Torre Bicentenario: Polémica
por lo alto en Ciudad de México
Por Emilio Godoy
MÉXICO, 08/08/2007 (IPS) - Auriestela Cerna levantó
su mano derecha para señalar el sitio elegido por la alcaldía de la
capital mexicana para construir, pese a la oposición de los vecinos, el
edificio más alto de América Latina.
"No es bueno para la ciudad ni para nosotros. Nos
afecta mucho", dijo a IPS Cerna, una maestra jubilada quien vive
desde hace cuatro décadas en la zona noroeste de la ciudad de México,
donde se autorizó a una firma nacional y a otra española a erigir la
llamada Torre Bicentenario.
El alcalde Marcelo Ebrard lanzó la obra de 300 metros de altura el 23
de julio para celebrar el aniversario del inicio de la Guerra de
Independencia con España en 1810, pero la iniciativa se ha topado con
la decidida oposición de los habitantes de las zonas cercanas al
proyecto, en el barrio de las Lomas de Chapultepec, un reducto de la
clase alta de esta ciudad.
La alcaldía ha defendido el rascacielos con el argumento de los
beneficios que supondrá su construcción: una inversión privada de 600
millones de dólares, la generación de 4.400 empleos y el impulso a la
economía de la zona luego de su conclusión en 2010.
Pero los vecinos esgrimen otros argumentos.
Estudios realizados por tres comités vecinales señalan que la Torre
Bicentenario tendrá un impacto negativo en 25 cuadras a la redonda,
implicará una circulación agregada de 5.000 automóviles diarios y
20.000 personas más que requerirán de 100 autobuses urbanos
adicionales, en una ruta caracterizada por su intenso tránsito.
Ya el anuncio de la obra colocó a dos trenes en ruta de colisión.
Ebrard, quien asumió en diciembre, anunció con fanfarrias el proyecto.
Horas después Gabriela Cuevas, responsable de la Delegación Miguel
Hidalgo, una de las 16 zonas en que se divide la ciudad de México,
indicó que el edificio violaba las leyes de urbanización al no contar
con estudios de impacto ambiental.
En respuesta, el alcalde, del izquierdista Partido de la Revolución
Democrática (PRD), aseguró que se modificará la legislación vigente
para dar vía libre a lo que sería el sello de su administración.
La pugna entre Ebrard y Cuevas, del conservador Partido Acción Nacional
(PAN), podría inscribirse dentro de la disputa que mantienen la
izquierda mexicana y el presidente Felipe Calderón.
El PRD se niega a reconocer el triunfo de Calderón, del PAN, en las
elecciones de julio de 2006, en las que venció por apenas 0,58 por
ciento de votos a su candidato Andrés Manuel López Obrador, por
considerar que hubo fraude.
Cuevas rechaza que la polémica por la Torre forme parte de esa fricción.
"No es un pleito entre Ebrard y Cuevas. El proyecto viola la ley.
El movimiento ciudadano la va a demoler", aseguró a IPS.
La obra violaría la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal y el
Programa Parcial de Desarrollo de la demarcación territorial, afirman
los críticos del proyecto.
La Delegación Manuel Hidalgo, que encabeza Cuevas, verificó el 8 de
junio la situación de la obra y dos semanas después decretó la
suspensión de los trabajos de construcción.
Los vecinos están en pie de guerra. El viernes se reunieron en asamblea
y también plantean una consulta ciudadana, a desarrollarse esta semana,
junto con la formación de tres comités para asuntos ambientales,
arquitectónicos y legales.
"El edificio nos va a perjudicar. Tenemos 40 años de vender acá y
seguramente nos van a trasladar", se quejó una vendedora de
golosinas, cuyo puesto se sitúa en la calle donde se levantaría la
Torre.
Es una zona cercana al Bosque de Chapultepec, uno de los principales
pulmones verdes de la capital, donde se mezclan los comercios y
residencias y escasean los edificios altos.
Los comités vecinales abrieron una página en Internet para recibir
comentarios sobre la obra. Ya ha recibido docenas de mensajes.
"La edificación más imponente de las últimas décadas en la
capital no proviene de una idea de reocupación urbana: es un baúl que
cae del cielo. No se instala en una zona apropiada para su inmensidad,
rompe con las reglas de ordenación urbana y agrede al vecindario",
escribió Jesús Silva-Herzog Márquez, columnista del diario Reforma.
La obra afronta más obstáculos. Para erigir el rascacielos hay que
demoler un edificio que se construyó en 1948, que figura entre los
sitios protegidos por el Instituto Nacional de Bellas Artes por su valor
arquitectónico e histórico.
La Torre abarcará un área de 387.000 metros cuadrados y tendrá tres
auditorios, un salón de fiestas, tres restaurantes y un museo. Su diseño
pertenece al holandés Rem Koolhass y tres estudios arquitectónicos
mexicanos. Koolhass ganó el Premio Pritzker de Arquitectura en el año
2000, el equivalente al Premio Nobel en esa disciplina.
Este "monumento" para celebrar el bicentenario de la
independencia se inspiró en la pirámide de Kukulcán, del sitio maya
de Chichén Itzá, ubicada en el sudoriental estado de Quintana Roo. La
pirámide fue elegida poco tiempo atrás como una de las nuevas siete
maravillas del mundo, a través de una votación en Internet auspiciada
por un empresario suizo, que generó polémicas.
Entre las obras del urbanista holandés figuran la Biblioteca Pública
de Seattle, noroccidente de Estados Unidos, la torre de la Televisión
Central en Beijing y la Casa de la Música de Porto, Portugal.
"Un edificio pretende suplir la ausencia de un proyecto de ciudad.
Que el gobierno del Distrito Federal lo adopte como símbolo de su
modernidad es, en realidad, una confesión. La torre del bicentenario es
el icono de una ciudad a la deriva", enfatizó Silva-Herzog Márquez.
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