| Un Mandela inabarcable y un poderoso Clint Eastwood
para un domingo de cine
Berlín, 12/02/2007 (EFE).- La Berlinale incluyó dos platos fuertes en
un domingo bajo la nieve: el inabarcable Nelson Mandela, visto por su
carcelero y filmado por Bille August, y un poderoso Clint Eastwood, que
exhibió maestría con su versión "japonesa" de la batalla de
Iwo Jima.
Dennis Haysbert no lo tenía fácil en su tarea de dar en cine la talla
inmensa de Mandela en "Goodbye Bafala", pero salió más que
victorioso, mientras que Joseph Fiennes se puso en la piel del guarda
racista que le controló y censuró sus cartas, en 27 años de vida
carcelaria.
Eastwood, por su parte, desplegó, ahora desde la perspectiva japonesa,
su impresionante "Letters from Iwo Jima", su segunda
aproximación tras "Flags of our Fathers" a una de las batallas
más sangrientas libradas en el Pacífico durante la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945).
August opta en "Goodbye Bafana" por cine de corte
convencional, mientras que Eastwood se arriesga más, se lanza a ejercer
de director "en japonés", para un film impactante y
estremecedor.
Que la película de August fuera a concurso, mientras que la de
Eastwood se exhibiera fuera de competición parece contradictorio con los
planteamientos de un festival que pretende abrir panorámicas nuevas. En
cualquier caso, ambos títulos dieron como resultado un domingo de cine
redondo, en un Berlín nevado.
"Cada noche, de regreso a casa, me ponía una copa de vino tinto y
lloraba", explicó Haysbert ante la prensa internacional, que
recompensó con un aplauso su emocional explicación sobre cómo afrontó
su personaje.
De la intimidación, ante la figura que "dio la esperanza de
unidad a ese país maravilloso que es Sudáfrica", a la complejidad
para resumir en cine los rasgos de "un ser inmenso": ese fue el
ejercicio llevado a cabo por el actor.
Fiennes se concentró en biografías y testimonios acerca del otro
protagonista de "Goodbye Bafana", otro personaje de la vida
real, el carcelero James Gregory, un hombre convencido de que el
"apartheid" es un sistema justo, aceptado por Dios, hasta que
conoce a Mandela.
A Gregory, buen padre de familia casado con otra racista, simplemente
porque así se lo inculcaron de pequeños, se le asigna la vigilancia de
Mandela, por el hecho de que habla xhosa, aprendido en la infancia en una
granja, y puede "espiar" a los presos.
Empieza así una relación evidentemente desigual, que evolucionará
hacia la amistad en un largo trecho de tiempo, salpicado por el fatalismo
y la inminencia de las turbulencias históricas, con la inevitable
evolución e intercambio de papeles.
"Fue una historia que me emocionó desde el principio, porque
abordaba al inconmensurable Mandela desde una perspectiva concreta, la del
carcelero", explicó August.
La confrontación entre ambos caracteres es algo desigual, como la
relación entre el personaje en que está basado el film. Fiennes es un
actor que encaja más recitando a Shakespeare que soltando insultos
racistas a los presos, mientras que Haysbert parece haber nacido para
interpretar a Mandela.
La ovación con que la Berlinale recibió "Goodbye Bafana"
era más al personaje de Mandela que al film, cuya proyección coincidió
con el aniversario de su liberación, el 11 de febrero de 1990.
Clint Eastwood, en cambio, no precisó de apoyo ninguno para convencer
y acaparar el protagonismo de la jornada, pese a no ir a competición.
"Letters from Iwo Jima" cuenta la historia de una batalla en
que cayeron 7.000 soldados estadounidenses y 20.000 japoneses a través de
algunas cartas de éstos últimos.
Eastwood traza una serie de retratos sencillos, bien narrados, tanto
del pobre panadero que quiere sobrevivir para conocer a su hija, como del
general ilustrado, que pasó por EEUU y que no ve claro que deba exigir a
los suyos el suicidio honorable.
Ante tal lección de cine, poco podía dar que hablar la que era la
segunda película a competición de la jornada, la italiana "In
memoria di Me", de Saverio Costanzo.
Nada favorecía la proyección del film, a primera hora de la mañana
del domingo, y con un tema algo disuasorio: historias de seminaristas
encerrados en un convento italiano, sus reflexiones sobre culpa, pecado,
fe e inclinaciones sexuales.
El jurado presidido por Paul Schrader sí estaba en la sala, de acuerdo
con su obligación, y sí habrá tomado nota del film. Pero la Berlinale,
ansiosa de ver nombres con mayúsculas, apenas reparó en él.
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