| Mientras que la Guerra entra a los Salones de
Clase_el Temor se Apodera de los Afganos

FOTO: Joao Silva para The New York Times
Los niños entran al salón de clases para un examen el lunes en la Escuela
Qalai Sayedan, en la Provincia de Logar, Afganistán.
Mientras que la Guerra entra
a los Salones de Clase, el Temor se Apodera de los Afganos
Qalai Sayedan, Afganistán, New York Times, Barry Bearak, 10 de julio (Traducción al castellano AVS/Enkidu): Con su profesor ausente, se permitió
que 10 estudiantes salieran de la escuela temprano. Ellas fueron las niñas
que los hombres armados vieron primero, 10 blancos fáciles, caminando de la
mano por una puerta de metal azul y en el camino polvoso y con viento.
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FOTO: Joao Silva para The New York Times
Más de la mitad de escuelas en el país existen sin edificios y se ven
forzados a tomar las clases en tiendas o bajo los árboles. |
MAPA: The New York Times |
El sonido discordante de las armas de fuego resonando contra la quietud. Una
niña de 13 años llamada Shukria fue herida en el brazo y la espalda y luego
tambaleó hacia el café mullido de un campo de trigo adyacente. Zarmina, su
hermana de 12 años de edad, corrió a su lado, oyendo el aliento precioso de
su hermana herida e intentando ayudarle a mantenerse de pie.
Pero Shukria era demasiado pesada para levantarla y los dos hombres, sentados a horcajadas sobre una sola motocicleta, se acercaban con rapidez.
Mientras Zarmina se escabullía, los hombres tomaron un objetivo más estudiado en quienes ya habían disparado, asesinando a Shukria con tiros en
su estómago y corazón. Luego, los atacantes parecieron sucumbir a la locura
que habían iniciado, abandonando la motocicleta y huyendo a pie en medio del
pánico, dos cabezas se movían —una dentro de un casco, la otra envueta en
una pañoleta— desvaneciéndose entre el color de barro del trigo.
Seis estudiantes recibieron disparos aquí la tarde del 12 de junio, dos de
ellos con heridas fatales. La Escuela Qalai Sayedan —considerada entre las
mejores de la provincia central afgana de Logar— reabrió apenas el fin de
semana pasado, pero incluso con los guardias equipados con Kalashnikov en las puertas, sólo un cuarto de los 1,600 estudiantes se han atrevido a
regresar.
Disparos, decapitaciones, incendios y bombazos: estas son todas herramientas
de intimidación utilizadas por los Taliban y otros para cerrar cientos de
escuelas públicas en Afganistán. Tomar como objetivo la educación es hacer
la guerra al gobierno.
Se deja a los padres con elecciones peculiares. “Es mejor para mis hijos
estar vivos, incluso si eso significa que deben ser analfabetas,” dijo Sayed
Rasul, un padre que decidió retener a sus dos hijas en casa por un día.
Afganistán seguramente ha mostrado algún progreso hacia el desarrollo, pero
la mayoría de la nación con frecuencia parece a horcajadas sobre algun penoso caballo que tambalea, con cada tumbo adelante inevitablemente un paso
atrás por la primavera al revés de la dura realidad.
Las escuelas son un vivo ejemplo. El Ministerio de Educación clama que 6.2
millones de niños se encuentran ahora inscritos, o alrededor de la mitad de
la población en edad escolar. Y mientras que las estadísticas en Afganistán
pueden ser creadas y poco fiables, no hay duda de que la asistencia se ha multiplicado mucho más allá de lo que sucedía en cualquier momento anterior,
con niños uniformados que ahora llenan las calles todos los días, inundando
los salones de clase en dos y tres turnos.
Un tercio de estos estudiantes son niñas, una maravilla en sí misma. De manera histórica, la educación de las niñas había sido subestimada en la
cultura afgana. Las niñas y las mujeres tenían completamente prohibido asistir a la escuela durante el régimen Taliban.
Pero después de 30 años de guerra, este es un país sin tiempos normales para
reclamar; en muchas formas, Afganistán debe iniciar desde cero. La demanda
acelerada por la educación es burlada por el abasto limitado. Más de la mitad de las escuelas no tienen edificios, acorde con el Ministerio de
Educación; las clases son dadas, comúnmente, en tiendas o bajo árboles o en
el baño brutal del cielo abierto, bajo el sol.
