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La
riqueza y la pobreza destruyen la naturaleza
Marcos Arruda señaló ayer en una conferencia en
Vigo que el sistema capitalista de acumulación produce desigualdades
sociales, destruye la dimensión social del ser humano y el ecosistema.
El norte no tiene otra alternativa que parar su crecimiento. La solución
al problema ambiental pasa por la adopción de un sistema alternativo y
la reducción drástica de la emisión de gases.
CIP, 7 de Noviembre de 2007
El coordinador General del Instituto de Políticas
Alternativas para el Cono Sur (PACS) abordó en Vigo la conexión entre
“Riqueza, pobreza y ecología”, una vinculación que es directa:
“a más riqueza más pobreza y más desastre ambiental”. Marcos
Arruda trató así el amplio trasfondo de un problema climático que
“no es simplemente ecológico, sino también económico, político,
cultural y espiritual”.
Modelo individualista, riqueza material
Marcos Arruda quiso mostrar la realidad de un modelo
“en el que la sociedad no existe, sólo el individuo, que concibe al
ser humano de manera egocéntrica y destruye la naturaleza social de los
seres humanos”. De ello explicó- deriva la concepción de la riqueza
en su única dimensión material, concepción del sistema económico
dominante que sólo tiene por ética la “maximización de beneficios”.
Arruda hizo así hincapié en la existencia de “un mundo exprimido,
apretado, en el que la pobreza y la riqueza son factores de destrucción
de la naturaleza. ¿qué futuro nos espera con un presente como éste?”,
se preguntó.
Las megacorporaciones como ejes de la economía
global
El diagnóstico de Arruda sobre la situación puso de
manifiesto por una parte la pérdida de papel regulador y fiscalizador
del Estado para apoyar a la acumulación de capital privado. Explicó así
cómo el gran capital monopoliza así el derecho a ‘planear’. Nos
encontramos así con “el Norte de la opulencia, el despilfarro y el
consumismo, que es justamente el cuadro propicio para el desastre
ambiental. Y por otro con el Sur, con poblaciones con una alta
incidencia de la pobreza, sin derecho a planear e implementar su propio
desarrollo”.
Siguiendo la lógica de concentración de capital,
comprobamos que “los 500 grupos más grandes controlaban en 2002 el
47% del PIB global, y apenas un 1’7% de los empleos”. Este es también
el modelo de un “consumismo insostenible, en el que una mercantilización
de todo y todos y una creación artificial de demanda”, señaló.
Al mismo tiempo que se produce la concentración de
capital y la búsqueda de beneficios por parte de las grandes
corporaciones, se produce una “exclusión de los ‘deshechables’:
el derecho a la vida está subordinado al poder de compra”.
Indicó así como 80 millones de personas que no cuentan en términos
de producción y consumo son relegados a la invisibilidad.
Desigualdades sociales
El funcionamiento del sistema de libre mercado, por el
que “la ideología neoliberal convierte todo en mercancía y el Estado
corporativo es privatizado”, genera una polarización a nivel mundial
que remite a una extrema riqueza frente a la pobreza extrema, indicó
que el 25% de la población mundial vive con menos de un dólar al día.
El mismo sistema produce la profunda desigualdad entre la población más
rica y más empobrecida. Todo ello en un marco en el que “40.000
millones al año serían suficientes para satisfacer las necesidades básicas
de la población de los países pobres: salud, alimentación, educación.”
Entre los factores que generan y determinan la
desigualdad social, Arruda señaló el Estado privatizado, y la
presencia de ‘élites vendedoras’. Hizo mención también a un
horizonte de beneficios a corto plazo, que lleva a la concentración y
al monopolio, y se hizo eco de los costos sociales y ambientales que son
asumidos como “externalidades”.
Problema del medio ambiente
El coordinador del PACS señaló los factores que han
generado y generan el calentamiento global: “la emisión de gases
invernadero, la deforestación, la desertización.” Hizo mención a la
previsión del aumento de las temperaturas y el papel de España a la
cola en la reducción de emisiones propuesta por la Unión Europea. Como
problemas de fondo a la crisis medioambiental Arruda señaló el
pensamiento único (se nos muestra que no hay alternativa al capitalismo),
el alto riesgo ecológico, y el pretexto de ignorar la urgencia de
abordar un problema.
Soluciones alternativas para el calentamiento
global
Arruda señaló tajantemente la única solución
efectiva al respecto del calentamiento del planeta: “la drástica
reducción de las emisiones”. Es preciso –señaló- “una reducción
del crecimiento económico y una focalización en el desarrollo humano y
social, además de la redistribución de la riqueza y la implementación
de políticas fiscales y tributarias que posibiliten una regulación de
los mercados y del flujo de capital”
Enfatizó además la necesidad de entender la problemática
de una deuda histórica, social y medioambiental que ha devenido en el
enriquecimiento del Norte (como zona sociológica), y que supone
afrontar los costes del empobrecimiento: un pequeño número de deudores
frente a una masa de acreedores. “Hacer pago de la deuda es materia de
voluntad política y conciencia social”.
Otro desarrollo es posible
En el contexto de los desafíos lanzados por la
globalización capitalista Arruda señaló la necesidad de superar la
guerra ricos-pobres, “una guerra que mata día a día a millones de
personas”; superar la hegemonía financiera; apostar por una cultura
de paz, superar la militarización y la guerra; prevenir los desastres
ecológicos, y establecer un reequilibrio yang-yin entre las grandes
polaridades del mundo (norte-sur, hombre-mujer).
El coordinador del PACS vió también en la crisis una
oportunidad para otro tipo de desarrollo, otro estilo de vida que
implique otro consumo y cuidado con el medio. Apuntó la “economía
social solidaria” como alternativa, al tiempo que abogó por la
recuperación del Estado, “que reasuma su rol de regulador,
orquestador y mediador del interés común”.
En este sentido apuntó la idoneidad de unas políticas
públicas sabias, con metas e indicadores sociales y ambientales, con un
‘proteccionismo positivo’ y que aboguen por una “integración
solidaria a favor de la vida”. Hizo así un llamamiento a una ética
de la responsabilidad como ayuda de la vida a mantenerse e hizo especial
mención en la necesidad de recuperar el sentido de la comunidad (el
‘yo’ y el ‘nosotros’), así como de desarrollar una socioeconomía
solidaria y ecológica.
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