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Carta
abierta a las victimas del incidente homofobica en el Oasis de Antonio
Marquet
Carta a la redacción
Querido
León Faure:
Queridas
Regina Orozco, Roberto Cabral, Carlos Bielleto:
Queridos
Carlos y Marcos Belloso:
No sabes cuánto lamento el altercado
ocurrido ayer en el Oasis, por la Regina, por la Cabral, por la Bieletto,
a quienes quiero, respeto, admiro (debería decir: queremos, respetamos,
admiramos, en la comunidad)… También lamento el incidente más allá de
ustedes, por las implicaciones que tiene…
Por supuesto te apoyo totalmente y comparto
su indignación y enojo… No es la primera vez que incidentes como éste
ocurren en el Oasis… En una mesa en un congreso en la Universidad de la
ciudad de México en donde yo elogiaba la apertura del Oasis, hubo
travestis, transgénero y transexules (entre ellas, Hazel Davenport que
ahora trabaja en la Comisión de Derechos Humanos del DF) que me
señalaron que habían padecido los mismos actos de exclusión y
manifestaron públicamente que el Oasis es todo menos un oasis de
inclusión…
También lo lamento por El Oasis…, por
sus dueños, por el personal… pero hay un más allá, un terreno en el
que se debe plantear lo acaecido.
Sin duda el hecho de que en este momento te
diga que los dueños y todo el personal del Oasis son muy buena onda no
hace sino agravar el justísimo enojo que tienen por esta “majadería”
que los violenta en carne propia pero que, insisto, va más allá de
ustedes… porque es una cuestión de valores por los que todos debemos
luchar…
No es posible que lugares abiertos a la
gente gay (o como tú lo pones que lucran con la comunidad), cancelen la
entrada a las vestidas, acto homofóbico, misógino, clasista, conducta
totalmente prejuiciosa y sobre todo una manifestación más del mal-número-uno
que aqueja al tejido social de México que es la exclusión.
No es posible que en lugares para la
comunidad gay se discrimine a los travestis, que por otro lado siempre han
cargado con la violencia no sólo del discurso supremachista que afecta a
toda la sociedad, sino con el desprecio de gran parte de la “comunidad”
gay (a pesar de que su levantamiento en Stonewall es el origen de la
mundialización de los movimientos gays)… Esta exclusión plantea
nuevamente la pregunta ¿qué es lo que moviliza un vestido?, ¿que es eso
tan fuerte a lo que atenta el travesti, el drag? Se tolera en el
transformista cuando se circunscribe a un escenario, cuando se podría
pensar que el travesti está domesticado, aprisionado y lo que quiere es
atrapar a una figura reconocida dentro de la escena heteronormada…
cuando por un salario se le paga para presentar el tradicional show
sorpresa del Oasis…
Aunque habría que reconocer que el Oasis
puede ser particularmente abierto: se presentan obras de teatro, hay
campañas de concientización…, no es admisible que en un bar, donde se
presenta un espectáculo “de vestidas”, prohíban a las dragas. Es un
acto contra la lógica que sin embargo tiene su lógica… es decir, los
travestis entran al Oasis para convertirse en animadores de la noche
exclusivamente, se les permite que amenicen, que diviertan a la clientela
pero no se les permite que consuman porque a la postre prevalece siempre
latente el miedo de que el sitio se convierta en lugar de travestis… y
sobre todo, porque ellas pueden divertir pero no pueden tener derechos
ciudadanos, el derecho a un trato igualitario, lo cual es monstruoso.
Por otro lado, cuando la travesti llega con
la parafernalia que la caracteriza, fuera de las barras del escenario,
transformando la escena social en una escena más, entonces sí produce
temor, entonces aparece “su” peligrosidad, entonces sí aparece “su”
carácter “lioso”, para utilizar las palabras del empleado del Oasis
que a fin de cuentas expresa la voz de la gerencia. (Liosos podemos ser
todos; de hecho lo somos todos, no se puede adjudicar la liosidad a nadie
y en nombre de ello excluir).
Por último, la persecución gaycida que se
promueve estatalmente, que vivimos cotidianamente en la sociedad, se hace
concreta en los sitios para la comunidad. A la postre esto demuestra que
el Oasis no puede ser realmente un sitio para la comunidad si miembros de
la comunidad tienen prejuciosamente negada la entrada… No es un sitio
para la comunidad aunque pueda estar repleto de gente gay. No basta con
ser “abierto” a la comunidad (a esa porción que tiene dinero para
consumir, a esa porción que “respeta” el código vestimental de
heterolandia), es preciso ir más allá de esta tolerancia de simulacro,
es preciso construir el principio de la inclusión; construirse desde el
principio de la inclusión.
Por supuesto que esto debe ser hablado y
soy de la convicción que el incidente no debe ser pasado por alto, que
tiene que discutirse para superar las contradicciones en las que vivimos,
en las que nos divertimos. Y que debe escribirse y que tiene que
ventilarse de manera pública, porque si los agraviados ahora tienen un
nombre Regina, Carlos. Roberto, León; también tienen un apellido
VESTIDAS, que esas somos todas…
Yo siento que me han agarrado con las manos
en la puerta porque siempre he sido tratado con una gran cortesía y
generosidad por gerencia y personal del Oasis, (aunque reitero el penoso
incidente va más allá de las personas…)
Estoy seguro que la gerencia del Oasis ha
sido agarrada con los dedos en la puerta por una política absurda cuyos
principios deberá armonizar, y esto no en función de un cálculo
pecuniario.
Y ustedes, Regina, Bieletto, Cabral, tú
mismo, que recibieron el portazo en plena cara, lamentan el hecho tanto
por ustedes mismos como por lo que ello implica en cuanto a intolerancia,
en cuanto a exclusión, en cuanto a que de repente, tarde o temprano,
todos somos víctimas de la fuerza de la violencia que vivimos en la
comunidad LGBTravestiTrasgéneroTransexual, y cuando esto ocurre a otros
por lo general se le da la espalda.
Te expreso todo mi apoyo y expreso mi
certidumbre de que la gerencia del Oasis revisará sus políticas para
hacer consistente lo que se anuncia en sus spots: El oasis es un lugar de
la comunidad. (sobre todo, está obligada a hacerlo para actualizar sus
políticas con la legislación antidiscriminación vigente en la Ciudad de
México).
Ciertamente como tú dices es una noche
triste para todos.
Antonio Marquet
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