sitios donde hay una tragedia, los periodistas no quieren
comprometerse. Simplemente les ponen el micrófono a las víctimas, a los
testigos, para que hablen, y hacen recaer todo el riesgo sobre ellos. Lo
mismo ocurre con las autoridades que dan la versión deformada de los
hechos. Hay una masacre, por ejemplo atribuida al ejército, y llega el
periodista y le pone el micrófono al oficial más cercano. Este da su
versión, y no hay ningún contra interrogatorio para exigirle, por lo
menos, que esa versión tenga un sustento creíble. Como un dogma que debe
ser creído por todo el país. Entonces, el periodista termina ahí su
trabajo. Y así hemos consumido millones de informaciones falsas. En el
Banco de Datos que yo coordino, en el último año hemos tomado la decisión
de no volver a publicar las informaciones relativas a las llamadas
acciones bélicas. Porque fuimos descubriendo que la única fuente que teníamos
para informar sobre ese tipo de hechos era la prensa y la prensa era
simplemente un reflejo de la fuente militar.
--Otra fuente disponible sobre bajas es la guerrilla. ¿Qué problema le
ve?
--No son imparciales.
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