El libro de la vida en
código de barras
Por Stephen Leahy
TORONTO, 20/02/2007 (IPS) - Expertos descubrieron 50
nuevas especies de ave tras el primer muestreo genético de casi todas las
690 conocidas en América del Norte. El proceso fue posible gracias a una
novedosa técnica de análisis que tarda apenas tres horas y cuesta sólo
cinco dólares.
Un proceso similar de análisis del ADN (ácido
desoxirribo nucleico) sumó seis a las 87 especies ya registradas de murciélago
en Guyana. El ojo y el oído humanos casi no distinguen las nuevas
especies de aquellas de las que ya se tenía conocimiento.
Pero el análisis genético muestra que los ADN de diversas variedades
evolucionan por caminos diferentes desde hace millones de años, según
investigaciones publicadas el domingo por la revista científica británica
Molecular Ecology Notes (Notas de Ecología Molecular).
"El código de barras del ADN transformará los esfuerzos para la
protección y conservación de la biodiversidad mundial", dijo a IPS
Paul Herbert, del Instituto de Biodiversidad de Ontario en la canadiense
Universidad de Guelph.
"No se puede proteger lo que no se puede identificar", explicó
el científico.
El hábitat del zarapico, un ave costera norteamericana, sufre una
tremenda presión del sector de la construcción y por el cambio climático.
Ahora se sabe que, en realidad, esta especie tiene dos formas distintas,
cuyos rastros evolutivos se bifurcaron hace 2,5 millones de años.
"¿Cómo es posible desarrollar estrategias para preservar entidades
genéticas muy diferentes si se ignora que lo son? Nuestro trabajo es
hallar la primera evidencia molecular de algunas de esas divisiones",
explicó Herbert.
La importancia de la protección y conservación de la diversidad biológica
radica en que los organismos vivos juegan funciones importantes en todos
los ecosistemas, como la purificación del agua y el aire del que todos
los seres, incluidos los humanos, dependen para sobrevivir.
La diversidad de especies interactuantes es la clave de la salud y
resistencia de los ecosistemas, según los expertos.
Usar el ADN para la identificación de las especies no es una práctica
nueva, pero lo que desarrollaron Herbert y su equipo es un mecanismo que
estandariza, acelera y abarata el análisis.
"Tres horas y cinco dólares en sustancias químicas" es todo lo
necesario para identificar una especie a partir de una muestra de tejido,
explicó.
El ADN, que aparece en todos los seres vivientes, es una molécula
compleja que contiene todas las instrucciones genéticas para que un
organismo se desarrolle.
A nadie sorprende que el ADN de un ser humano es diferente y más complejo
que el de un gusano... aunque el de un ratón sí es similar al de un
humano. Las diferencias entre los millones de piezas que componen el ADN
de dos distintas especies animales son muy difíciles de hallar.
Luego de 20 años de investigación y otros varios de pruebas, Herbert
logró identificar la porción de un gen llamado citochrome c oxidase I (COI),
que, al parecer, es el código de barras de todas las especies animales.
A partir de este avance, los inspectores aduaneros y los guardaparques
podrán determinar si un cargamento de pieles o de filetes animales
proceden de especies cuya caza es ilegal, indicó el experto.
También los funcionarios de los aeropuertos podrán identificar los
restos de las aves que terminan en la turbina de los aviones, con
desastrosas consecuencias para ellas y, en ocasiones, también para los
aparatos.
Miles de esos "ataques aviares" se registran cada año y podrían
evitarse identificando los animales e impidiendo que aniden cerca de los
aeropuertos.
La nueva tecnología ya se usa para establecer los límites de los parques
nacionales de Madagascar y para entender el impacto del desarrollo económico
en las selvas amazónicas.
Y ninguna de esas aplicaciones es tan controvertida como el descubrimiento,
chocante para los ornitólogos y aficionados al avistamiento de aves, de
15 nuevas especies en Estados Unidos y Canadá.
"Hay 15 especies pasadas por alto, genéticamente distintas pero que
parecen iguales a otras", dijo a IPS uno de los autores del estudio
publicado por Molecular Ecology Notes, Mark Stoeckle, de la Universidad
Rockefeller de Nueva York.
Considerando cuán bien estudiadas estaban las aves norteamericanas, este
hallazgo es toda una sorpresa, según Stoeckle.
"¿Puede usarse el ADN por sí solo para definir una especie? Quizás
en el futuro, pero ahora necesitamos la opinión de los expertos",
agregó.
Algunos de esos expertos habían afirmado antes que esta tecnología aún
no ha probado su rigurosidad. La identificación y clasificación de
especies es el objeto de una disciplina denominada taxonomía, con una
rica tradición científica de más de tres siglos.
De cualquier manera, los nuevos análisis indican que "existen varios
casos de profundas divergencias genéticas dentro de lo que hoy se
considera una especie única", sostuvo Herbert.
Aunque especies de aves puedan parecer muy similares al ojo humano, un espécimen
no se apareará con otro que tenga un "código de barras"
distinto.
Mientras, las nuevas especies de aves y murciélagos aún no tienen un
nombre que las distinga. El asunto es objeto de una intensa discusión
científica.
"Si decimos que el ADN es a partir de ahora el único medio para
identificar especies, se levantarían las plumas de unos cuantos cogotes",
observó Herbert.
La taxonomía constituye una tarea difícil y tediosa y ganar experiencia
lleva muchos años.
Stoeckle descubrió hace tiempo un cienpiés inusual en el Parque Central
de Nueva York. Le insumió cuatro años de trabajo a expertos en Italia
identificar el espécimen como de una nueva especie, para lo cual debieron
compararlo con todos los cienpiés antes identificados.
El código de barras del ADN aceleraría mucho el proceso, indicó el
científico.
Por otra parte, esta nueva tecnología permitiría identificar todos los
seres vivientes del planeta. Hoy, ni siquiera lo están todos los
alrededor de 5.500 mamíferos de la Tierra. Para los biólogos, sin
incluir las bacterias y los hongos debe haber unos dos millones de
especies distintas.
Herbert afirmó que le llevaría apenas siete años crear una "biblioteca"
de códigos de barras de ADN en la que se identificaría medio millón de
especies, incluidos insectos, invertebrados y peces, a un costo bastante
modesto: 100 millones de dólares.
Los esfuerzos para financiar el ya denominado Sistema de Código de Barras
de Vida ya están en curso. Esta "biblioteca" ya catalogó más
de 25.000 especies.
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