| Brasil y Argentina sorprenden con un cine intimista y
de autor en el festival
Berlín, 12/02/2007 (EFE).- Brasil y Argentina desembarcaron hoy en la
Berlinale con un cine intimista y arriesgado, centrado en las relaciones
humanas, como demostraron "Deserto Feliz", de Paulo Caldas, y la
ópera prima del argentino Santiago Otheguy, "La León".
Historias con práctica ausencia de diálogos, en las que las miradas
lo dicen todo es la máximo común denominador de estos dos filmes que se
proyectaron en la sección de Panorama.
"Me interesan más las personas que las historias, y construyo
encuentros entre personas que jamás hubieran estado destinadas a
conocerse", explica Caldas a Efe, al término de pre-estreno en la
legendaria sala International, llena hasta la bandera.
"Sobre todo me interesa la observación de los personajes",
apunta el realizador brasileño que pinta el retrato de Jessica, una joven
de 16 años de un pueblo del este de Brasil, que cambia la vida con su
madre y su padrastro, cuando éste la viola, y decide vender su cuerpo a
turistas en Recife, ciudad natal del realizador para más señas.
"El problema del turismo sexual no es exclusivo de Brasil, es un
tema que hay que debatir", explica Caldas que hace tres años que
puso en marcha este proyecto, precisamente en Berlín.
De ahí que la película, con un presupuesto de algo menos de un
millón de dólares, cuente con financiación alemana.
Jéssica conoce a Mark, un joven alemán al que le gusta abusar de las
drogas y el alcohol, "aunque no encarna el cliché del típico
turista germano, sin formación, que viaja en busca de sexo", sigue
el realizador.
Mark la transporta al primer mundo, a un gélido Berlín, ese otro
escenario que Jéssica siempre soñó.
Nash Laila fue recompensada por el público con un sonoro aplauso por
su trabajo, que se estrenará en Brasil el próximo mes de noviembre,
cuando haya recorrido los festivales nacionales.
Verdadero cine de autor es "La León" de Otheguy, que narra
la vida de Álvaro, un ser solitario con un mundo interior que imaginamos
a través de sus miradas, las dos frases que pronuncia en todo el filme y
la vida en una isla en el delta del Paraná, a la que sólo se llega en
bote y donde el tiempo parece haberse detenido.
Rodada en blanco y negro por razones de presupuesto, pero también
"para que la belleza de esta región no fagocitara la historia",
su director convirtió lo que era un corto en un largometraje de gran
poder expresivo.
"No quería un lugar con referentes", añade, y por eso rodó
en zona virgen, con sólo dos actores profesionales, y los propios
isleños, donde nunca se había hecho cine.
Su protagonista, al que da vida Jorge Román, se debate entre sus
inclinaciones homosexuales en un mundo hostil y la búsqueda de equilibrio
emocional y reconocimiento en su entorno.
Otheguy, que vive en Francia, donde se estrenará la película el
próximo mes de junio (en Argentina a finales de año), cree que el nuevo
cine de su país es deudor de la crisis, "que generó conflictos que
la cámara puede captar, y gracias a la tradición cinematográfica en
Argentina, hay medios para registrarlos", concluye.
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