| Las israelíes se alzan contra su "segregación"
por judíos ortodoxos
JERUSALÉN, 12/02/2007 (AFP) - Los judíos religiosos de Jerusalén se
equivocaron el día que ordenaron a Naomi Ragen, una israelí judía
ortodoxa y escritora feminista, que se sentara al fondo de un autobús, en
el lugar que los ultraortodoxos consideran que les corresponde a las
mujeres.
"Respondí que de ninguna manera y exigí que me mostraran el
párrafo de la ley judía que les autorizaba a comportarse así",
cuenta la escritora, evocando el incidente, que se produjo a mediados de
2004.
"Durante todo el recorrido fui hostigada, humillada, amenazada",
agrega con su acento típico de Nueva York, su ciudad natal.
Naomi Ragen, que abandonó hace nueve años la comunidad de los judíos
ortodoxos en protesta por el trato que ésta da a las mujeres, sigue
siendo practicante, pero su indignación no se aplaca.
La semana pasada lanzó un proceso contra el ministerio de Transportes
y la compañía de autobuses Egged, exigiendo que cese la "segregación"
de las mujeres, relegadas desde hace 30 años por los judíos ortodoxos al
fondo de los vehículos en algunas líneas.
Apoyada por otras cuatro mujeres, Naomi Ragen lucha con decisión
contra la radicalización de los "hombres de negro" en Israel.
En efecto, desde hace unos meses, en los barrios "haredi" (ultraortodoxos),
del norte de Jerusalén, los miembros de las "patrullas del pudor"
atacan a las mujeres vestidas, según ellos, de manera "provocadora".
La semana pasada, varios rabinos hicieron una hoguera para quemar
medias femeninas, demasiado caladas para su gusto.
En una ordenanza, otro rabino conocido prohibió a las mujeres que
obtengan diplomas universitarios, ya que pueden comprometer el equilibrio
económico de la comunidad ultraortodoxa, donde las mujeres deben trabajar
para que los hombres puedan estudiar la Torá.
"Esta talibanización de la religión no tiene nada que ver con el
judaísmo y apunta simplemente a controlar a las mujeres", estima
Naomi Ragen.
Un dato ilustra la influencia creciente de la comunidad ultraortodoxa:
hace diez años sólo había en Jerusalén dos líneas de autobuses que
practicaban la segregación de las mujeres, pero actualmente son 30.
La representación parlamentaria proporcional integral es una ayuda
para los partidos ortodoxos, que terminan siendo los que inclinan la
balanza dentro de las coaliciones gubernamentales israelíes.
El otoño pasado, ante el anuncio del desfile anual de los homosexuales
en Jerusalén, los ultraortodoxos incendiaron basureros y bloquearon las
calles de la ciudad durante una semana. Al final, la 'gay parade' terminó
realizándose en un estadio universitario lejos del centro.
Los "hombres de negro" lanzaron, por otro lado, un boicot
contra la compañía aérea El Al, obligándola a excusarse porque uno de
sus aviones, debido a un problema técnico, tuvo que volar rompiendo el
reposo semanal sagrado del "shabbat".
Contrariamente a lo que opina Ragen, para Shira Leibowitz-Schmidt,
profesora en un colegio ultraortodoxo, la "segregación" de las
mujeres en su medio es una reacción a la "permisividad, al erotismo
y al comportamiento lascivo" de los laicos.
"Entre nosotros, las mujeres quieren que sus maridos y hermanos
puedan concentrarse en la familia y la Torá, en lugar de hacerlo en las
mujeres apenas vestidas que suben a los autobuses", explica.
En realidad, según los expertos, la comunidad ultraortodoxa se
radicaliza porque sus mujeres son cada vez más atraídas por la sociedad
laica. "Las mujeres ultraortodoxas intentan trabajar y tienen los
ojos abiertos hacia el mundo, mientras que los hombres se han estancado",
subraya Menahem Frideman, sociólogo de la Universidad Bar-Ilan de Tel
Aviv.
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