| La cultura española despide al cineasta "de lo
desconocido del ser humano"
por Mateo Sancho Cardiel/EFE
Madrid, 30/07/007 (EFE).- Personalidades del mundo de la cultura
española expresaron hoy su pesar por el fallecimiento de Ingmar Bergman,
el cineasta de "la parte desconocida del hombre", según José
Luis Borau, y cuya obra en teatro, cine y televisión estuvo "comprometida
con los conflictos del ser humano", según Andrés Lima.
"Era un cineasta atípico, inquieto y turbado por afanes a veces
místicos, a veces sociales, pero siempre artísticos", resumió
Borau tras el fallecimiento hoy, a los 89 años, de uno de los autores
más personales, intensos y prestigiosos de la historia del cine.
"Se colocó de cara a la muerte desde joven, cuestionaba su ser
más íntimo y radiografiaba a sus personajes", reconoció a EFE el
director teatral Andrés Lima, de la compañía Animalario, quien aseguró
haber visto toda su filmografía y tener al artista como referente.
Lima recordó su asistencia al montaje teatral que Bergman realizó de
"Señorita Julia", de Strindberg, "sin entender nada porque
era en sueco", pero que le dejó "boquiabierto, porque aquello
era una preciosidad".
Y es que, pese a una carrera cinematográfica brillante e intensa,
Bergman siempre se definió "como un hombre de teatro", para el
que dirigió más de cien piezas como "Casa de Muñecas", de
Ibsen, que se representó en Madrid en 1990.
El director del Teatro Español de Madrid, Mario Gas, reconoció en
Bergman a "uno de los grandes creadores teatrales del siglo XX",
por su "compromiso profundo con las tablas" y su sentido "ascético
de la puesta en escena".
Además, Bergman dirigió entre 1963 y 1966 el Real Teatro Dramático
de Estocolmo y sus intereses artísticos también abarcaron la ópera,
adaptando al cine "La flauta mágica", de Mozart, en 1974.
Nacido en Uppsala en 1918, Bergman, según el cineasta Vicente Aranda,
"pertenecía a esa pequeña legión de directores que hacen lo que
creen que deben hacer y que, por ello, salvan el cine".
Artífice de hitos del cine como "Fresas salvajes" -premio al
mejor director en el Festival de Cannes- o "Persona" -su primera
colaboración con la actriz Liv Ullmann-, fue descrito por el historiador
cinematográfico Román Gubern como "el cineasta de los sentimientos".
Gubern reivindicó que, al margen de su célebre capacidad para captar
la pulsión trágica del sentimiento en cintas como "Gritos y
susurros", "también realizó comedias brillantísimas -como
"¡Esas mujeres!"- o series de televisión estupendas" -como
"Secretos de un matrimonio"-.
Con su último trabajo, "Saraband", de 2003, demostró,
según el crítico y ex director general del Instituto de la
Cinematografía y de las Artes Audiovisuales, Miguel Marías, "su
capacidad de progresar y renovarse".
"Usaba el primer plano de una manera única y, conforme avanzaba
su carrera, fue disminuyendo la retórica y desnudando su lenguaje",
explicó Marías.
Bergman -cuya autobiografía, "La linterna mágica", se
editó en 1990- fue también aplaudido por Hollywood, ganando tres Oscar a
la mejor película de habla no inglesa por "El manantial de la
doncella", en 1959; "Como en un espejo", en 1961; y
"Fanny y Alexander", en 1983, que se llevó tres estatuillas
más.
Marías, sin embargo, recalcó que Bergman -también guionista de
"Las mejores intenciones", Palma de Oro en 1992- "tuvo en
España una fama tardía y superficial, pues en los sesenta se convirtió
en un modelo de cineasta religioso que causó cierto cansancio".
Bergman, educado en la religión protestante e influenciado por la
filosofía de Kierkegaard, abordó la espiritualidad en títulos como
"El séptimo sello", pero "en la parte final de su carrera",
según Aranda, "profundizó en problemas universales" en cintas
como "Sonata de otoño", en 1978, en la que se unió a otra
célebre Bergman, Ingrid.
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