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Coloquio
Internacional Los migrantes en la era de la
globalización
Coloquio
Internacional
Los migrantes en la era de la
globalización
Durante los días 7 y 8 de mayo de 2007 nos hemos reunido en
la Ciudad de México, en la sede del Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora, líderes de organizaciones y movimientos de migrantes de
diversas regiones del mundo, funcionarios de organismos internacionales,
representantes de organizaciones de la sociedad civil y funcionarios públicos
de México y académicos especialistas en la materia, con el objetivo de
analizar y debatir el fenómeno de la migración en la era de la
globalización.
Como
resultado de los diversos paneles y mesas de trabajo realizadas en el
marco de este coloquio internacional –cuyos resultados específicos podrán
consultarse en las relatorías del coloquio-, consideramos necesario dar a
conocer públicamente la siguiente declaración dirigida a todos los
pueblos, organizaciones sociales, civiles y gobiernos del mundo, iglesias,
partidos políticos, así como a los organismos multilaterales del sistema
de Naciones Unidas y a los medios de comunicación en general.
DECLARACIÓN
La
migración internacional es uno de los fenómenos que definen y expresan
el rumbo de las sociedades del siglo XXI, por lo que su atención con carácter
prioritario es impostergable en las agendas públicas multilaterales,
regionales, nacionales y locales, teniendo en cuenta su complejidad, carácter estructural y multiplicidad de
impactos.
Aunque
la migración ha sido una constante de la historia de la humanidad, en la
era de la globalización se caracteriza por un crecimiento constante
y por los enormes impactos que está alcanzando en la definición y rumbo
económico, político, social y cultural de las sociedades de los países
emisores, de destino, de tránsito y de retorno.
Sobresale
en estos momentos, como aspecto crítico del fenómeno, la persistente
violación de los derechos humanos y ciudadanos de los migrantes tanto en
países receptores, como de tránsito y origen, así como la dificultad
para su acceso a los sistemas de justicia, y su enfrentamiento a
situaciones de discriminación y de ruptura comunitaria y familiar.
Son particularmente vulnerables los niños, adolescentes y personas de la
tercera edad, las mujeres, los indígenas, las personas con capacidades o
con preferencias sexuales o religiosas diferentes, así como los
desplazados por razones económicas y políticas y en busca de asilo político.
Los
y las migrantes y sus familias son los principales, aunque no los únicos,
actores de este proceso. En su carácter de personas, como cualquier otra,
tienen derechos consagrados universalmente que deben ser respetados y
garantizados por los Estados, con independencia del estatus de su condición
jurídica tanto en los países de tránsito, como en los de destino, de
origen y de retorno. Ellos son y deben ser el centro en la definición de
cualquier política relacionada con el fenómeno de la migración.
La
migración en escalas masivas y con una composición y comportamientos
cada vez más diversos que caracteriza esta era de la globalización, está
abriendo las pautas para redimensionar el concepto y el marco jurídico en
que se sustenta la condición de ciudadanía, hasta ahora delimitada al
marco territorial y a la soberanía de los Estados nacionales. La ciudadanía
binacional o multinacional es ya parte integrante de la condición y modo
de vida de millones de personas y son cada vez más las que aspiran a un
reconocimiento y ejercicio de sus derechos ciudadanos tanto en los países
de destino, como en los de origen, tránsito y retorno. Se trata de una
nueva dimensión de la ciudadanía en el desarrollo y consolidación de
los sistemas democráticos.
Al respecto, se hace impostergable que todos los países
pertenecientes al sistema de Naciones Unidas pero principalmente los países
receptores más importantes, firmen y ratifiquen la Convención
internacional sobre la protección de los derechos de todos los
trabajadores migratorios y de sus familiares, así como otros convenios
y normas relacionadas con el tema migratorio.
La
gobernanza del fenómeno migratorio en el plano internacional exige que el
tema se eleve al más alto nivel en las agendas de diálogo entre los
gobiernos nacionales y en los foros e instituciones multilaterales. Su
abordaje ha sido hasta ahora limitado como subtema de foros temáticos y
de asambleas de dichos organismos, sin la debida participación de los
propios migrantes; tampoco ha tenido el peso debido en el debate sobre las
reformas al sistema de Naciones Unidas.
