Poeta que no sabe
rimar gana fama por caníbal
Por Diego Cevallos
MÉXICO, 26/10/2007 (IPS) - José Calva soñaba con
ser un escritor y poeta famoso, quizás alcanzar en México el prestigio
de su compatriota Octavio Paz. Pero su rima fallaba, al igual que su
ortografía y sintaxis.
Ahora toda la prensa habla de él, pero no en los
suplementos literarios sino en la sección policial: mató a su novia,
la desmembró y frió partes de su cuerpo en una sartén, al parecer
para comerlas.
La detención de Calva, de 40 años, el 8 de octubre en un pequeño
departamento de esta capital conmocionó a los mexicanos. Al asesinato
se fueron añadiendo datos sobre canibalismo y sospechas de otros crímenes,
además de informaciones sobre sus esfuerzos para ser reconocido como
escritor.
"Hay una gran impresión, pues el ciudadano piensa que crímenes
como el de Calva sólo suceden en las películas. Pero lo que más
impacta es que el protagonista tenía un perfil que bien podría
corresponder al de nuestros vecinos", dijo a IPS el psicólogo
Manuel González.
Calva pertenece a una clase media venida a menos. Se dedicaba a escribir:
él mismo editaba y vendía sus textos en la calle. Con lo que ganaba
pagaba una renta de alrededor de 400 dólares mensuales y al parecer vivía
sin mayores problemas.
"En este caso veo una singularización de los problemas sociales de
ciudades grandes como México", señaló González, investigador y
catedrático de psicología social en la Universidad Nacional Autónoma
de México.
Calva, agregó, es uno entre millones que tienen problemas de integración
social. No logra reconocimiento ni solidaridad de sus vecinos. Es muy
probable que haya tenido una infancia difícil durante la que sufrió
abusos, agregó.
"Parecía un hombre de clase media que intentaba ganarse la vida
como millones", señaló González.
"Peregrino de la senda, sigiloso de pasos y fatuo de logros,
partidario de Sabines, de Neruda, de Coelho y de un servidor, graduado
en la Universidad de la vida con honores en la sangre, por ímpetu
escribo libros y por reflejo los critico y los bendigo", escribió
Calva en su libro "Caminando ando...".
La Sociedad General de Escritores de México analizó varios de los
textos de Calva y concluyó que carecen de estructura y que son pobres
en sintaxis, puntuación, voz narrativa y que incluso tienen faltas de
ortografía.
Los medios de comunicación mexicanos, especialmente los de corte
amarillista, dieron amplios espacios al caso, el primero en la historia
moderna de la capital mexicana en el que aflora el tabú del canibalismo.
"Estas historias calan porque tocan las fibras sensibles de la
gente. Está claro que para muchos diarios, revistas y sobre todo la
televisión el objetivo sólo es vender y mientras más drama, mejor",
dijo a IPS el experto en medios Néstor Cortés.
"Me doy cuenta de que no puedo escapar de este caso como no lo
puede hacer el resto de la sociedad mexicana. La víctima o las víctimas
no pueden simplemente sumarse a esa interminable y anónima lista de
mujeres asesinadas en México", escribió el columnista del diario
Reforma Sergio Sarmiento.
"Todo crimen es aborrecible. El homicidio es el peor de todos,
porque el bien del que se despoja al agraviado y a sus familiares no
puede restituirse. La muerte de Alejandra es peor, incluso, por la saña
del crimen y por la profanación del cuerpo al someterlo a un ritual de
canibalismo", añadió.
En "Tótem y Tabú", Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis,
dijo que los homicidas, al comer a sus víctimas, intentan apropiarse de
algunas de sus características. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss
también señaló que la práctica se origina en el deseo de adquirir
algún poder atribuido a la otra persona.
La policía indicó que Calva reconoció haber matado a su novia
Alejandra Galeana, pero que niega ser un caníbal. Según su versión,
desmembró el cuerpo de la mujer y estaba a punto de cocinarlo por
partes con la intención de darlo a los perros para eliminar las
evidencias.
Las autoridades policiales indican que Calva podría estar vinculado a
otros dos crímenes de mujeres en la capital.
"Estoy viviendo en el ojo de una tormenta, me ahogan las niñas de
mis ojos mientras lloran. Me arrebata la ira, me dominan mis celos, me
desangro, me desgarro, me acorralo", dice otro de sus escritos.
"Muchos se preguntan qué nos ha orillado como ciudad a generar
estos casos y otros dirán quiénes somos para gestarlos", expresó
el psicólogo González.
En la capital y en el vecino estado de México, donde viven 20 millones
de habitantes, hay alrededor de dos millones de personas que sufren
neurosis.
Según encuestas del no gubernamental Instituto Ciudadano de Estudios
sobre la Inseguridad, la capital ocupa los primeros lugares en las estadísticas
de delito: 20.368 víctimas y 32.572 delitos por cada 100.000 habitantes.
Pocos son aclarados, y la mayoría de sus autores continúan en libertad.
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