| La Oportunidad de Bush para reparar relaciones
- Bush's opportunity to mend relations
por Peter Harkin
Miami Herald, Peter Hakim, 6 de marzo (Traducción al castellano Enkidu):
La visita de una semana por parte del Presidente Bush a América latina
llega en un momento delicado para las relaciones de Estados Unidos con la
región. La sensación Anti-estadounidense es profunda y penetrante -- e
avivada de manera insistente por el principal adversario de Washington, el
Presidente venezolano Hugo Chávez--. Los latinoamericanos han perdido,
sobre todo, la confianza en las políticas y en el liderazgo de Estados
Unidos. Ellos se oponen de forma aplastante a las acciones estadounidenses
en Medio Oriente y han sido alienados por la insensibilidad de los debates
en el Congreso sobre migración y sobre la inflexibilidad de Estados
Unidos en asuntos comerciales. Y Washington puede muy pronto tomar algunas
decisiones que podrían empeorar las cosas.
El viaje amplio de Bush refleja la inquietud de la Casa Blanca ante
la declinación de la influencia de Estados Unidos en América
latina. La presencia de Bush servirá como recordatorio de cuán
significativo este país es realmente para América latina --como
el primer o en segundo socio comercial de casi cada país,
el más grande inversionista extranjero y la fuente de más de $60 mil
millones de dólares en remesas que enviaron
familiares a la región el año pasado. Estados Unidos permitió
que Colombia progresara en la batalla contra la
inseguridad y la violencia, y fue Estados Unidos quien respondió
a la crisis financiera de México.
El viaje no producirá resultados dramáticos. La iniciativa más
ambiciosa será un programa de gran envergadura entre Estados
Unidos y Brazil para la investigación, la producción y la
comercialización del biofuel. Las dos naciones más grandes del continente
también reafirmarán su buena voluntad mutua, a pesar de los
desacuerdos políticos. Bush y el Presidente mexicano Felipe Calderón
deben utilizar la visita para comenzar a reparar lo que Bush una vez
llamó “La relación importante de Estados Unidos” [``the U.S.'s
most important relationship''].
La visita a Colombia tranquilizará al aliado más fuerte de Washington
en Sudamérica que, a pesar de escándalos recientes, el compromiso
estadounidense para asistir a su lucha contra las drogas y las guerrillas
sigue siendo fuerte. Pero también será una ocasión para presionar al
Presidente Alvaro Uribe para hacer más a fin de limpiar la política
corrompida de Colombia y para mejorar su expediente en cuanto a los
Derechos Humanos.
Lo que sucede después del regreso de Bush a Washington será aún más
importante.
Tres cosas tienen que ser fijadas pronto.
• Las diferencias partisanas pueden deshacer los acuerdos de librecomercio
firmados con Colombia, Perú y Panamá, que necesitan la ratificación del Congreso
de Estados Unidos. Echar a pique los tratados sería una bofetada
devastadora a estos países, y subrayaría que Estados Unidos no son un
socio confiable, incluso en un asunto por el que han abogado por
largo tiempo.
• Estados Unidos deben decidir antes de julio si renovará las
preferencias comerciales para dos aliados de Chávez: Bolivia y Ecuador. El
Senador Charles Grassley, Republicano por Iowa, asegura que ésto
"recompensaría una mala conducta'' [''reward bad behavior'']. Pero
cortar las preferencias terminaría solamente castigando a los
trabajadores bolivianos y ecuatorianos, al tiempo que empujaría a
estos países más cerca de Chávez. A través de América latina sería
visto como injusto y despótico [high-handed].
• En vez de construir un muro en la frontera mexicana, la Casa Blanca
debe trabajar duro para forjar la ayuda a la reforma integral de la
inmigración, promovida por Bush.
Llevando a cabo estos asuntos, Washington fijaría la etapa para un
acercamiento más constructivo, más de más largo plazo en la política
hemisférica. Washington necesita una respuesta consistente ante la campaña
implacable de Chávez contra Estados Unidos. Enfrentarse directamente a él
solamente lo ha hecho más fuerte. Presionar a que otras naciones actúen
en contra de Chávez ha irritado a algunos de nuestros aliados más
confiables. La influencia de Chávez disminuirá solamente cuando
Washington se ocupe de la América Latina de forma más inteligente y
activa, incluyendo la atención a las necesidades sociales de la región.
El desafío más desalentador para América Latina es su agenda social
insatisfecha --pobreza persistente, desigualdades notorias, desempleo,
discriminación étnica y racial, servicios públicos de baja calidad y
crimen desenfrenado. Éstos son los asuntos que tiene la América
Latina sin resolver y que han polarizado su política --y ahora son la
prueba más grande para la política de Estados Unidos--. Aparte de ayudar
a un puñado de países muy pobres, Estados Unidos es percibido como
irrelevante para estas necesidades. Los acuerdos comerciales fomentan el
crecimiento y amplían el empleo, pero no son suficientes. Se requieren
contribuciones más directas de mayor impacto inmediato. Washington debe
considerar agregar una dimensión social robusta a todas sus políticas y
programas en América Latina --incluyendo el libre comercio, las
estrategias contra las drogas, la participación en los bancos
multilaterales y los acercamientos a la reforma migratoria.
Con este viaje, Bush debe dejar claro que él y sus asesores entienden
la importancia de los intereses de Estados Unidos en América latina y que
desean reparar las relaciones díscolas de Estados Unidos en el hemisferio.
La parte difícil viene después: encontrar una fórmula para mantener a
Estados Unidos comprometido de manera productiva con la región, incluso
si las prioridades de Washington se encuentran en otra parte [even as
Washington's priorities lie elsewhere].
Peter Hakim es presidente de la organización Inter-American Dialogue [Diálogo
Inter-Americano].
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