La triste sonrisa
adolescente
Por Mario Osava
RÍO DE JANEIRO, 10/02/2007 (IPS) - Con "Pro dia
nascer feliz" (Para que el día nazca feliz), que comienza con estadísticas
reveladoras, el cineasta Joao Jardim pone el bisturí a fondo para atacar
con emoción el drama del fracaso educativo y la adolescencia angustiada
en Brasil.
En 1962, sólo 50 por ciento de las niñas y niños brasileños concurrían
a la escuela, mientras que hoy lo hacen 97 por ciento, pero casi mitad de
éstos no logra completar la enseñanza primaria de ocho años.
Estos y otros datos estadísticos se encadenan con numerosos testimonios
de estudiantes, profesoras y directoras escolares, mientras la imagen
revela sus rostros preocupados, aulas y corredores claustrofóbicos,
escuelas semiderruidas e inmensas "favelas", como se les llama a
los barrios muy pobres en este país. Son 88 minutos, la mayoría de ellos
sofocadores
El documental, en exhibición comercial desde el 9 de este mes, ganó
nueve premios en festivales brasileños desde 2005, cuando aún estaba en
fase de conclusión (en construcción).
Es el segundo largometraje de Jardim, también muchas veces premiado por
su primer trabajo, "Janela da alma" (Ventana del alma), un éxito
de taquilla con 141.000 espectadores en 2002, excelente para un documental
sobre la ceguera.
"Pro dia nascer feliz" parece un título sarcástico para la
desesperanza que transmiten casi todos sus personajes, pero es sólo una
manifestación de deseo, dijo el director en una de sus entrevistas.
"No creo más en la escuela", se trata de una institución
"del siglo pasado" que "ya no tiene unción", "el
mundo afuera es más interesante", sentenció una profesora en un
diagnóstico basado en larga experiencia, hace suponer su edad aparente.
Hay que repensar toda la enseñanza, sostuvo.
Una colega, muy joven pero ya desilusionada, justifica el ausentismo de
los profesores en el trabajo, una queja constante de los alumnos. A veces
ella también falta a la clase por incapacidad sicológica de soportar las
agresiones morales de los estudiantes, confesó.
La violencia escolar es uno de los aspectos destacados en el filme por
varios episodios.
Uno es el asesinato de una alumna a manos de una de sus compañeras, quien
relata fríamente el ataque a cuchillazos y el motivo, que fue haberle
impedido entrar a una fiesta. La consecuencia de su acción, como dice
ella, es "sólo tres años, que pasan rápido", en una entidad
reeducadora para "infractores" graves con menos de 18 años de
edad, según lo indica la ley brasileña.
Sobre la vida de la víctima mortal, la atacante dice que de todos modos
"acabaría un día, solo adelanté". Su testimonio es
exclusivamente hablado, no aparece su imagen ni ella es identificada,
tampoco la escuela en que ocurrió el crimen.
Otros actos de violencia entre alumnos y entre éstos y profesores son
temas de otros testimonios y quejas de ambas partes. "Hay un abismo"
entre trabajadores docentes y estudiantes, impartir clases representa
"una carga sicológica insoportable", según la joven maestra
que justificó sus ausencias.
La legislación permite a los profesores y profesoras faltar al trabajo
cierta cantidad de días al mes, y ellos aprovechan esa tolerancia como si
fuese un derecho, señaló una directora.
La falta de motivación es común a profesores y alumnos en las dispares
realidades en que Jardim buscó testimonios, desde Manarí, ciudad
extremadamente pobre en el interior del nororiental estado de Pernambuco,
a una escuela privada para ricos en Sao Paulo, pasando por otras en la
periferia pobre y violenta de la misma capital paulista y de Río de
Janeiro.
Cuatro adolescentes, todos de 16 años, son elegidos por el director para
realzar las contradicciones y el desinterés de la escuela. En Manarí,
Vanessa es acusada de plagio, porque sus textos son excepcionalmente bien
escritos, y tratada como fuera del normal, por consumir mucha literatura y
escribir poesías ingenuas.
En Duque de Caxias, una ciudad cercana a Río de Janeiro, Douglas encara
la vida con cierto cinismo y vive la tentación de adherir al narcotráfico
con el que convive.
Siendo un pésimo alumno, su promoción de grado es largamente discutida
en el consejo docente, porque reprobarlo representaría prácticamente
entregarlo al crimen organizado. Finalmente se salva de la delincuencia
por formar parte de la banda de percusión de la escuela.
En Itaquaquecetuba, a 50 kilómetros de Sao Paulo, vive Keila, pobre y sin
horizontes, quien pensaba suicidarse. Su talento poético para expresar
esa depresión fue reconocido por una profesora y de ese modo comenzó a
participar en publicaciones escolares, recuperando así su autoestima y
las ganas de concurrir a la escuela,
Ahora Keila sobrevive como obrera y ya no escribe sus poemas,
sorprendentemente complejos para una adolescente.
Cissa estudia en un colegio privado y no conoce la pobreza, pero comparte
dudas existenciales con sus iguales de clase media y expuso en medio de
llantos su drama personal de sentirse discriminada por "estudiar
mucho".
La enseñanza, condenada en Brasil por su pésima calidad, baja remuneración
de maestros y precarias condiciones en la mayor parte de las escuelas
tampoco estimula los talentos, sino que los desperdicia.
El documental de Jardim no es sólo una visión crítica de la educación
de Brasil, sino que le da voz a la juventud para manifestar sus
inquietudes respecto del futuro y de los problemas de la sociedad, como la
desigualdad.
Una de las adolescentes del colegio de elite reconoce que ella y los
pobladores de favelas viven en "dos mundos distintos", pero a la
vez es consciente de que comparten "un mismo mundo", y eso si es
grave, contrarresta una compañera.
|