Radio Nederland, Eric Hesen, 31/05/2007: En
Groninga, en el norte de Holanda, al menos cinco hombres fueron drogados y
luego infectados intencionalmente con el virus VIH del SIDA. La policía
ha detenido a tres sospechosos, que organizaban encuentros sexuales en
domicilios particulares. Cuando los invitados se negaban a tener
relaciones sexuales sin protección, eran drogados y luego se les
inyectaba sangre contaminada con el virus del SIDA.
Dos de los tres detenidos ya ha confesado. Según
la policía, lo hacían por la gratificación que esto les producía. Los
tres detenidos, que constantemente iban a la búsqueda de homosexuales
como parejas para el sexo sin protección, ya eran portadores del virus.
"Les proporcionaba una sensación de poder", relata Ronald
Zwarter de la policía de Groninga. "Buscaban relaciones sexuales con
una persona que no se pudiera resistir. Pensaban que le hacían un favor,
un regalo, ya que, una vez contagiados, no necesitaban preocuparse más
sobre el riesgo de contagio." En los círculos de homosexuales, un
contagio intencional, con autorización, se suele llamar "ghivt"
(un juego de palabras en inglés, combinando HIV con la palabra
"gift", que significa regalo).
Durante meses corrían rumores sobre casos de
inyecciones que serían aplicadas voluntariamente en fiestas homosexuales.
Sin embargo, la policía no podía intervenir por falta de suficientes
denuncias concretas. Según la policía, las víctimas temían que su
naturaleza sexual saliera a la luz o se descubriera su asistencia a este
tipo de encuentros.
La droga de la violación
Las víctimas eran atraídas a las reuniones
sexuales a través de los chats de Internet. Los encuentros tenían lugar
en la casa de los sospechosos pero, en ocasiones, también en la de las
víctimas. La última víctima recibió una bebida que contenía la droga
GHB, que provoca un estado de embriaguez, sufren pesadez y somnolencia y
después ya no pueden recordar lo sucedido. En ese estado de indefensión
las víctimas eran inyectadas con sangre infectada de VIH.
La droga GHB es conocida también como la droga de
la violación. En los últimos meses crecen los informes en Holanda sobre
casos de mujeres que dicen haber sido violadas después de que un hombre
echara GHB en su bebida. La droga desaparece del cuerpo un par de horas
más tarde, por lo que es prácticamente imposible probar que fue sexo sin
consentimiento. En la casa de los sospechosos se encontró una gran
cantidad de GHB.
Otras víctimas
Los sospechosos han declarado ante la policía los
nombres de posibles víctimas. Estas serían otras personas, distintas de
aquellas que, entretanto, ya han presentado su denuncia. La policía
presume por ello que los sospechosos han dejado un número mucho mayor de
víctimas. Después de que la justicia hiciera público el caso, el martes
por la tarde, ya se presentaron ocho personas a la policía que, de una u
otra manera, han estado involucradas en esas reuniones sexuales. También
el servicio municipal de salud, GGD, en Groninga, supone que aparecerán
nuevas víctimas. "Hemos repartido volantes entre establecimientos de
bares y restaurantes en Groninga", relata Marco ter Harmsel del GGD
en Groninga. "La gente puede someterse gratuitamente a un análisis
y, si lo prefiere, puede presentar una denuncia de forma anónima. Los
médicos de cabecera han sido informados al igual que otras instancias de
sanidad. Hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance para ponernos en
contacto con eventuales víctimas."
Homicidio
La Justicia en Groninga llevará a los detenidos
ante el tribunal bajo la acusación de intento premeditado de infligir
lesión. Para ese delito existe una pena máxima de prisión de 16 años,
lo máximo alcanzable según el Ministerio Público. Hace unos años, el
Tribunal Superior, el máximo colegio legal en Holanda, determinó que, en
caso de contagio intencional del virus VIH, no se puede demostrar que haya
habido intento de homicidio o asesinato. Según el Tribunal Superior, la
probabilidad de que una persona infectada de VIH finalmente sucumba a la
enfermedad del SIDA es demasiado reducida en la actualidad. Además, como
determinó el Tribunal Superior en sentencias anteriores, los autores no
tenían la intención de provocar la muerte de sus víctimas. Según el
Tribunal Superior ni siquiera se podía demostrar intención condicional,
o sea, correr conscientemente el riesgo de llegar a la muerte de una
persona. Por otra parte, en todos esos casos se trataba de relaciones
sexuales consentidas, en las que el sospechoso había ocultado su
condición de seropositivo.