Sólo el 20 por ciento de los profesores cuentan con una cualificación mínima. Los textos son obsoletos; cientos de títulos necesitan ser escritos
y millones de libros necesitan ser impresos. Y luego está la violencia. En
las provincias del sur, donde los Taliban son más agresivos en su combate a
las tropas de Estados Unidos y la OTAN, la educación se ha convertido virtualmente en un alto en áreas grandes de las regiones en conflicto. En
otras áreas, los ataques contra las escuelas son esporádicos, impredecibles
y desconcertantes.
En la estimación del Ministerio, han habido 444 ataques desde agosto pasado.
Algunos de estos fueron robos simples. Algunos fueron casos de tiendas que
fueron incendiadas. Otros fueron asesinatos audaces bajo el sol del medio día.
“Al atacar las escuelas, los terroritas desean convencer sobre su propia
existencia,” dijo Mohammad Hanif Atmar, Ministro de Educación.
Educado en Occidente y particularmente energético, Atmar es el quinto Ministro de Educación del país en cinco años y medio, pero sólo el primero
en encabezar el entusiasmo sólido de los donantes internacionales. Muchos en
el gobierno está inundado por la corrupción y el amiguismo. Pero Atmar llega
a este trabajo luego de mostrar gran capacidad como Ministro de Desarrollo
Rural.
El ha establecido un plan ambicioso de cinco años para la construcción de
escuelas, la capacitación del profesorado y un currículum modernizado. El
también ha sido el paladín de un rastro paralelo de madrasas, o escuelas
religiosas; los estudiantes centrarían su atención en los estudios islámicos
mientras que también estudian ciencia, matemáticas y artes. “Esta sociedad
necesita educación con base en la fe y seremos felices de proveerla sin enseñar violencia ni el abuso a los derechos humanos,” dijo Atmar.
Para tener éxito, el Ministro debe proveer un magneto para el dinero
extranjero. Y los donantes no han sido usualmente generosos cuando se trata
de las escuelas. Desde la caída del régimen Taliban, la Agencia de Estados
Unidos para el Desarrollo Internacional [United States Agency for International Development] ha destinado sólo el 5 por ciento de su
presupuesto para Afganistán a la educación, comparado con 30 por ciento para
los caminos y 14 por ciento para la energía.
Virtualmente, cada escuela afgana es un bloc de dibujos de extraordinaria
miseria. “Yo tengo 68 niñas que se sientan en la tienda,” dijo Nafisa
Wardak, una profesora de primer grado en la Escuela Deh Araban Qaragha, en
Kabul. “Es un lugar caliente. La tienda está llena de moscas. El viendo
sopla arena y basura por todos lados. Si una niña se enferma ¿a dónde puedo
enviarla?”
La necesidad arrolladora de la nación para tener salones de clase con muros
hace los asesinatos de Qalai Sayedan mucho más trágicos. La escuela recibe a
niños hasta el grado 6 y las niñas hasta el grado 12. Estaba terriblemente
congestionada, con 1,600 estudiantes en sus dos turnos, amontonados en 12 salones de clase y un corredor.
Pero el edificio mismo fue exactamente eso: dos plantas de concreto con un
techo de acero galvanizado, y no una colección de tiendas molestadas por el
clima. Hace dos años, Qalai Sayedan fue nombrada una escuela principal en la
provincia. Su directora, Bibi Gul, fue aclamada por la excelencia y recompensada con un viaje a Estados Unidos.
Sin embargo, los ataques del mes pasado en la escuela han causado que algunos padres se pregunten si la fuerte reputación de la escuela no se
había convertido en fuente de provocación. Qalai Sayedan se encuentra a 40
millas al sur de Kabul y mientras que una docena de otras escuelas en la Privncia de Logar han sido atacadas, ninguna lo ha sido de manera regular, o
malévola, en particular. Hace tres años, Qalai Sayedan fue atacada por cohetes durante la noche. Hace un año, explosivos arrancaron una esquina del
edificio.
En las embajadas de Occidente e incluso dentro del Ministerio de Educación
en Kabul, los Taliban son discutidos comunmente como un adversario monolítico. Pero para los pobladores aquí, con la vida de sus hijos en
riesgo, es demasiado simplista asumir que los ataques fueron simplemente parte de alguna campaña de terror proveniente del extranjero.
