¿Qué es la Homofobia y
comó sanarla?
VICTOR VELASCO
/CECASH.A.C.

REDEFINIENDO
LA HOMOFOBIA
: La homofobia ha sido definida clásicamente como el odio y temor a
los homosexuales y a la homosexualidad. Sin embargo, es más que eso.
Veamos: Si, a un hombre que se relaciona sexualmente con mujeres, es
decir, heterosexual, se le ocurre salir a la calle vestido de mujer,
puede ser impunemente, golpeado o extorsionado solo por no mostrar su
masculinidad con la ropa que porta. Si en una fiesta de mecánicos con
sus esposas, uno de ellos dice “que bello gatito”, en vez de decir:
“esta chingón el gato”, va a ser objeto de burlas de sus compañeros
y le dirán “maricon”, etc. En ambos casos lo que se castiga
no es que estos sujetos tengan sexo con otros hombres, pues no lo
tienen, sino que no sean tan “machos” como debieran y sobre todo,
que den apariencia “afeminada”. Por otro lado, podemos ver como un
“mayate”, es decir un
hombre que tiene sexo con otros hombres (penetrándolos, dice él)
a cambio de dinero, puede “presumir” este hecho ser aceptado
como muy hombre.
Como vemos, entonces, la homofobia es
más bien una serie de actitudes, reglas y comportamientos que castigan
a quien se sale de la norma social de lo que debe hacer una persona para
ser considerada hombre o mujer, y sobre todo a quien se atreva a romper
la noción de que los hombres valen más que las mujeres. Así,
redefinimos: La
homofobia es: Un mecanismo de control social con el que el poder social
introyectado en cada persona, controla la expresión de nuestros deseos,
de manera que aquello que no vaya con la imagen estereotipada de lo que
es adecuado para un hombre o una mujer,
sea censurado, para que lo evitemos y, si, pese a ello
mantenemos el deseo y lo llevamos a cabo, seamos castigados para que
“no demos mal ejemplo” y aceptemos el castigo.
Esta Homofobia la aprendemos todas las
personas en esta sociedad, desde
la primera infancia, independientemente de si vayamos a identificarnos
como homosexuales o heterosexuales, en eventos que nos enseñan que, si
somos identificados como “maricones o putos” podemos ser rechazados,
golpeados y, por tanto aprendemos que debemos hacer todo lo que podamos
para que nunca se nos apliquen estos calificativos y,
que si se nos aplican, nos resignemos a soportarlo sin
cuestionarlos. Así aprendemos a ser, al mismo tiempo, vigilantes y
censores de nuestro propio comportamiento y del de los otros y
“verdugos” de quienes se atreven a salir de la norma o cómplices de
quienes castigan.
Como los seres humanos nacemos, como diría
Freud, polimorfos y perversos, es decir, somos seres que podemos tener
muchos comportamientos y actitudes
diferentes, el tener que ceñirnos
a normas de sentir y
comportarse muy rígidas, solo es posible si sacrificamos
una parte de nuestro yo. Ese sacrificio lo hacemos reprimiendo y
silenciando nuestros deseos o viviéndolos en silencio y con culpa,
lo que genera enojo e inseguridad con las que vivimos
cotidianamente.
El aprendizaje de nuestra auto-represión
empieza desde el lenguaje, que nos va formando
una visión del mundo. A los 4 años, por ejemplo, ya sabemos que
pueden decirnos “puto” en la escuela, que si nos dan esa etiqueta
estamos expuestos a golpes, burlas y otras formas de rechazo que
amenazan nuestra integridad fisica y emocional. Aprendimos así que
tendremos que pelearnos y ganar, o aguantar que todos los niños
se burlen de nosotros en lo sucesivo. A partir de entonces aprendemos a
vigilar y censurar nuestros gustos y actitudes, para evitar ser
“confundidos” o “identificados”
y lo hacemos por el resto de la vida. Esto le pasa en general, a
todos los hombres homo, bi o heterosexuales y nos hace vivir en una
constante sensación de angustia y vulnerabilidad que solo se alivia
cuando podemos identificar a otro, como más puto que uno mismo
y dirigirle a él los reflectores para que lo ataquen, y eso nos
da una sensación de seguridad, al menos por un tiempo.
Para las mujeres el proceso es semejante,
pero la presión en general es menor, porque socialmente se permiten más
actitudes de acercamiento físico entre mujeres que entre hombres
y se les exige menos “demostrar” que son femeninas, de lo que
se exige a los hombres ser masculinos.
Como en nuestra sociedad se ha identificado
erróneamente el deseo homosexual con la inversión de roles de genero
(Homosexual igual a afeminado), se
ha pensado que la homofobia solo afecta a los hombres homosexuales cuyo
comportamiento rompe el estereotipo masculino (vestidas y afeminados),
porque son los más evidentemente discriminados y maltratados.
