Empacar para dejar la casa es 'fácil' en la Cuba necesitada
BBC, Stephen Gibbs, 1° de septiembre de 2007 (Traducción al castellano Enkidu): Empacar luego de que ha sido retirada su acreditación de prensa, Stephen Gibbs, corresponsal de BBC, reflexiona sobre si las autoridades cubanas verdaderamente necesitan tomarse la molestia, como hasta ahor, para controlar la información.
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FOTO: La gente de Cuba lucha con la búsqueda diaria. |
Cambiarse de casa, aseguran, se una de las cinco experiencias más estresantes de la vida. Se encuentra en el lugar número tres. Colocada un poco abajo que el duelo, un poco más arriba que el divorcio.
Pero en Cuba es diferente. Empacar para dejar una casa en Cuba es fácil.
La razón es que no tienes que ir por todo el problema agotador de preguntarte sobre qué hacer con todos tus cachivaches. Puedes venderlos o regalarlos. Absolutamente todo. En cuestión de horas.
Cuba es un lugar donde casi todos los objetos de consumo son prohibitivamente caros o, más probablemente, no disponibles. Y la escasez cria el deseo.
La mayoría de los cubanos y muchos de los extranjeros que viven en la isla gastan la mayoría de su tiempo no en pensar sobre el futuro del país o en gobiernos de transición o en la salud de Fidel Castro, en lugar de esto piensan en cosas más mundanas. Como la forma para conseguir una comida decente o un ventilador eléctrico.
'Regalos' de despedida
Mi primera experiencia de todo esto, cuando regresé a mi casa en Habana Vieja, justo unos días después de escuchar la noticia decepcionante de que yo era uno de los tres corresponsales extrajeros a quienes se retiró la acreditación de prensa por el gobierno cubano. Nuestros reportajes fuero considerados como "negativos" por un comité indescriptible.
Cuando yo entré a mi departamento el teléfono sonaba. Era un amigo exhiliado [ex-pat] de quien no había escuchado por algún tiempo. La conversación continuó en este tenor: "Me da mucha pena escuchar que te están echando," dijo él, "qué intento vergonzoso para intimidar a la prensa extranjera."
Y luego, después de una pausa breve, el punto real de la llamada: "Ese sofá en tu sala... ¿la estás vendiendo? ¿Y qué pasa con el microondas?"
Mientras la noticia de que estaba de salida se esparcía, mis vecinos cubanos me felicitaban por lo que percibían como una promoción. Es triste y, con frecuencia, de manera inexacta, muchos cubanos asumen que cualquiera que deja la isla se dirige a cosas mejores.
Luego vinieron las peticiones no tan sutiles por un regalo de despedida. Pronto me dí cuenta de que cualquier cosa estaría bien. Un reloj descompuesto, un calendario de 2005, todos fueron recibidos con gratitud embarazosa.
Visitante inesperado
Tuve poco tiempo para decidir qué recuerdos de mi vida en Cuba debería conservar para mí.
Uno que logré salvar fue una copia de la primer historia que yo presenté, justo unos días después de llegar a La Habana.
Yo había ido a reunirme con algunos de los miembros de la familia Hemingway, en la villa elegante cumbre de una colina donde Ernest vivió hasta 1960. Todos nos reunimos en el jardín para escuchar sobre un proyecto para archivar los documentos del autor.
Entonces sucedió algo completamente inesperado. Llegó Fidel Castro.
En su uniforme militar, caminaba, un poco con torpeza, al lado de la alberca donde Ava Gardner, una vez, había nadado desnuda. El se disculpó por interrumpir y luego, con su brazo alrededor de una de las mujeres Hemingway, dio un discurso largo. El terminó diciendo cuánto lamentaba no haber conocido mejor a Ernest Hemingway.
"Cuando eres joven, piensas que todos van a vivir por siempre," dijo.
Chistes censurados
De regreso a mi departamento, puse la copia de la historia en mi archivo de "cosas por conservar", junto con algo más que me trajo a la memoria otro recuerdo.
Era un DVD con el film Hotel Rwanda.
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FOTO: Incluso los puros parecen tener sensibilidad política. |
Una noche de sábado, hace un par de años, la película nominada al Oscar fue mostrada en la televisión estatal cubana.
Estaba en casa, viéndola, cuando a unos minutos de los créditos inciales, me dí cuenta de que algunas tomas habían sido repetidas con torpeza. Había sido editada.
Sucedió que tenía un DVD con la versión original. Lo puse para comparar las dos.
Se volvió obvio que los censures cubanos habían tomadose la molestia de recortar una porción de 30 segundos de la película. Las imágenes prohibidas contenían un par de chistes inofensivos sobre puros cubanos.
Control del estado.
Una de las cuestiones perdurables que han cruzado mi mento mientras trabajaba en Cuba es si el gobierno realmente necesita tomarse el tiempo para administrar el flujo de información a su pueblo.
Oficiales cubanos se muestran, sorprendentemente, indiferentes ante el asunto. Su justificación es que Cuba está a la mitad de una guerra no declarada con una administración estadounidense desvergonzada, determinada a socavar la revolución cubana.
Ellos, algunas veces, se refieren a lo que parecen considerar como la censura distinguida del gobierno británico sobre los periódicos durante la Segunda Guerra Mundial.
Con todo, me pregunto si todo el control es necesario. Uno de los efectos secundarios de 48 años con el mismo líder es el grado extraordinario de resignación entre la población. Esto funciona en ambos lados.
Aquellos que apoyan la revolución, creen que su futuro está en buenas manos. Aquellos que ansían el cambio sienten que las cosas están fuera de sus manos.
Dado esto, ¿verdaderamente amenazaría el status quo si se pudiese comprar un diario extranjero en las calles de La Habana? ¿O si la prensa extranjera en Cuba pudiese actuar con un poco más de libertad?
Lo dudo, pero claramente alguien, justo en lo más alto, siente que tal es un experimento que no vale la pena arriesgarse.
Del programa Our Own Correspondent [Nuestro Propio Corresponsal] que fue transmitido el 1° de septiembre de 2007 a las 11:30 BST en BBC Radio 4. |