Pep Mir
Sam Abrams (poeta, traductor, ensayista, profesor de Literatura, crítico
y apasionado de las letras catalanas) enciende las alarmas sobre una nueva
tiranía en las letras catalanas basada en la tendencia al monopolio en
las librerías por parte de la narrativa de consumo. Como perjudicados señala
a la poesía, el ensayo, el teatro y la calidad en general. Lo expuso el
viernes en el Ateneu de Maó en una conferencia titulada "Los retos
de la creación literaria en el siglo XXI".
- ¿Cuáles son los retos?
- Si miramos las diez prioridades del gobierno del presidente Montilla,
la cultura no aparece. Esto representa lo que está pasando. Hay muchos
retos. En el caso de Catalunya y las letras catalanas el reto principal es
volver a ocupar un lugar importante en la sociedad. La cultura ha bajado
el nivel, con una tiranía democrática. La frase "lo que quiere la
gente es esto" es mentira. La gente quiere muchas cosas porque la
sociedad es muy plural, y últimamente los autores se han presionado por
unos fantasmas de mercado sobre lo que quiere y no quiere la gente. Los
grandes autores no se preocuparon de estas cosas. Esta idea de "lo
que quiere la gente" va en contra de la cultura, la gente y los
propios autores. Hay espacio para todos. Y nos han intentado hacer creer
que sólo hay espacio para Empar Moliner o Quim Monzó. La cultura como
instrumento de conocimiento, de crítica y cambio, de cohesión social, se
tiene que recuperar.
- ¿No es algo inevitable cuando los escritores son profesionales y
viven de vender mucho?
- Pero no necesariamente. Muchos autores profesionales han escrito lo
que han querido sin bajar el listón. Josep Pla era profesional, y no bajó
el listón. Y Baltasar Porcel. Ahora, si a alguien que le cuesta elaborar
las obras se mete en un circuito profesional, entonces ya la hemos hecho
buena. Sobreproduce.
- ¿Esta tendencia a ofrecer lo que la gente presuntamente quiere ha
relegado a géneros como la poesía, el teatro o el ensayo?
- Esta clarísimo. La mayoría de las editoriales han llevado a cabo un
servicio desleal a la cultura y la sociedad intentando canalizar todo el
esfuerzo lector hacia un solo género como es la narrativa, ignorando el
resto. Y esto es una mentira, y grande. En otras partes los ensayistas están
muy cotizados. Muchos editores catalanes, sobre todo los grandes, han
mentido sobre el hecho literario apostando por la narrativa.
- ¿No se mueve el mercado por modas?
- Joan Margarit vende muchos libros de poesía, porque el editor ha
decidido apostar por él como si fuera un novelista, con toda la
maquinaria de producción. Nada se vende a priori. La sociedad catalana es
muy plural, y el mercado debe ser plural. No todo el mundo quiere leer a
Empar Moliner.
- ¿Es una coartada?
- Y tanto.
- ¿Se busca el menor riesgo?
- Y acaba erosionando los propios principios democráticos. La
democracia son intereses diferentes, no excluir tres géneros literarios
para dar prioridad a uno. Es una tiranía.
- ¿Pero esto se da en todas partes por igual, o sólo en las letras
catalanas (del ámbito en el que se habla la lengua catalana)?
- En la catalana de una forma muy fuerte, y en el último cuarto de
siglo. En la literatura española no pasa de forma tan descarada. Y en
Europa y América no es así, hay más equilibrio.
- ¿Aunque los Dan Brown y Stephen King sigan triunfando?
- Exactamente, porque la sociedad incluye a gente con gustos diferentes
que se tienen que respetar.
- ¿Quién puede romper esta tendencia, una rebelión de los autores?
- Esto es una cadena y tiene muchos responsables: los autores porque
callan ante las exigencias editoriales, las propias editoriales, los críticos,
los medios de comunicación, la administración, las asociaciones de
escritores, los lectores por no reclamar sus derechos y las librerías, ya
que algunas marginan a la poesía.
- ¿En esta línea se mueve el intrusismo del día de Sant Jordi con el
típico libro escrito por un gran personaje televisivo?
- Han convertido Sant Jordi en el día de la novela o el día del libro
mediático. Y es el Día del Libro, de todos. Ahora es un espectáculo de
personajes públicos. Esto es una mentira sobre la sociedad catalana. Y
quien le gusta otra literatura se queda en casa, se siente alienado. A los
poetas las editorales ya les dicen que no vayan a firmar. No creen en
ellos.
- ¿Igual que los premios, no?
- Clarísimo. La Nit de Santa Llúcia sólo se habla del Premi Sant
Jordi, y del Premi Carles Riba, uno de los más antiguos de la literatura
catalana, casi nada.
- ¿Existe el riesgo de que esta situación lleve al desánimo de
algunos autores que no ven reconocido su trabajo?
- La literatura en catalán tiene una potencia muy fuerte, está en
buen momento, y en todas partes, en Catalunya, el Principat, el País
Valencià, Balears... Pero si esta situación no se corrige acabará
erosionando la espléndida creatividad de la literatura catalana que en la
actualidad, con una gran cantidad de palos en las ruedas, es más potente
y plural que la castellana, que lo tiene todo hecho con un estado detrás.
Y la gente puede hartarse de luchar.
- ¿En Menorca?
- Nada en lengua castellana se parece a lo que hacen Margarita
Ballester o Ponç Pons.
- ¿Es razonable la tentación de pasarse al castellano para tener más
público potencial?
- Hay señales de malestar entre los autores en lengua catalana. No me
extrañaría en algunos casos, y esto no puede ser. Aunque el problema sería
si la literatura catalana tuviera que ir tirando siempre de Martí i Pol.
Pero no, tiene de todo. ¡De todo! Puede sacar pecho. Pero siempre hay
alguien interesado en cortarle las alas, como en promoción exterior. El
Instituto Cervantes representa a todos los españoles, aunque a la cultura
catalana siempre la esquiva, la arrincona. No puede ser. Y el esfuerzo que
se hace en traducir al catalán a autores como Ruiz Zafón es una chorrada.
Si somos bilingües, pues que se lea el original en castellano y dediquen
este esfuerzo a promocionar autores que escriben en catalán.
- ¿Hay posibilidades de que esto cambie?
- Al menos ahora estamos hablando de esto y el Ateneu me permite hablar
de esto, es una primera pica que se clava.
- Serán necesarias algunas más.
- Creo que sí.