Bush más solito que
nunca
Análisis de Jim Lobe
WASHINGTON, 12/01/2007 (IPS) - La decisión del
presidente estadounidense George W. Bush de fortalecer la intervención
militar en Iraq y lanzar nuevas amenazas contra Siria e Irán parecen
haberlo dejado más aislado que nunca en el plano político.
Tanto miembros de la oposición demócrata como del
oficialismo republicano lamentaron que el mandatario rechazara las
recomendaciones del bipartidario Grupo de Estudio sobre Iraq, en especial
la de retirar en forma gradual a las fuerzas de ocupación.
El Grupo encabezado porJames Baker, ex secretario de Estado y ex
secretario del Tesoro, también había recomendado condicionar el apoyo
futuro al gobierno iraquí a los esfuerzos de este por cerrar la brecha
sectaria, y comprometer directamente a Irán y Siria, junto con otros
vecinos de Iraq, para estabilizar a ese país.
Analistas militares advirtieron que la adición de 21.500 soldados a los
132.000 ya desplegados en Iraq, anunciada el miércoles por Bush, no
logrará pacificar Bagdad ni la provincia de Al Anbar.
"No creo que 21.000 soldados sean suficientes", opinó el
teniente general retirado Dan Christman, quien también señaló que el
despliegue reduce peligrosamente la capacidad de Washington de enfrentar
otras potenciales crisis militares, por ejemplo en Afganistán o en el
cuerno de África.
"Los 21.000 soldados son el grueso de nuestra reserva estratégica.
Esa es mi mayor preocupación", declaró Christman a la cadena de
noticias CNN.
En vista de la creciente vulnerabilidad de Bush, la mayoría demócrata
del Congreso decidió impulsar en las próximas semanas una serie de
medidas para dejar en evidencia la oposición bipartidaria de ambas cámaras
a la dirección estratégica adoptada por el presidente.
Se prevé que hasta 12 senadores republicanos voten la semana próxima una
resolución propuesta por el liderazgo demócrata del Senado para
desaprobar el incremento de la tropa en Iraq.
"Muchos representantes de ambos bandos dicen que esta no es la política
correcta", destacó Jim Cason, de Friends Committee on National
Legislation (FCNL), un grupo de presión que se opone a la guerra en Iraq.
Aunque la resolución propuesta no tendría efectos obligatorios para
Bush, que planea comenzar el nuevo despliegue a partir del lunes, sentaría
las bases para condicionar fondos futuros para la guerra.
La primera oportunidad será el mes próximo, cuando se prevé que el
gobierno pida al Congreso que apruebe unos 100.000 millones de dólares
adicionales para operaciones militares de este año en Iraq y Afganistán.
"Si podemos obtener una mayoría (sobre la resolución no obligatoria),
sería el primer paso para revertir la situación", dijo el nuevo
presidente demócrata de la Comisión de Servicios Armados del Senado,
Carl Levin.
Menos de 18 horas después del discurso de Bush, pronunciado en la noche
del miércoles, destacados miembros del gobernante Partido Republicano,
entre ellos los senadores Richard Lugar y John Warner, manifestaron
fuertes reservas sobre la nueva estrategia.
Otros republicanos, como el senador Chuck Hagel y el precandidato
presidencial más de derecha, el senador Sam Brownback, también
expresaron su oposición al despliegue adicional.
"No creo que enviar más soldados a Iraq sea la respuesta",
declaró Brownback, un antiguo favorito de la Derecha Cristiana, desde
Bagdad, donde se reunió esta semana con funcionarios estadounidenses e
iraquíes, incluido el primer ministro Nouri al-Maliki.
"Lo que debemos hacer es presionar al gobierno iraquí para que logre
una solución política", instó Brownback, repitiendo el mantra de
los demócratas desde su victoria en las elecciones legislativas de mitad
de período, el pasado noviembre.
"La mejor manera de lograr un Iraq democrático es facultar a los
iraquíes para que asuman la responsabilidad de la construcción de su
nación", opinó.
Mientras, Hagel dijo el jueves a la secretaria de Estado Condoleezza Rice,
en una audiencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, que consideraba
la estrategia de Bush y en particular sus amenazas contra Siria e Irán
"el mayor y más peligroso error de política exterior de este país
desde Vietnam, si se concreta".
En su discurso, Bush acusó a esos dos países de facilitar el pasaje a
"terroristas e insurgentes" hacia dentro y fuera de Iraq, y culpó
a Irán en particular de "ofrecer apoyo material para los ataques
contra soldados estadounidenses".
En respuesta, anunció el despliegue de un segundo grupo ofensivo de
portaaviones en el Golfo y prometió "destruir las redes que ofrecen
armas modernas y entrenamiento a nuestros enemigos en Iraq".
En lo que pareció ser un aumento deliberado de la tensión con Teherán,
pocas horas antes soldados estadounidenses transportados en helicóptero
atacaron el consulado de Irán en la ciudad de Erbil, en el Kurdistán
iraquí, y capturaron a cinco de sus funcionarios, lo que generó
protestas tanto de Irán como de las autoridades kurdas locales.
"El presidente no ha recibido el claro mensaje del pueblo
estadounidense de que se precisa un nuevo rumbo", lamentó la
senadora demócrata Hillary Clinton, la más probable candidata
presidencial para las elecciones de 2008.
"Por el contrario, el presidente decidió llevarnos por el mismo
camino equivocado, solo que más rápido", concluyó.
Lawrence Kaplan, editor de la publicación The New Republic, opinó que
Bush perdió la guerra en su propio país. "Una estrategia eficaz de
contrainsurgencia exige tiempo y paciencia. A los estadounidenses se les
han acabado ambos", afirmó.
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