DW WORLD: Como siempre que tiene
lugar un evento de estas características, hay marchas previstas para
protestar contra la cumbre. ¿Qué es lo que no saben transmitir los
mandatarios de las primeras potencias mundiales para que se genere tanto
rechazo en la sociedad?
Alfonso Barnuevo: Parece que se trata de un
problema de imagen. Es evidente que las reuniones de G8 son percibidas por
parte de algunas asociaciones y su público conexo como una reunión de
los poderosos del mundo que toman decisiones de alto alcance que les
afectan directamente, sin que hayan tenido la posibilidad de influir en la
elaboración de las mismas, con la contradicción de que contravienen los
principios democráticos que el propio G8 defiende.
Las reuniones del G8 constituyen una ocasión
propicia para que aquellos que no están satisfechos con la marcha de la
economía y política mundiales o de su país lo manifiesten directamente
ante los representantes de los países más acaudalados, como consecuencia,
precisamente, del efecto mediático que tienen las reuniones de G8.
En este sentido resultaría oportuno que en los
comunicados del G8 incidiera en que su objeto es intercambiar puntos de
vista sobre la situación económica y no económica mundial pero que las
decisiones correspondientes se adoptan en los foros internacionales
competentes.
DW WORLD: ¿Y respecto a la
presencia de los países llamados “emergentes” –Brasil, China,
India, México y Sudáfrica? ¿Cuál debe ser su papel en la cumbre?
Alfonso Barnuevo: Parece positivo desde un
punto de vista de imagen que otros países destacados, ya sea por el
potencial económico que están adquiriendo, ya sea por el tamaño de su
población, participen de una u otra forma en el G8, ya sea a tiempo
parcial o no, o exclusivamente en la reunión de Heiligendamm, puesto que
estarían en condiciones de transmitir de primera mano las preocupaciones
de países que no pertenecen al grupo de los más acaudalados.
En segundo lugar, su papel en la cumbre del G8,
como el de los restantes participantes, debería ser la de intercambiar
información y opiniones sobre la situación económica y general mundial.
España no puede dejar de manifestar que su
economía ha sobrepasado la de alguno de los participantes, por lo que se
siente discriminada por el G8, como también ocurrirá con otros países,
por no participar, lo que denota, de nuevo, un cierto grado de
arbitrariedad y defecto democrático en las decisiones que toma el G8, en
este caso en cuanto a la invitación a los países para que participen en
las cumbres.
DW WORLD: ¿Cómo valora la
presencia en la cumbre del G8 de países como Senegal, Egipto, Argelia,
Nigeria y Ghana? ¿Qué pueden aportar? ¿La canciller Merkel ha anunciado
que apostará por un nuevo impulso a las ayudas a Africa. ¿Cómo se
posiciona el gobierno español?
Alfonso Barnuevo: Sin duda que estos
países podrán aportar su especial sensibilidad sobre los temas del
subdesarrollo, y sobre todo la esperanza de su población y de la de los
demás países del tercer mundo, a quienes en definitiva representan, de
que su situación y sus demandas sean finalmente atendidas.
El gobierno español valora muy positivamente el
anunció de la canciller Merkel de impulsar la ayuda al desarrollo
destinada al continente africano.
España está firmemente comprometida con la lucha
contra la pobreza y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del
Milenio (ODM). Este cambio cualitativo y cuantitativo se está viendo
reflejado en África Subsahariana, región que se ha convertido en una
prioridad para la política exterior y de cooperación de España,
precisamente por el compromiso de nuestro gobierno con la lucha contra la
pobreza y el apoyo a los Países Menos Avanzados (la mayor parte de los
cuales se encuentran en el continente africano), tomando este continente
como referencia para el cumplimiento de los ODM.
Así ha quedado reflejado en el Plan Director de
la Cooperación Española 2005 – 2008, que incluye 14 países africanos
como destinatarios de la ayuda española frente a los 8 países africanos
del anterior Plan Director. Asimismo, establece el mandato de potenciar
las iniciativas regionales africanas establecidas y gestionadas por los
propios africanos como son la Unión Africana (UA) y NEPAD, en connivencia
con la Declaración de París y los principios de apropiación y
alineamiento.
Por parte de los países afectados, señalar que
también deben contribuir a crear las condiciones necesarias de
estabilidad con un marco jurídico adecuado, para atraer las inversiones
privadas, pues no es suficiente la sola actuación de los sectores
públicos.