En
ese sentido, resultaría estratégica la realización de una Cumbre
Mundial sobre Migración en la que se establezca un diagnóstico preciso
del estado que actualmente guarda este fenómeno y sus perspectivas a
corto, mediano y largo plazos, las principales estrategias para abordar
las causas estructurales del mismo, sus efectos multidireccionales en los
países de origen, de tránsito, de destino y retorno, la problemática
humana de los y las migrantes y sus familias, así como las principales
estrategias institucionales, gubernamentales y sociales para garantizar el
pleno goce y respeto de sus derechos humanos, laborales, civiles,
educativos y de salud, entre otros.
Por
otra parte, es urgente que los derechos y principios consagrados en los
instrumentos internacionales hasta ahora existentes, bajen al nivel de las
normas jurídicas nacionales, tanto en el orden constitucional como en el
de las legislaciones secundarias y reglamentos, a fin de garantizar su
efectivo cumplimiento y hacerlos consistentes con esos instrumentos.
Preocupación
especial merecen los procesos de reformas a las leyes migratorias
nacionales, particularmente las de los países de destino más importantes
–como los Estados Unidos de América, Alemania, Francia, Canadá,
Australia, Japón y Reino Unido, entre otros- ya que, con independencia de
la soberanía que corresponde a cada Estado, es obvio que dichas reformas
afectan la relación con terceros países e impactan el estatus de los
derechos consagrados en normas internacionales. Una visión restrictiva y
unilateral será, la más de las veces, el camino menos indicado para
encontrar una solución realista y acorde con la observancia universal de
los derechos humanos, pero también con los derechos civiles, laborales,
educativos y de salud, entre otros.
El
diálogo bilateral o multilateral entre gobiernos y con las comunidades
organizadas de migrantes que residen en cada país, será siempre la ruta
más indicada, intentando superar los enfoques economicistas y
coyunturales o centrados en la seguridad nacional, para abordar el fenómeno
en su integralidad y con una visión global de largo plazo.
El
reconocimiento de derechos, los acuerdos bilaterales o regionales de
ordenamiento y regulación, las reformas a los tratados de libre comercio
existentes y un mayor impulso a la cooperación para el desarrollo, son
algunas de las vías por las que podría avanzarse en la atención del fenómeno
migratorio internacional, en tanto pueda llevarse a cabo la mencionada
Cumbre Mundial sobre Migración.
En
cualquier caso, el estudio, análisis y evaluación de este fenómeno, así
como el diseño, programación, aprobación y ejecución de las políticas
públicas sobre esta materia deben, para ser exitosas, desarrollarse bajo
esquemas sustentados en los principios de la participación democrática
–en el que se otorgue voz y voto a los directamente afectados-, y del diálogo
y la cooperación internacional, atendiendo las causas estructurales del
mismo, las circunstancias históricas específicas que afectan a cada diáspora
y teniendo en cuenta un enfoque integral del fenómeno migratorio.
Resulta
igualmente importante que la reflexión y el compromiso en torno a la
migración y los migrantes se convierta también en un tema transversal de
las agendas de las organizaciones de la sociedad civil en todo el mundo (internacionales,
regionales, nacionales o locales), a fin de que cada una de ellas realice
el trabajo y los aportes necesarios bajo esquemas de corresponsabilidad
con las organizaciones de migrantes, así como con los gobiernos y
organismos multilaterales y las iglesias.
Entre
tanto, debe destacarse la celebración en México de la Primera Cumbre de
Comunidades Migrantes Latinoamericanas, del 10 al 13 de mayo en Morelia,
Michoacán, así como de la Conferencia: Las Legislaturas y
el Fenómeno Migratorio: Contexto Actual y Opciones de Políticas Públicas,
en el marco de dicha cumbre, ya que se trata de un acontecimiento estratégico
en el abordaje del tema migratorio, donde serán los propios migrantes
quienes ofrezcan su visión y propuestas.
