| La Berlinale arranca en serio con De Niro y su visión
a fuego lento de la CIA
Berlín, 10/02/2007 (EFE).- La Berlinale arrancó en serio hoy con la
aparición de Robert De Niro y la proyección de "The Good
Shepherd", una película algo mastodóntica, como desmesurada es la
CIA y su poder conspirador, que eclipsó a la competencia alemana,
"Die Fälscher", y más aún a la asiática "Tu ya de Hun
Shi".
Ni patriótica ni crítica, ni despiadada ni cómplice: así quiso De
Niro que fuese su film, en que los agentes no son hombres de acción, sino
seres reposados y con un marcado autismo sentimental, que exige del
espectador el ejercicio previo de adaptarse al ritmo lento.
El objetivo, según De Niro -director e intérprete secundario-, no es
criticar el ilimitado poder de la CIA, sino presentarla "como la
percibe, sinceramente, un buen ciudadano estadounidense".
El peso de los 167 minutos de film a fuego lento recae en un personaje,
Edward Wilson -Matt Damon-, el joven que ingresa en el servicio secreto
por indicación de su fundador, Bill Sullivan -De Niro-, procedente de una
sociedad secreta -"Calaveras y Huesos"- que exige a los suyos
sacrificio y discreción.
Se trata de retroceder sobre el nacimiento del más poderoso servicio
secreto del mundo "porque así estaba en el guión de Eric
Roth", justificó, sobre un proyecto en que trabajó nueve años.
Por las mismas, quisiera rodar otras dos partes, una relativa al
periodo de 1961 a 1999, centrada en el Muro de Berlín, y otra desde
entonces a la actualidad. Pero eso pertenece aún a lo virtual.
Al guión, y nada más que al guión, insistió, se debe el trabajo de
inmersión en unos agentes que pasean y meditan sobre Dios y sus santos,
pero luego lanzan plagas de langosta para aplastar el comunismo
latinoamericano o tiran en pleno vuelo a una de sus agentes, porque se
enamoró de quien no debe.
De la paranoia de la Guerra Fría al desembarco en la Bahía Cochinos,
a través de ese Wilson, incapaz de transmitir emociones al mundo que le
rodea y del que el rostro impertérrito de Damon es la mejor expresión:
todo eso está en "The Good Shepherd", un film que evita cargar
tintas y ofrecer orgías sangrientas.
Estático, acorralado por un sentido del deber y el patriotismo y sin
capacidad siquiera para abrir la carta que dejó su padre al suicidarse,
Damon es el actor perfecto para de Niro, empeñado en imprimir una
lentitud exasperante, contra la que el único antídoto es el adaptarse al
ritmo y saborear.
La presencia De Niro, acompañado de Damon y la actriz alemana Martina
Gedeck -intérprete de un papel secundario-, dejó poco espacio para las
otras dos películas a concurso de esta tercera jornada de la Berlinale,
no por falta de méritos.
"Die Fälscher", del austríaco Stefan Ruzowitzky, aportó la
dosis de "cine sobre el Holocausto" habitual en la Berlinale,
centrada en un caso poco conocido fuera de Alemania, la existencia de un
equipo de falsificadores en el campo de concentración de Sachsenhausen,
obligados por los nazis a falsificar libras y dólares.
Son confinados privilegiados, a los que en lugar de la cámara de gas
les esperan duchas y camas limpias, y que no tienen más remedio que
colaborar, puesto que la alternativa a lograr la imitación perfecta es la
muerte. El propósito de los nazis es minar la economía de los aliados y
la suya, simplemente, sobrevivir.
Karl Markovics, genial en su papel de jefe de los falsificadores, y
August Diehl, en el de preso que pretende plantar cara y sabotear la
operación, lograron que el film no pasara por el Festival como mero
producto doméstico, sino como título a tener en cuenta.
Menos suerte tuvo el director chino Wang Quan'an con "Tu ya de Hun
Shi" -"Tuya's mariage", en inglés-, proyectada en la
sesión de las nueve de la mañana.
A los filmes asiáticos presentados en esa sesión no les aguarda nunca
o casi nunca una sala llena. Menos aún si se sabe que inmediatamente
después vienen casi tres horas de cine.
Ese fue el caso de esa producción, rodada entre pedregales de Mongolia
y con una original historia de amor y lealtad tejida alrededor de Tuya,
una mujer joven y hermosa, casada con un hombre mayor al que no quiere
dejar en la estacada.
El escenario es la Mongolia rural más dura y cada vez más despoblada,
puesto que quien puede se va a la ciudad. Tuya es no solo fiel al marido
que de poco le sirve, sino también a su tierra. Una lucha valerosa, para
una audiencia de "resistentes" matutinos e incondicionales del
cine asiático.
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