| Guerra contra los Periodistas Mexicanos - War
on Mexican reporters
Herald Tribune, 12 de enero (Traducción al castellano © Enkidu):
Trabajar como reportero se ha convertido en un oficio pelibroso en México.
Acorde con el Comité de Protección a Periodistas [Committee to Protect
Journalists], siete reporteros mexicanos fueron asesinados el año pasado,
su trabajo es la razón confirmada o de la que se sospecha por su muerte.
Con esta cifra, México sobrepasa a Colombia -un país donde los
periodistas desaparecen con una aterradora regularidad-. Es lo
suficientemente alto lograr lo que los traficantes desean. La intimidación
amplia ha traído una cobertura sobre el tráfico de estupefacientes a un
alto virtual.
Entre los muertos más prominentes se encuentran Roberto Javier Mora
García, el grandemente respetado editor de El Mañana, en el pueblo
fronterizo de Nuevo Laredo, quien fue apuñalado a muerte en marzo de
2004, Alfredo Jiménez Mota, el experto en narcotráfico de El Imparcial,
de Hermosillo, sonora, quien se encuentra desaparecido desde abril de
2005. El año pasado, Enrique Perea Quintanilla, editor en Chihuahua de la
revista Dos Caras, Una Verdad, que reportaba sobre crímenes sin resolver,
fue asesinado.
En los diarios más respetados del norte, incluso las decisiones más
inocuas —publicar fotos de un traficante en una boda, por ejemplo—
puede significar amenazas de muerte. Los diarios también se enfrentan a
las presiones financieras de parte de miembros de los gobiernos locales y
de los líderes de negocios a fin de presionar sobre reportajes.
Poco tiempo después de la desaparción de Jiménez Mota, El Imparcial
anunció que las condiciones no permitían investigaciones sobre tráfico
de drogas, y por ello no tendrían más. El Mañana detuvo sus
investigaciones relacionadas con el crimen organizado luego de la muerte
de Mora García.
En la mayoría de los diarios actuales, la cobertura del crimen
organizado está limitado a imprimir hisotorias sin autor, donde se cita
información de oficiales de la policía luego de un asesinato, y cada
asesinato es tratado como un evento aislado. Algunos ni siquiera harán
esto, prefiriendo el silencio completo.
En Febrero pasado, Vicente Fox, entonces Presidente, nombró un fiscal
federal especial para investigar los crímenes contra periodistas. Esto
fue un movimiento de apoyo necesario, pero los recursos del fiscal y su
mandato son limitados. El aún no ha traído ninguna acusación.
En agosto de 2005, la Asociación InterAmericana de Prensa
[Inter-American Press Association] convocó a una reunión de unos 30
editores y redactores fronterizos, y ellos organizaron un grupo de
periodistas de los diferentes diarios para trabajar juntos en las
investigaciones. Su primera historia —sobre la desaparición de Jiménez
Mota— fue publicada y transmitida el mismo día en 70 fuentes diferentes
por todo México. Pero el esfuerzo se ha hundido desde entonces por la
falta de dinero y de liderazgo de parte de los periódicos más
importantes y de los grupos internacionales.
La colaboración también requiere un nivel de confianza y una cultura
de reportaje de investigación que es muy escasa en México. En el norte
se vuelve más rara aún cada día.
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