Como una modesta aportación
a dicha cumbre y al debate general en el contexto internacional, los
asistentes a este coloquio reunidos en mesas de trabajo, establecimos
diversos consensos en torno de las siguientes propuestas:
1)
Trabajar
en la conformación de una alianza internacional de migrantes con carácter
autónomo y como resultado de un proceso horizontal (desde lo local a lo
regional e internacional) que avance a partir de la conformación de redes,
uniones, federaciones, conexiones virtuales, entre otras formas posibles,
y que permita avanzar en primera instancia, hacia la construcción de una
visión común más que en la construcción de un aparato formal. Dicha
alianza, además de prestar especial atención a los casos de violación
de derechos entre los sectores más vulnerables de migrantes, pueda
establecer las grandes líneas estratégicas de acción internacional en
este terreno y favorecer la interlocución con gobiernos y organismos
multilaterales.
2)
Avanzar
en la realización de una Cumbre Mundial de Migración y en la construcción
y aprobación de una Carta Mundial de los Migrantes, en el marco del
sistema de Naciones Unidas, así como la instauración de un Día Mundial
de los Derechos de los Migrantes.
3)
Avanzar
en la construcción de causas y agendas comunes entre las organizaciones
de migrantes y las organizaciones de la sociedad civil en general y las
iglesias, a fin de avanzar en la construcción de nuevos paradigmas de
construcción de ciudadanía en el marco de la globalización.
4)
Impulsar
campañas sistémicas de educación, concientización y de opinión pública
a través de los medios de comunicación masiva y medios alternativos y
escuelas, sobre el fenómeno migratorio y la condición de los migrantes
entre los ciudadanos de los países de origen, de tránsito, de destino y
de retorno. Dichas campañas deben poner especial énfasis en cuáles son
los aportes de los migrantes a cada país y la responsabilidad que compete
a cada actor de este proceso.
5)
Impulsar
la formación académica, el estudio y la investigación especializada y
el trabajo de campo relacionado con el fenómeno migratorio y la condición
de los migrantes, a fin de borrar estigmatizaciones y lugares comunes (como
las de delincuentes o posibles terroristas, entre otras), y contribuir a
una profesionalización en el diseño, programación, ejecución y
evaluación de las políticas públicas relativas a la atención de este
fenómeno. El intercambio internacional de las investigaciones y sus
resultados, debe alimentar y reforzar el proceso de organización mundial
de los migrantes
6)
Impulsar
en los contextos nacionales por la construcción de políticas de Estado
sobre migración, así como en las reformas jurídicas e institucionales
necesarias para la debida atención de los migrantes y sus familias.
GRUPO CONVOCANTE
Centro
Lindavista,
Cumbre
de Comunidades Migrantes Latino Americanas,
Fundación
Leopoldo Charles Meyer para el Progreso de Humano,
Iniciativa
Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo,
Instituto
José María Luis Mora,
Instituto
Michoacano de los Migrantes en el Extranjero,
Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo
Red
de Migración y Desarrollo,
Secretaría
de Relaciones Exteriores
Actualmente casi 200 millones de personas en el mundo viven fuera de
su país de origen, es decir, alrededor de un 3% de la población
mundial, aunque debe considerarse que las personas afectadas
directamente por el fenómeno migratorio internacional ascienden a un
porcentaje mayor ya que una parte de las familias de los migrantes o,
en ocasiones, toda ella, permanecen en los países de origen o de tránsito.
Cuatro
grandes polos constituyen las zonas más críticas de las migraciones
en el mundo:
i. El desplazamiento de jóvenes a las ciudades del
noroeste al sureste de China (90 y 100 millones anuales) que circulan
en función de las cosechas.
ii. Los flujos migratorios intra-africanos, productos
de las guerras, las luchas políticas y las fricciones internas.
iii. El flujo latino hacia Estados Unidos.
iv. El del Mediterráneo, del Magreb hacia Europa.
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