Pero, con lo dicho, podemos entender que, en realidad,
homo, bi y heterosexuales somos afectados por este problema y que
su solución pasa por la autoaceptación no solo de la homosexualidad,
sino de nuestros deseos que son muestra de la diversidad sexual humana.
El deseo Homosexual, tanto como el
heterosexual, es un deseo que podemos considerar que esta en las
capacidades de todo ser humano y se presenta en todas las sociedades.
Por tanto, el que un hombre tenga sexo con otro hombre no se debe a
problemas de conducta o de algún tipo de patología. Lo que cambia es
la forma en que cada sociedad percibe este hecho. En la nuestra, la
homosexualidad se percibe como una “desviación” y lo es, solo que
no de la “naturaleza” o de la “voluntad divina”, sino
de la norma social que
indica que las relaciones sexuales son aceptables, solo
en función de la posibilidad de procrear y unir a una pareja
heterosexual.
Cuando reconocemos esto, podemos cuestionar
la forma en que la sociedad ve al deseo homosexual y a los homosexuales
y personas Transgénero y entonces, podremos ver a quienes ejercen su
deseo homoerótico, no como enfermos o “pecadores”, sino como
cuestionadores ( y quizá, transformadores)
del orden social, con los riesgos y ventajas que implica. Es importante
decir que la homosexualidad en si misma no es un cuestionamiento del
orden social, como podemos constatarlo al apreciar como la actual
comercialización y control de los espacios homosexuales puede ser una
forma más de control de esta población al encerrarla en Ghettos
acotados por el poder económico y político.
Una de las formas más efectivas en que
se trata de controlar las
desviaciones sociales, es a
través del silencio, de no hablar de ellas o de que se hable solo en términos
de su “anormalidad”. Así,
el silencio y los mitos acompañan a la homosexualidad y el Transgénero
en nuestra cultura y, por
eso, cuando un joven se descubre homosexual tiende a sentirse solo y
aislado, lo que le hace más vulnerable ante la depresión, la baja
autoestima y la formación de relaciones de codependencia.
Actualmente se reconoce que esta situación
de homofobia social, que se va introyectando hace que los Hombres que
tienen sexo con hombres estén más vulnerabilizados frente al VIH/SIDA,
que otros hombres en iguales circunstancias, ya que se consideran menos
valiosos que sus posibles parejas y por ello, no exigen el uso del condón,
o bien tienen relaciones sexuales en lugares donde no pueden apreciar si
los cuerpos de sus parejas sexuales presentan signos de Infecciones de
Transmisión Sexual , como son los cuartos oscuros y además, en
ocasiones recurren a tener sexo utilizando drogas que disminuyen su
capacidad para negociar el uso del condón.
Actualmente esta situación esta cambiando y
tenemos espacios en los medios masivos en donde se puede hablar de la
homosexualidad en términos no peyorativos, incluso con imágenes
positivas de los homosexuales, que
permiten a los más jóvenes una mayor autoaceptación de su deseo y de
su condición homosexual. Sin embargo, ahora surge el control de la
homosexualidad a través de su comercialización
y de la dramatización o banalización de la misma, y se
convierte a los homosexuales en consumidores y en sujetos parodiables,
pero sin derechos ciudadanos.
La homofobia, como vemos, nos limita en
nuestra humanidad a todos, al padre de familia que no se atreve a besar
y mostrar afecto a sus hijos para “que sean hombres”, al amante que
desea que su mujer le haga gozar estimulando la próstata con caricias
digitales, pero no se atreve a pedírselas por temor a las críticas y
las dudas sobre su virilidad, afecta también al hombre que se exige un
desempeño sexual que demuestre lo macho que es. Asimismo afecta a la
mujer que “no tienen permiso de trabajar o de visitar a su familia”
y vive la violencia y
alejamiento de su pareja que así refuerza su
cumplimiento de los estereotipos de género. Por eso, todos
debemos actual juntos para erradicar esta forma de violencia sexista
llamada HOMOFOBIA.
En el Centro de Capacitación y Apoyo
Sexologico Humanista (CECASH. A.C) desde
el año 1998 hemos desarrollado talleres de Sanación de
la Homofobia
y Respeto a al Diversidad sexual, donde hacemos una exploración de las
formas en que la homofobia nos lastima a todos: Hombres y Mujeres, heterosexuales
y Homosexuales, Transgéneros y personas concordantes
con nuestro genero, luego exploramos como aprendimos el temor a ser
identificados como “diferentes” y como, por ese temor,
podemos autotraicionarnos. Hacemos rituales de sanación que nos
permiten la reconciliación con nosotros mismos y por ende, aceptar las
diferencias de otros y respetarlas. Esta experiencia la ponemos al
servicio de las organizaciones e instituciones interesadas en promover
el respeto a
la Diversidad
Sexual
y evitar la discriminación por razones de género y de orientación
sexual.
MARZO DE 2007.
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