DW WORLD: ¿Espera el gobierno
algún tipo de movimiento en referencia a la cuestión de la inmigración?
Alfonso Barnuevo: Interesaría que el G8 se
refiriera al tema de la inmigración, en la medida en que la principal
causa de la migración africana es económica y por lo tanto constituye un
claro reflejo de la poco satisfactoria situación económica de muchos
países africanos.
España viene defendiendo, tanto a nivel bilateral
como multilateral, y especialmente en el seno de la Unión Europea, un
enfoque integral de la gestión de los flujos, de manera que se traten
todos sus aspectos y no exclusivamente los securitarios. En este sentido,
España ha planteado la necesidad de desarrollar iniciativas que permitan
establecer cauces migratorios legales alternativos a los clandestinos y
que fomenten el desarrollo africano, en la medida en que se considera que
la inmigración es un fenómeno positivo en sí mismo para los países de
origen, tránsito y destino, así como para el migrante, siempre y cuando
se gestione de manera adecuada.
Así, destacan iniciativas tendentes a vincular la
migración y el desarrollo, crear condiciones de contratación legal en
los países de origen (migración circular, “paquetes de movilidad”,
campañas de información, refuerzo de capacidades) y mantener un diálogo
político con los países emisores que permita actuar de manera conjunta y
consensuada sobre el fenómeno.
No obstante, para lograr estos cauces legales, es
preciso además continuar con la lucha contra la inmigración ilegal, por
el perjuicio que genera a las sociedades de origen y acogida y
fundamentalmente al propio migrante, desincentivando el recurso a estas
vías y fomentando los cauces de entrada regulares.
DW WORLD: Uno de los temas centrales
del encuentro, a petición alemana, será el cambio climático. ¿Cree que
es posible llegar a acuerdos concretos en este punto pese a las
reticencias de los Estados Unidos?
Alfonso Barnuevo: Los díalogos sobre
Cambio Climático en el marco del G-8 tienen el valor añadido de mantener
vías abiertas de colaboración y de diálogo con aquellos países que,
como EEUU, no aceptaron someterse a las reducciones de emisiones previstas
en el Protocolo de Kyoto. Este año están apareciendo nuevos datos
científicos, presentados por el Panel Internacional de Cambio Climático,
que van consolidando el consenso científico sobre las causas y los
efectos del cambio climático.
En EEUU, algunos estados, la sociedad y un buen
número de empresas no han compartido la rígida posición de la
Administración Bush, y se van abriendo posiciones cada vez más
favorables a que EEUU adopte medidas de mitigación. La transformación
teconológica que ello requiere, en búsqueda de nuevas fuentes de
energía, en medidas de ahorro energético, etc, es vista como una
oportunidad económica de la que EEUU no debería quedar al margen.
Por otro lado es también creciente el interés de
la sociedad norteamericana hacia los problemas que plantea la adaptación
al cambio climático. Creo que es una cuestión de tiempo que EEUU se sume
a los esfuerzos que ya está realizando la UE en este terreno.
DW WORLD: ¿Qué resultados espera
el gobierno español de la cumbre del G8 en Heiligendamm, que se centrará
sobre todo en cuestiones de economía y seguridad?
Alfonso Barnuevo: Podría, primero,
infundir confianza en la marcha de la economía constando el buen momento
general de crecimiento que vive la economía mundial, que es necesario
mantener en los próximos años, y la necesidad de solidaridad en un mundo
globalizado.
Para ello es urgente llegar a un acuerdo en la
Ronda de Doha de la OMC, en la que hay que lograr un acuerdo equilibrado
con el G77 en el que todas las partes hagan las concesiones que se
requieran con objeto de que el resultado no sea perjudicial para todos.
El G8 podría advertir sobre los peligros, a medio
y largo plazo, que para la seguridad internacional puede tener la
cartelización de los mercados energéticos, y la necesidad del
establecimiento de mercados energéticos diversificados y transparentes.
Necesidad de que en un mundo globalizado la
prosperidad también se globalice para que no haya inseguridad.
Podría también condenar toda forma de terrorismo
y aludir a la necesidad de poner un término a la intolerancia, y en este
contexto podría aludir a la Alianza de Civilizaciones.