La gente ve a los enemigos del gobierno como un grupo variado con quejas
diversas, relaciones tribales distintas y líderes diferentes. Los pobladores
preguntan, ¿alguien en la escuela ha realizado una ofensa grave? ¿Se cree
que la escuela es anti-islámica?
En la mezquita del pueblo, muchos hombres culpan a Gul, el directora. “Ella
no debió haber ido a Estados Unidos sin consultar a la comunidad,” dijo
Sayed Abdul Sami, tío de Saadia, la otra estudiante caída. “Y ella fue a
Estados Unidos sin un mahram, un pariente hombre que le acompañara, y esto
es considerado impropio en el Islam.”
Sayed Enayatullah Hashimi, un anciano de barba blanca, dijo que la escuela
había alardeado de su éxito de manera demasiado abierta. “El gobernador la
visitó,” dijo él de manera despectiva. “El trajo consigo a 20 guardaespaldas
y estos hombres fueron por toda la escuela —incluso entre las niñas de mas
edad.”
La educación es la vía rápida a la modernidad. Y la modernidad se percibe
como sospechosa.
Lejos de la ruta principal, 100 yardas más arriba en el camino polvoriento,
airoso y por medio de la puerta de metal azul, se asienta la escuela. Fue construida hace cuatro años por el gobierno alemán.
El lunes, Gul saluda a cientos de niños que no paran de moverse en la luz
matinal: “Queridos niños y niñas valientes, gracias a ustedes por venir. El
enemigo ha hecho sus actos malévolos pero nosotros nunca permitiremos que
las puertas de esta escuela cierren de nuevo.”
Estos serían algunos de sus momentos finales como directora. Ella ya había
renunciado. “Mi corazón llora,” declaró en privado. “Pero debo dejarlo por
todo lo que la gente dice. Ellos afirman que yo recibí cartas de advertencia
sobre los ataques. Pero no fue así. Y la gente asegura que soy una extraña
porque fui a Estados Unidos sin un mahram. Eramos 12 personas. Yo tengo 42
años de dad. No necesito viajar con un mahram.”
En el pueblo ella viste una burka, envuelta de cabeza a pies en una tela azul lavanda. Es un lugar conservador. Para algunos, la idea misma de niñas
asistiendo a la escuela cuando son adolescentes es una violación a la tradición.
Shukria, la caída de 13 años de dad, era considerada una niñoa educada que
estudiaba con reverencia el Corán. Saardia, la otra estudiante asesinada,
era notable en el hecho de que estaba casada y tenía 25 años de dad. Ella
había rechazado permitir que la edad le impidiese terminar una educación
interrumpida por los años del régimen Talibán. Ella estaba a punto de
graduarse.
Una señal nueva se ha colocado en lo alto del techo de metal. La Escuela Qalai Sayedan ha sido renombrada la Escuela de los Mártires de Saadia
[Martyred Saadia School]. Otro lugar será llamado Shukria Martirizada [Martyred
Shukria].
Durante tres días ahora, los estudiantes han sido solicitados para que regresen a clases. Cada mañana aparecen más de ellos. Las niñas mayores y
las mujeres son claramente las más reacias a regresar.
La casa de Shukria sólo está a unos pasos de la escuela. Nafiza, la madre de
la muchacha, aún estaba demasiado herida con pena para murmurar más de un
par de palabras. El tío de Shukria, Shir Agha, tomó el rol del vocero de la
familia.
“Tenemos un dicho, que si tú vas a la escuela te puedes encontrar a tí mismo
y si tú te puedes encontrar a tí mismo, puedes encontrar a Dios,” indicó él
con orgullo. “Pero para que un menor asista la escuela debe haber seguridad.
¿Quién provee esa seguridad?”
Zarmina, la niña de 12 años de edad que vio a su hermana ser asesinada, fue
llamada al interior de la habitación. Ella no esta lista para regresar a la
escuela, declaró. Incluso el sonido de una motocicleta ahora le hace
esconderse. Pero con seguridad el miedo disminuirá, le aseguró su tío. Ella
debe recordar que ella ama la escuela, que ella ama leer, que ella ama garabatear palabras sobre el papel.
Algún día, ella seguramente regresará a sus estudios, le dijo él.
Pero la niña, con el corazón desconsolado, no podía imaginar esto. “Nunca,”
dijo ella.
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